Amílcar Dirazar en CoNverSo: “Hoy tenés chicos a nivel secundario que llegan sin escribir correctamente”
El Asesor Legal y fundador del Colegio Libertas cuestionó que la educación no sea una prioridad de las políticas de Estado.

Amílcar Dirazar dedicó buena parte de su vida a la educación, primero como docente y luego como fundador de Libertas, una institución que comenzó en 1994 con apenas 13 alumnos y actualmente reúne a unos 450 estudiantes.
En su paso por CoNverSo, habló sobre la crisis educativa argentina, la alfabetización, el vínculo entre la escuela y el mundo del trabajo, la formación emocional y el desafío que plantea la inteligencia artificial.
“La educación hoy está mal”, fue una de las definiciones más contundentes que dejó durante la entrevista con Fabricio Lucio. Para Dirazar, el problema central está en que la educación no ocupa un lugar prioritario dentro de las políticas de Estado.
“La educación hoy está mal. Primero y principal porque no es una prioridad en las políticas de Estado, la política educativa. No encuentro razones, pero no es prioridad. Si no, vayamos a los hechos”, sostuvo.
En ese sentido, planteó que no alcanza con analizar los discursos o las plataformas electorales, sino que hay que observar las
decisiones concretas de los gobiernos.
“Vemos no solamente las plataformas electorales, vemos las declaraciones, vemos los discursos, vemos el accionar de cada uno de los gobiernos, gobierno nacional, los gobiernos provinciales, los gobiernos municipales, y evidentemente el educar no es prioridad”, afirmó.
Dirazar vinculó directamente el desarrollo de los países con la inversión y la importancia que le asignan al sistema educativo.
“Los países que hoy son líderes en el mundo son líderes a partir de la importancia y el apoyo, el desarrollo que le han dado a la educación. Después pasa el conocimiento, el conocimiento pasa a la tecnología, la tecnología sigue creciendo y creciendo”, explicó.
Para el abogado y educador, uno de los problemas más concretos aparece en la falta de articulación entre los distintos niveles educativos.
“No puede ser que no exista una política de articulación entre el nivel secundario y el nivel universitario. Después nos quejamos cuando quedan un montón de chicos sin poder ingresar a sus universidades porque no cumplen con los contenidos mínimos que, según los universitarios, deberían tener”, señaló.
También puso el foco en la alfabetización y en las dificultades que, según su experiencia, llegan hasta la escuela secundaria.
“Hoy tenés chicos a nivel secundario que llegan sin escribir correctamente”, afirmó, antes de remarcar la importancia de la comprensión lectora.
“Un chico que tenga que sacar apuntes en la facultad en imprenta se pierde a los cinco minutos que el profesor empieza. Un chico que no escribe, chicos que no tienen comprensión lectora: tenemos unos pésimos resultados en términos de comprensión lectora”, sostuvo.
Dirazar consideró que existen nuevas herramientas y conocimientos para modificar esos resultados y mencionó especialmente el aporte de las neurociencias en materia de alfabetización.
“Hay mucha experiencia, muchos resultados que dicen por dónde va la alfabetización. Las neurociencias en esto ayudan mucho y, sin embargo, seguimos insistiendo con métodos que evidentemente no han dado resultado”, planteó.
En ese punto aclaró que su intención no era formular solamente una crítica, sino plantear alternativas.
“Esto es una crítica, todo lo contrario: es un aporte para que en los programas educativos se pueda hacer algo distinto”, expresó.
Otro de los conceptos sobre los que insistió durante la entrevista fue la necesidad de vincular la escuela con el mundo real y con el mundo del trabajo. En Libertas, contó, esa mirada se traduce en pasantías, visitas a empresas, vínculos con la Universidad Nacional del Centro y encuentros con emprendedores.
“El mundo, la escuela tiene que salir al mundo del trabajo. Hay que tratar de salir del aula”, afirmó.
Y resumió su criterio con un ejemplo concreto: “Es preferible a veces que no termines el programa, pero que el chico un IVA lo sepa liquidar, no por la teoría sino por la práctica, que vaya a ARCA, que vaya a un estudio contable”.
