Opinión | Vigilar y componer


Opinión / Carlos Verucchi / En Línea Noticias ([email protected])

De la misma manera que había hecho en la década del ’70 con el disco Artaud (inspirado en las lecturas de Antonin Artaud), Luis Alberto Spinetta intentaría cimentar su poética, durante los años ’80, en la obra de otro pensador francés que lo marcaría de manera sumamente significativa: Michael Foucault.

Por aquellos años Spinetta mantenía una vinculación creativa muy intensa con Fito Páez, con el que grabaría el disco “La la la” en el 86 y con quien compartía las clases que dictaba Alejandro Rozitchner sobre filosofía foucaultiana. En el 88, la influencia de “Vigilar y castigar” (ensayo en el que Foucault revisa cronológicamente el modo en que el Estado ha utilizado históricamente a la violencia para garantizar el orden), sería más que evidente en su nuevo disco “Tester de violencia”.

En un tema que con el tiempo se convertiría en uno de los más emblemáticos de aquel disco, “La bengala perdida”, Spinetta pasa por el tamiz de Foucault aquel conocido acontecimiento del ‘83 en la cancha de Boca, cuando un hincha de Racing murió al recibir en la garganta el impacto de una bengala lanzada desde la hinchada contraria. “Cultura y poder son esta porno bajón / por un color / sólo por un color / no somos tan malos” dice en uno de sus versos, adjudicando ese hecho de violencia sumamente repudiable más a la idiotez que a la maldad, más a una violencia impuesta sistemática y persistentemente por condiciones sociales que a la rivalidad entre dos clubes de fútbol.

En los ambientes académicos no tuvo demasiada repercusión esta “intromisión” del músico en la filosofía. En una entrevista a El Porteño, en 1989, Spinetta se refiere al desdén de los intelectuales ante su obra afirmando que “Es lógico que a alguien que está estudiando siete años y le cuesta armar una tesis, le rompa las pelotas que vendamos 50.000 discos con letras basadas en esos pensadores. Pero hay que entender que de alguna manera estamos contribuyendo a que la gente lea esos libros. Lo que pasa es que muchos de esos tipos se creen que ellos son los únicos que pueden leer, los únicos que entienden. Tal vez lo nuestro sea infantil comparado con el arsenal de recursos académicos. Pero me cago en eso.”

El “Flaco” adopta en este caso un rol de divulgador o de incentivador ante sus seguidores, intentando que se vuelquen a lecturas que por aquellos años tenían gran impacto en todo el mundo.

Lamentablemente aquella sociedad tan virtuosa entre Spinetta, Paez y Rozitchner resultó totalmente desvirtuada cuando, mucho tiempo después, el devenido en filósofo oficial del macrismo calificó a Spinetta de “ignorante y resentido” y agregó: “Como todo artista popular y todo artista demagógico tiene una relación con lo popular un poco extraña. No sé si de conveniencia o de seducción”. Y agregó además que el músico “seguramente no hubiese tocado en un acto macrista”.

Resulta sorprendente el adjetivo “demagógico” que adjudica Rozitchner al Flaco. Cualquiera que conozca al menos superficialmente la obra de Spinetta sabe que se caracteriza, entre otras cosas, por mantener una fidelidad incuestionable hacia un estilo cultivado y pulido por años, ajeno totalmente a cualquier moda circunstancial o a exigencias o tentaciones del mercado.

Independientemente de qué tan exitoso haya sido Spinetta a la hora de plasmar la filosofía de Foucault en sus discos, sabemos que seguiremos escuchándolo por siempre, y que gracias a él o a pesar de él, seguiremos leyendo a Foucault, con la cada vez más estéril esperanza de que alguien nos “avive” respecto a cómo zafar de esa violencia y ese poder que nos oprimen.

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