Transferencias por error: ¿Qué debemos hacer?


Autor: Lucas Moyano. Auxiliar Fiscal Federal. Especialista en Cibercrimen y Evidencia Digital. Autor de Ciberdelitos. Como Investigar en Entornos Digitales, Edición 1 y 2 Editorial Hammurabi

Imaginá esta situación: abrís tu home banking y descubrís que alguien te transfirió $200.000 que no esperabas. No conocés al remitente. No tenés idea de por qué ese dinero está ahí. Minutos después, te llega un mensaje por Instagram de una persona desconocida pidiéndote que devuelvas la plata “urgente”. ¿Qué hacés? Lo que parece una decisión sencilla puede convertirse en una trampa si no tomás los recaudos correctos.

​Tu instinto de buena fe te dice que ayudes. Mi consejo es: NO LO HAGAS. Lo que parece un gesto de honestidad puede ser la puerta de entrada a una estafa de «triangulación».​

El anzuelo de la urgencia

​En el mundo del cibercrimen, la urgencia es la mejor herramienta de los delincuentes. Bajo la apariencia de un error doméstico, se esconden maniobras de lavado de activos o fraudes complejos.

​Hoy estamos viendo una modalidad recurrente: los delincuentes roban las credenciales de una víctima (Phishing), transfieren dinero a tu cuenta (que sos un tercero inocente) y luego te piden que lo «devuelvas» a una cuenta diferente a la original. Si lo hacés, te convertís involuntariamente en parte de la cadena del fraude, acabás de «limpiar» dinero de origen ilícito. Te convertiste, sin saberlo, en un «mula» de dinero.

El esquema del «crédito fantasma»: A veces, esos $200.000 no son una transferencia, sino un préstamo pre-aprobado que los delincuentes sacaron a tu nombre tras vulnerar tus datos. Si «devolvés» la plata, en realidad les estás enviando el efectivo de un crédito que VOS vas a tener que pagar con intereses.

No devuelvas transferencias erróneas manualmente; pide siempre la intervención del banco. Solo una anulación formal garantiza la devolución de los impuestos asociados. Si lo haces por tu cuenta, no solo no recuperarás el impuesto al crédito inicial, sino que se te cobrará nuevamente el impuesto al débito por la nueva operación, generándote un doble gasto fiscal innecesario.

Hay dos acciones que debemos de tener cuidado:

  • Al momento de transferir: La seguridad de tu dinero empieza antes de confirmar. Una transferencia errónea suele ser hija del apuro: un Alias mal tipeado o un CBU copiado con error. Recordá que el sistema siempre te muestra el nombre del titular de destino antes del paso final. Esos diez segundos de verificación son la única barrera entre una operación exitosa y un dolor de cabeza legal. Una vez enviado el dinero, quedás a merced de la buena voluntad del receptor; si esa persona decide no cooperar, recuperar tus fondos puede implicar un proceso judicial.
  • Si recibo una transferencia: Desde el punto de vista jurídico, retener fondos recibidos por error configura un enriquecimiento sin causa. Quien recibe un pago que no le corresponde tiene la obligación legal de restituirlo. Pero ojo, devolverlo por canales informales (haciendo vos una nueva transferencia) no te exime de problemas.

Guía de acción: ¿Qué hacer si recibís dinero desconocido?

​Para protegerte, el protocolo debe ser estricto y bancarizado:

  • ​Cero movimientos: No toques un solo peso de ese monto. No lo gastes, no lo retires, no lo muevas.
  • ​Cero contacto informal: Si te escriben por WhatsApp o Instagram, no des datos personales ni entres en discusiones. Bloqueá o derivá la conversación al canal oficial.
  • ​Avisá a tu banco: Comunicá de inmediato a tu entidad que hay fondos que no te pertenecen. Solicitá la anulación formal de la transferencia.
  • ​Presentá una nota (física o por mail oficial) dejando constancia de que ponés el dinero a disposición para que el banco lo revierta a la cuenta de origen (y solo a la de origen). Esto es tu seguro ante cualquier reclamo legal posterior.

​En la era digital, la confianza ciega es un riesgo que no podés permitirte. Si enviás dinero, verificá el nombre del titular antes de confirmar (esos 10 segundos valen oro). Y si recibís dinero que no es tuyo, dejá que el sistema bancario se encargue.

​No permitas que tu honestidad sea utilizada por los ciberdelincuentes. Informate, prevení y denunciá.

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