Para Dirazar, el objetivo de la escuela no puede reducirse a transmitir contenidos. En un mundo que define como “muy volátil, muy incierto, muy complejo”, entiende que los estudiantes deben adquirir herramientas para resolver situaciones que todavía no conocen.
“Nadie les puede decir el mundo que les va a tocar vivir. Sí le podemos decir que va a ser un mundo muy volátil, muy incierto, muy complejo”, sostuvo.
Y agregó: “Ellos tienen que prepararse fundamentalmente para una cosa: para poder resolver situaciones que no son conocidas”.
En ese contexto apareció otro de los grandes temas de la charla: la inteligencia artificial. Dirazar planteó que la escuela no debería enfrentarse a la tecnología, sino incorporarla como una herramienta.
“Muy lejos de pelearnos con esto tenemos que sumar, adaptarnos. Yo subrayo una sola cosa: siempre con los chicos como herramienta, nunca como sustitución”, afirmó.
Sin embargo, consideró que antes de discutir el impacto de la inteligencia artificial es necesario trabajar sobre otro aspecto de la formación: la inteligencia emocional.
“Nada podemos hacer en materia de inteligencia artificial, como en cualquier otro orden de crecimiento personal y profesional, si previamente no tenemos una sólida inteligencia emocional”, sostuvo.
Para Dirazar, esa formación comienza con el autoconocimiento y continúa con la capacidad de manejar las propias emociones, escuchar al otro y construir un criterio.
“Yo debo autoconocerme para poder dominar mis emociones”, explicó. Y agregó: “En la manera que cada uno conozca sus emociones y esto en los alumnos nos vemos muy claro que da muchos resultados, se va a poder educar el carácter”.
Ese concepto aparece ligado a una de las ideas que, según contó, Libertas busca desarrollar entre sus alumnos: el proyecto de vida.
“Cuando una persona tiene un criterio, y un buen criterio, seguramente va a ser una persona que cumple un rol importante en la sociedad, una persona positiva”, afirmó.
Dirazar también defendió una mirada diferente sobre los jóvenes y cuestionó la tendencia a responsabilizarlos por los problemas de la escuela.
“La juventud, los jóvenes, los alumnos, lo mejor que tiene la escuela. El problema de la escuela somos los grandes, no los jóvenes”, sostuvo.
A su entender, el desafío consiste en encontrar nuevas formas de enseñar sin perder de vista los cambios culturales y tecnológicos.
“A ningún joven le interesa que le enseñen la historia de la manera que nos enseñaron a nosotros. Ni la historia, ni la geografía, ni la matemática, ni la química, sino que le interesa que le enseñen a través de las motivaciones, a través de las realidades y a través de lo que ellos viven y consideran importante”, explicó.
En esa misma línea, destacó que los estudiantes pueden sorprender cuando se les ofrecen herramientas acordes a sus intereses.
“Me doy cuenta de que los jóvenes no están así como a veces se los califica. Evidentemente, a lo mejor no tienen las mismas orientaciones o pretensiones que teníamos nosotros, pero responden muy bien cuando uno va por la motivación de ellos”, afirmó.
Después de más de tres décadas al frente de Libertas, Dirazar también habló del desafío que representa para una institución educativa la caída de la natalidad y reconoció que se trata de una amenaza que obliga a revisar la estructura, especialmente en el nivel inicial.
Pero, más allá de las dificultades, ubicó a la educación como una de las herramientas centrales para pensar el futuro. Y dejó una definición que atravesó buena parte de la entrevista: la necesidad de formar personas capaces de aprender, adaptarse, pensar críticamente y construir un proyecto propio.
En el cierre de CoNverSo, cuando Fabricio Lucio le preguntó qué esperaba para el futuro, Dirazar volvió sobre esa idea y la convirtió en un deseo: “Ojalá tengamos un país mejor y ojalá que la educación se convierta en el pilar fundamental, en la prioridad de las políticas de Estado. Ojalá que así sea”.