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Volvamos a jugar

El juego como parte del proceso de comunicación.


Por: Arq. Jorge Hugo Figueroa. Tiempo de lectura estimado: 5:21 minutos. Atención: Hacé “click” en el siguiente enlace y oí la nota completa

“No dejamos de jugar porque envejecemos, envejece porque dejamos de jugar”. George Bernard Shaw.

  Recuerdo perfectamente la tarde en que dejé de jugar con mis muñecos articulados, con los autitos y robots de madera. De pronto dejó de tener gracia darles mis voces, mis iras, mis alegrías y mis tristezas. Había perdido esa virtud a cambio de ganar muchas otras.

  En el libro “Homo Ludens” (“El hombre que juega”) del filósofo e historiador holandés, Johan Huizinga (1872-1945), estudió y reflexionó sobre la relación entre juego y cultura. Dice: “La cultura humana brota del juego y en el se desarrolla”.

  “Viendo jugar a los animales, podemos afirmar que el juego es más antiguo que la cultura, porque precede al ser humano y el juguete viene de su mano y se nos presenta intrínsecamente vinculado”.

“La historia de los juegos y los juguetes es también la historia de la humanidad”.

  Raúl Levin, en su libro “Psicoanálisis – Vol.XXXIV – N° 2 – 2012 – pp. 337 – 360”, hablando sobre los juguetes nos dice:

“Pero es de observación frecuente que el uso del “objeto transicional” o del juguete responde a una necesidad del niño, que se las va a arreglar para obtenerlo (y crearlo) con cierta autonomía de la eventual oferta adulta. Todos conocemos experiencias particulares de niños, que ya sea por pertenecer a culturas muy alejadas de la nuestra o debido a situaciones de indigencia se hacen sus propios juguetes con lo que tienen a mano. A veces el niño eleva a la condición de juguete para su juego elementos originales o impensados para la mirada convencional, a pesar de contar con los que presuntamente serían tradicionales. Recuerdo haber visto en la playa a dos nenas jugando “a la familia” con una pequeña colección de caracolitos que ellas mismas habían recolectado. Quizás el hecho de que éstos juguetes eran producto de su propia “invención” no era ajeno a la trama y a la concentración en la que estaban sumidas al jugar.”

Para definir rápidamente el significado de “objeto transicional” tomaremos el ejemplo de la psicoanalista Débora San Martín, hablando sobre la película “El náufrago” protagonizada por Tom Hanks: “El náufrago intenta hacer fuego, de diferentes maneras, en uno de los intentos, se corta la mano, gota que rebalsó el vaso e hizo que la furia e ira aparezcan, manifestándola con gritos, tirando cosas, una de las cuales, una pelota (Wilson) quedando esta con una mancha en forma de mano, donde él le dibuja luego los ojos, la nariz y la boca con un trapo. Transformándose en depositaria de angustias, enojos, alegrías y hasta el soporte que le permite tolerar la soledad. Finalmente logra producir el fuego.”

Fuente: headoverfeels

  A mi juicio, una maqueta reúne ciertas condiciones de los juguetes y recupera los restos de un vínculo que existen adormecidos en los humanos adultos. Por ello comprendemos “el idioma del diálogo” que propone ésta.

  Aplicando los conceptos aportados por Winicot, una maqueta vendría a ser un “objeto transicional”, una transición simbólica a otro espacio. La maqueta es la manera de representar lo más fielmente posible algo que aún permanece en lo simbólico.

  El hecho de poder hacer una maqueta siempre fue un complemento invaluable que acompaña a los planos en los cuales prevalecen las dos dimensiones y, aún cuando se hicieran perspectivas nunca dejarán de ser dibujos en 2 dimensiones que brindan la ilusión de estar en 3 dimensiones (es decir, de ser  objetos).

  Hoy en día existen de sobra recursos tecnológicos con los cuales “modelaremos objetos 3d digitales”. Debemos recordar que se trata de una fantasía muy bien lograda que, en su máxima expresión, conformará la realidad virtual.

  Finalmente se llega a la impresión 3D que, ahora sí, será la materialización de los objetos 3D digitales.

  Sin embargo siempre podemos recurrir a las queridas maquetas tradicionales que pueden ser hechas por variadas técnicas, desde las conceptuales que se realizan con objetos cotidianos casi sin tratamiento como podemos observar en la siguiente imagen:

Fuente: “Maquetas de arquitectura. Técnicas y construcción” de Wolfgang Knoll/Martín Hechinger.

Luego están las maquetas de trabajo, que son aquellas que usaremos para ir puliendo detalles para que los clientes, quienes no necesariamente acostumbren interpretar planos, puedan tener una mejor idea de la propuesta. Los materiales para éste tipo de maquetas son muy variados. Personalmente suelo usar los clásicos cartones corrugados porque suelen abundar y los espesores de las planchas, en ciertas escalas de trabajo, coinciden con los espesores de los muros.

Fuente: Foto propia.

Y por último están las maquetas de ejecución, que se realizan con los datos concretos de ejecución, representando, en ocasiones, un increíble nivel de detalle. Entre otros usos que se les dan es el de participación en promociones, exposiciones, etcétera.

Fuente: maquetista.es

Fuente: Foto propia. Se realizó una edición con un tipo de software que hace que una foto de objetos reales parezcan maquetas.

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