Mentes críticas para una Democracia viva.

Escribe Lic. Marcela Blaufuks
Habitamos un mundo interconectado. La velocidad de la información nos aturde. Hemos creado una dependencia a estar en línea. Notificaciones, tuits, redes sociales nos inundan de los últimos sucesos. Se suman las fake news, tolls y otros protagonistas de época. Nos cuesta encontrar el espacio para concentrarnos, aislarnos por unas horas para profundizar una lectura, charla, o experiencia. Nos parece riesgoso y hasta se siente raro, como si nos asaltara una especie de abstinencia insoportable. Necesitamos saber, ver, opinar, muchas veces como explosión interna, expulsando palabras.
En tiempos donde la comunicación se condensa en mensajes breves y veloces como ocurre en plataformas como X, la recordada Twitter, la inmediatez y la fragmentación parecen reinar. Se privilegia la síntesis, la viralidad y el pulso del instante, pero también expone el riesgo de debates superficiales y opiniones fugaces que rara vez profundizan en los matices de la realidad.
Estamos próximos a las elecciones, un acto que me moviliza. Recuerdo mi primer voto y mis años como presidente de mesa. El telegrama sigue llegando y la misma emoción me inunda. Votar es un acto de poder, de responsabilidad, de compromiso. Pienso en la Democracia y en el reto que enfrenta. Recurro a dos grandes. Yuval Harari nos advierte sobre los riesgos de la manipulación masiva a través de datos y narrativas controladas, señalando que, sin conciencia crítica, las sociedades pueden ser fácilmente dirigidas hacia la desinformación y el autoritarismo. Por su parte, Nicholas Carr, en su obra Superficiales nos alerta cómo la constante exposición a la tecnología digital está debilitando nuestra habilidad para el pensamiento profundo y reflexivo, una condición, a mi entender, esencial para evaluar con rigor las ideas y decisiones democráticas.
El pensamiento crítico implica cuestionar y verificar la información. Harari nos insta a comprender cómo opera el poder en la era digital y reconocer las narrativas que intentan moldear nuestras opiniones. Carr, por su parte, nos muestra cómo este escenario fragmenta la atención y nos roba profundidad. La Democracia no depende sólo del acceso a la información, sino de la calidad del pensamiento de quienes somos ciudadanos.
Los resultados de la prueba Aprender 2024, que evaluó la comprensión lectora en estudiantes en Argentina revelan una problemática crítica para el desarrollo del pensamiento reflexivo. Sólo el 45% de los alumnos alcanzó el nivel de lectura esperado para su edad, mientras que un porcentaje significativo está rezagado en habilidades básicas de comprensión. Estos datos nos muestran la deficiencia en la alfabetización, puerta de entrada al conocimiento y al desarrollo de capacidades para analizar, cuestionar y procesar información con profundidad. Sin una base sólida en comprensión crítica, se pone en riesgo la formación integral de ciudadanos capaces de participar en una Democracia plena. Frente a estos desafíos, la educación emerge como el terreno más urgente y estratégico. Se trata de una oportunidad de repensar no sólo qué enseñamos sino cómo. Despertar la pasión por aprender, la curiosidad, encender la llama interior que moviliza. Habilitar la palabra, el debate, el estudio, la formación a la vez que fomentamos la empatía y el respeto por la disidencia. Atender no sólo al rendimiento sino al verdadero aprendizaje. El que se transforma en conductas, hábitos que hacen posible crear proyectos de vida.
Resistir a la superficialidad es atender al ruido caótico que genera el universo digital. No intentar callarlo, habilitarlo para desmembrarlo. La vulnerabilidad de nuestra Democracia no radica sólo en desafíos externos, sino en nuestra capacidad interna de discernir y decidir con autonomía y conciencia. Y no puede entenderse plenamente sin libertad. Pero la libertad real se ejerce cuando somos capaces de pensar críticamente, de cuestionar lo que afecta nuestras vidas. No quiero un mero espejismo, volverme vulnerable a la manipulación y al control. Fortalecer el pensamiento crítico es la llave que nos conduce a elegir con autonomía, con conciencia individual y colectiva en un tiempo de pantallas donde las verdades se expanden a la vez que se diluyen en la inmediatez. El reto no es adaptarnos ni resistir, es aprender a construir un espacio auténtico, es elegir. Así, la Democracia se va moldeando, fortaleciéndose, encontrando en cada uno de nosotros la decisión de ser parte de un Proyecto grande, nuestra Nación, nuestro hogar, un lugar que resume tradiciones, intereses e identidad colectiva.
A la advertencia de Harari y el señalamiento de Carr, le agrego la cuota de conciencia que necesitamos para transformar este tiempo en una oportunidad de despertar. No dejemos al azar las decisiones que definen los destinos de la Patria, en definitiva, el nuestro.