De una herrería familiar a fabricar estructuras de 130 toneladas: la historia de Francisco Mazzeo e Hijos

La empresa olavarriense Francisco Mazzeo e Hijos llegó a fabricar una estructura de entre 120 y 130 toneladas para una explotación de litio, un trabajo que exigió trasladar sus partes por caminos de montaña y desarrollar un sistema de identificación con códigos QR para facilitar el montaje.
José Luis Mazzeo, quien estuvo al frente de la firma durante alrededor de 45 años, contó esa experiencia y repasó las decisiones que permitieron ampliar el horizonte de una industria nacida en una pequeña herrería.
En CoNverSo el empresario – quien ha cultivado un bajísimo perfil- reconstruyó el recorrido de la firma familiar, desde los primeros trabajos de su padre hasta la consolidación en el Parque Industrial de Olavarría. También recordó cómo, a comienzos de los años 2000, decidió impulsar una mayor presencia en el sector energético para no depender exclusivamente de la industria cementera.
Un desafío de 130 toneladas y un montaje en la montaña
Uno de los episodios que Mazzeo compartió durante la entrevista permite dimensionar la complejidad de los trabajos que puede afrontar la empresa. Se trató de una estructura de entre 120 y 130 toneladas, comparable, según explicó, con un edificio de tres pisos, destinada a una explotación de litio.
El traslado representaba una dificultad adicional. La estructura debía viajar desarmada porque el recorrido hasta el lugar de montaje incluía caminos de montaña en los que un camión podía tardar unas tres horas en recorrer los últimos 15 o 20 kilómetros.
Pero el desafío no terminaba con el transporte. Una vez en destino, había que identificar cada componente y determinar cómo ensamblarlo correctamente. Entre las alternativas que se evaluaron estaba enviar a dos trabajadores durante casi un mes para orientar el montaje.
La solución llegó desde el equipo de ingeniería de la propia firma, que desarrolló un sistema de identificación mediante códigos QR. De esa manera, las piezas podían reconocerse para facilitar el armado de la estructura.
El caso refleja las exigencias de una actividad industrial en la que fabricar un componente de gran porte es solo una parte del trabajo: también hay que resolver su traslado y prever las condiciones necesarias para instalarlo en destino.
Del cemento al sector energético
La experiencia con proyectos de gran escala se vincula con una decisión que Mazzeo tomó alrededor del año 2000: ampliar los mercados de la empresa y avanzar hacia el sector energético.
Hasta entonces, Francisco Mazzeo e Hijos había conseguido un reconocimiento importante entre las compañías cementeras del país. “En todo lo que es el cemento lo conocen en el país”, recordó el empresario al describir la posición que había alcanzado la firma.
Sin embargo, la trayectoria en ese rubro no impedía que la empresa estuviera expuesta a las dificultades económicas de la actividad. Después de viajar y tomar contacto con compañías de zonas como Neuquén, Comodoro Rivadavia y Santa Cruz, Mazzeo decidió que era momento de buscar nuevas oportunidades.
“A partir de ahora quiero que nos conozcan acá, en el tema energético”, contó que le dijo a un ingeniero que lo acompañaba durante uno de esos viajes.
La decisión también estuvo marcada por la crisis industrial de la década de 1990, que el empresario comparó con las dificultades que atraviesa el sector en la actualidad. Al recordar qué podría haber ocurrido si la firma hubiera mantenido su actividad concentrada exclusivamente en el cemento, señaló: “Probablemente la crisis hubiese sido más profunda para la empresa”.
La búsqueda de nuevos mercados permitió ampliar la cartera de clientes y concretar algunas exportaciones a Bolivia. La experiencia reforzó la importancia de aprovechar los conocimientos de la empresa para responder a las necesidades de diferentes sectores industriales.
Una historia que comenzó en un pequeño taller
Los orígenes de Francisco Mazzeo e Hijos se remontan al oficio de Francisco, padre de José Luis. Aprendió herrería en Olavarría y luego viajó a Buenos Aires, donde incorporó conocimientos de soldadura mientras trabajaba en una metalúrgica.
De regreso en la ciudad, ingresó a Loma Negra como mecánico y soldador. Tiempo después decidió independizarse y, con el dinero que recibió al renunciar, compró algunas máquinas para comenzar a trabajar en un pequeño galpón cedido por su abuelo materno.
La inundación de 1980 obligó a la familia a dejar el antiguo taller de la calle Cerrito y trasladar la actividad al Parque Industrial, donde ya tenía instalaciones. Mazzeo recordó la colaboración de vecinos que facilitaron energía eléctrica y otros servicios para que la empresa pudiera continuar con sus tareas.
“Ahí, en el 80, empezó la historia de Francisco Mazzeo e Hijos en el Parque Industrial”, recordó.
José Luis condujo la firma durante alrededor de 45 años y hoy acompaña a las nuevas generaciones que están al frente de la empresa. Al mirar hacia el interior de la planta y repasar el recorrido industrial, destacó el trabajo de quienes forman parte de ella: “Hay mucho sacrificio y mucho talento”.
La entrevista completa con José Luis Mazzeo está disponible en el canal de YouTube de En Línea Noticias, en una nueva entrega de CoNverSo, el ciclo conducido por Fabricio Lucio y dirigido por Jorge Alberto Scotton.