Solemnidad del Corpus Christi


Corpus Christi, Jesús Eucaristía; Dios con nosotros. Celebremos  desde  el  asombro   la  cercanía  y ternura  de un  Dios  que  desborda de amor y del   deseo  de donarse  desde la  fragilidad  del  Pan…  Celebremos esa grandeza de Dios en un trozo de Pan que quiere habitar en cada corazón…

Celebrar  la  solemnidad  del  Corpus Christi nos  lleva   a  tomar  conciencia     de  la  presencia  real   de Jesús  que ha querido quedarse en medio de nosotros, no solo para que lo contemplemos de forma solemne, sino para que lo consumamos :  he  aquí   la  grandeza   del  Sacramento  de la Eucaristía     Jesús, vivo y verdadero presente en el pan y el vino consagrados.

“En la culminación de su vida, no reparte pan en abundancia para alimentar a las multitudes, sino que se parte a sí mismo en la Cena de la Pascua con los discípulos”. (…)  “Jesús se hace frágil como el pan que se rompe y se desmigaja. Pero precisamente ahí radica su fuerza. En la Eucaristía la fragilidad es fuerza: fuerza del amor que se hace pequeño para ser acogido y no temido; fuerza del amor que se parte y se divide para alimentar y dar vida; fuerza del amor que se fragmenta para reunirnos en la unidad”.     (…) El Señor “sabe que lo necesitamos, porque la Eucaristía no es el premio de los santos, sino el Pan de los pecadores. Cada vez que recibimos el Pan de Vida, Jesús viene a dar un nuevo sentido a nuestras fragilidades”. “Cuando recibimos la Eucaristía, Jesús hace lo mismo con nosotros: nos conoce, sabe que somos pecadores y que cometemos muchos errores, pero no renuncia a unir su vida a la nuestra, nos repite que su misericordia no teme nuestras miserias. La Eucaristía sana porque nos une a Jesús: nos hace asimilar su manera de vivir, su capacidad de partirse y entregarse a los hermanos, de responder al mal con el bien”. Nos da el valor de salir de nosotros mismos y de inclinarnos con amor hacia la fragilidad de los demás, como hace Dios con nosotros, de este modo, Jesús nos muestra que el objetivo de la vida es el donarse, que lo más grande es servir.  Que la Santísima Virgen, en quien Dios se hizo carne, nos ayude a acoger con corazón agradecido el don de la Eucaristía y a hacer también de nuestra vida un don”.  (Papa Francisco).

                                            (*)  Angélica Diez, Misionera de la Inmaculada Padre Kolbe, Olavarría.

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