Cantares a casi 40 años: “el coro es como el director”


El año próximo, el Grupo Vocal Cantares cumplirá 40 años de historia. Desde aquel octeto que comenzó a reunirse en 1987 hasta la formación actual, el coro atravesó cambios de integrantes, repertorios, escenarios y generaciones, pero conservó una identidad construida alrededor de la música y de los vínculos.

La historia de Cantares fue uno de los ejes del nuevo episodio de CoNverSo, el ciclo de entrevistas que conduce Fabricio Lucio y dirige Jorge Alberto Scotton.

Cada miércoles, el ciclo se propone abrir un momento de charla donde la palabra tiene la misma importancia que la escucha. En esta oportunidad, Norma Echegoyen recorrió buena parte de la historia del coro que dirige desde sus comienzos.

Cantares comenzó como un octeto que había decidido trabajar sin director. Norma había llegado para cantar, pero una bronquitis que la dejó durante un mes sin voz terminó modificando el rumbo del grupo. Cuando regresó, sus compañeros le comunicaron que durante su ausencia la habían elegido directora.

“Nos peleamos tanto, discutían entre ellos y nadie tenía la palabra con fundamento”, recordó Norma. Así comenzó una relación con Cantares que, casi 40 años después, continúa.

El grupo fue cambiando con el tiempo. Integrantes que se mudaron, que cambiaron de trabajo o que se fueron a estudiar fueron dejando lugar a nuevas incorporaciones. La propia estructura del coro se transformó varias veces y Norma aprendió que sostener Cantares también implica adaptarse.

“Uno se va adaptando y, si no te adaptás, morís”, resumió.

En esa historia aparece una frase que Norma recibió alguna vez de otro director de coro: “El coro es como el director”. Para ella, la definición tiene que ver con la impronta que quien dirige termina dejando en el sonido del grupo, a través del trabajo vocal y de la manera de abordar cada obra.

Cantares tuvo distintas formaciones. Hubo momentos en los que consiguió un equilibrio de cuatro voces y otros en los que las circunstancias obligaron a trabajar de otra manera. Actualmente son ocho mujeres y tres varones, una conformación que dificulta el trabajo a cuatro voces.

“Necesito más varones para poder llegar al sonido que quiero”, explicó Norma, que reconoce ese como uno de los desafíos actuales del coro.

La historia de Cantares también está marcada por los escenarios que pudo conquistar. En 1993 llegó el concurso de Trelew, una experiencia especialmente significativa porque permitió al grupo compararse con coros de otros lugares. Allí tuvieron que interpretar una obra de Mendelssohn en alemán, lo que implicó para Norma un trabajo específico sobre la fonética del idioma.

El repertorio y la preparación fueron una prueba para un coro que hasta entonces se había medido fundamentalmente en encuentros regionales. La experiencia dejó, según Norma, una certeza: Cantares estaba preparado para asumir nuevos desafíos

.

También está La Pampa Verde, obra que Cantares interpretó en distintas oportunidades junto a otros músicos y agrupaciones. La primera presentación fue en La Rioja y luego llegaron actuaciones en Mendoza. El proyecto implicó un trabajo importante por la cantidad de personas involucradas y por la complejidad de trasladar una obra de esas características.

Otro recuerdo aparece ligado al Teatro Colón. Norma y seis integrantes varones de Cantares participaron de un coro convocado para un festival de jazz. Ensayaron durante semanas en Buenos Aires y llegaron a cantar en la sala principal.

Cantares también llegó a Salamanca y México y tuvo entre sus proyectos una presentación en Polonia que finalmente quedó trunca por la crisis de 2001. Son capítulos de una historia en la que los viajes y los escenarios aparecen ligados al aprendizaje y al crecimiento del grupo.

El repertorio es otro de los elementos que construyeron la identidad de Cantares. Hay obras del Renacimiento, composiciones de Carlos Guastavino, tangos, sambas, chacareras, canciones folklóricas latinoamericanas y negros espirituales, además de canciones populares.

Norma le da una importancia particular a las letras. No alcanza con que una obra tenga una música atractiva: también necesita encontrarle sentido a aquello que el coro está diciendo.

“Quiero encontrarle el sentido a lo que estamos diciendo”, explicó.

Durante estos años, Cantares también incorporó arreglos y composiciones vinculadas con sus propios integrantes. Eduardo Timpanaro, que formó parte del coro durante unos 20 años, tuvo un papel importante en ese recorrido y realizó numerosos arreglos para la agrupación.

Pero Cantares no se explica solamente por su repertorio ni por los escenarios que recorrió. Para Norma, el vínculo entre sus integrantes es parte esencial de la identidad del coro.

“Tenemos dos veces por semana una sesión de terapia tan hermosa”, dijo al referirse a los ensayos. Cantar juntos permite dejar por un rato afuera lo que ocurre alrededor y construir una armonía entre personas que no necesariamente piensan igual, tienen los mismos gustos o comparten las mismas ideas.

“Hay una cosa en la que nos encontramos, que es ahí, en armar un acorde”, señaló.

Esa convivencia también se refleja en las distintas generaciones que integran Cantares. Norma contó que actualmente participa una joven de 23 años junto a integrantes de más de 60. Durante el ensayo, esas diferencias pierden relevancia.

“Cuando el lugar de ensayo se cierra, esas generaciones se desdibujan. Es lo mismo la de 23 que la de 60 y pico. Son todos uno”, explicó.

Para llegar a ese punto hace falta trabajo. Norma reconoce que es exigente y que siempre pide un poco más. La búsqueda está puesta en lograr que las voces individuales terminen conformando un solo instrumento. “El coro es uno. No son diez, quince voces que cantan”, sostuvo.

Ese objetivo atraviesa buena parte de la historia de Cantares: conseguir que las distintas voces se ensamblen hasta alcanzar un sonido común. Para Norma, cuando eso ocurre, la música puede llevar a las personas “a un lugar distinto”.

Casi cuatro décadas después de aquel primer octeto, Cantares continúa transformándose. Hay nuevas voces por incorporar, repertorios por preparar y escenarios por buscar. Norma quiere recuperar una formación más equilibrada, pero sobre todo quiere seguir trabajando sobre ese sonido que el coro viene construyendo desde 1987.

Porque Cantares cambió muchas veces. Cambiaron sus integrantes, sus voces y sus circunstancias. Pero hay algo que permaneció: la búsqueda de ese momento en que muchas voces distintas consiguen convertirse en una sola.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

error: Content is protected !!