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Micromenipeas | Tiradores de muertos

Como cada sábado el escritor Guillermo Del Zotto recrea un antiguo género satírico en versión microficción. Hoy: la velocidad de los mensajes.


La expresión “tirarle un muerto” a alguien parece provenir de una época donde no había donde caerse muerto. Es decir, en la Edad Media te podía tocar encontrar un cadáver en tu vereda para que te hagas cargo del costo. Del entierro o de ser el asesino que no se pudo descubrir. Cuando había camaradería en la aldea, se podía lograr tirarlo en otra cercana para que se hagan cargo.

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Hubo un tiempo en que el pobre difunto pasó a ser sólo la metáfora de la culpa. Te tiro el muerto: vos tenés la culpa. El progreso de algunas artimañas ha logrado que tirar el muerto vuelva a significar culpa, campaña sucia y otras yerbas, incluyendo el propio difunto real.

Los primeros tiradores de muertos deben haber convivido con el nunca bien ponderado verdugo, personaje que a pesar de la capucha, a estas alturas representaría mas honestidad. Poniendo el cuerpo a su trabajo.

Tirarle el muerto a alguien es también utilizar una especie de eufemismo en la amenaza: esto es un muerto. Pero puede ser la Muerte. La tuya. Es ahí quizás donde reside la caducidad del proceso, porque ya lo decía Jorge Luis Borges: “¿De qué otra forma se puede amenazar que no sea de muerte? Lo interesante, lo original, sería que alguien lo amenace a uno con la inmortalidad”. La eternidad como castigo es una excelente amenaza. Obligaría, por ejemplo, a algunos que se la pasaron en vida hablando mal de Borges a tener que leer las obras completas de Borges.

Entre la Edad Media y la actualidad, por el puente del viento, sigue circulando esta cantinela de autor desconocido:

“Había una vez un tirador de muertos

con mucha puntería.

Alegrose siempre de su fama

y tirabale muertos por doquier.

Te tiro un muerto a tí, te tiro un muerto a tu. Y así.

Un día vio liviana su labor.

Asombrose, pues era como el aire.

Incluso vio que hasta caminar era como volar.

De pronto diose cuenta que lo llevaban en andas.

El muerto era él”.

La menipea es un género seriocómico, derivado de los diálogos socráticos y con inicios en la obra de Antisfeno aunque  debe su nombre a uno de sus exponentes: Menipo de Gadara.

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