Mascullando bronca


Opinión / Carlos Verucchi / En Línea Noticias

Antes que nada, quiero aclarar que no soy periodista deportivo ni mucho menos y que me permito opinar del mundial de fútbol como un argentino más.

Cuando un equipo de fútbol es exitoso a partir de la utilización de tácticas originales o novedosas, está condenado a caer indefectiblemente en la decadencia. La razón es muy simple, los otros técnicos copian y reproducen las mismas tácticas o bien, diseñan contra tácticas para neutralizarlas. En 2022 vimos una Argentina que mantenía el control de la pelota y a partir de infinidad de toques horizontales en su mediocampo, De Paul, Paredes, Fernández, Mac Allister, surgían los huecos en el rival y no tardaban en llegar las oportunidades de gol.

Después del mundial, ya se observó que en eliminatorias y en la última Copa América, al menos dos equipos pudieron neutralizar ese juego de Argentina al menos en forma parcial: Uruguay y Colombia.

En el mundial 2026 ese juego de Argentina se fue perdiendo con el correr de los partidos. Es más, no se vio tan claramente durante todo el mundial.

En la final contra España, por primera vez en todo el ciclo Scaloni, Argentina perdió el dominio del juego por completo. España anuló todos los circuitos ofensivos de Argentina y manejó el trámite del partido.

Estoy totalmente en desacuerdo con aquellos que dicen que España bailó a Argentina y se dejan llevar por ese dato menor de los supuestos 20 tiros al arco contra 0 de los nuestros. Si realmente fueron 20 los tiros al arco, ninguno de ellos fue lo suficientemente peligroso como para que un arquero de elite no pudiera controlar. Es más, no recuerdo ninguna salvada del Dibu de esas que les llamamos milagrosas.

El partido terminó 0 a 0 con una leve superioridad de España, es muy subjetivo afirmar si esa leve superioridad merecía transferirse al resultado o no.

Pero Scaloni seguramente intuía que no podría imponer su juego con comodidad y a diferencia del mundial anterior, en este se vio una Argentina defensivamente mucho más sólida.

Aún así, para que España pudiera ganar el partido y el mundial se dieron tres imponderables:

1.- La expulsión de Enzo Fernández. Es indudable que fue a disputar una pelota dividida con demasiado énfasis, ahora bien, que un toque de un pie contra otro del rival, ambos pies en el aire, provoque que uno de los jugadores de una vuelta mortal en el aire es físicamente (y ahora hablo como ingeniero) imposible. Es más, es caricaturesco, una parodia de mal gusto, una actuación digna de un doble de Hollywood que debería al menos ser penalizada con amarilla.

2.- En el gol, Molina empuja al jugador español que cabecea hacia atrás y le permite llegar a una pelota que se iba por línea de fondo. En la misma jugada, y en una acción inédita en la historia reciente del fútbol, Simeone suelta su marca para acomodarse la media o para rascarse la pierna porque le había picado un mosquito, o por quién sabe que misteriosa razón.

3.- Cara o seca. Aún así, en los minutos finales y con un jugador menos, Argentina creo tres chances claras de gol, mucho más claras que los supuestos 20 tiros al arco de España. En una de ellas, un defensor español llega a despejar una pelota destinada a rebotar en el botín de Marcos Senesi y meterse en un arco sin arquero, una milésima de segundo antes de que se produjera lo que parecía inevitable. Y no sólo eso, de diez jugadas parecidas, nueve terminan en gol en contra. Esta no lo fue por milímetros.

Los partidos de fútbol a ese nivel se definen por detalles de esa naturaleza. No nos olvidemos de la atajada del Dibu en Qatar que muchos llevan en la piel en forma de tatuaje. Una vez la moneda sale cara y otra cruz.

Pero quiero finalizar con un dato muy positivo. Desde esta columna hemos enunciado la hipótesis de que la historia de los mundiales tiene un punto de inflexión en la década del 70. En el Mundial 74, Holanda, o la “Naranja mecánica” como la denominaban, introduce por primera vez algo que hoy es moneda corriente: la táctica. Hasta el 70 a los entrenadores eran simples seleccionadores, decían quién debía de jugar de cuatro o de seis. Los dibujos tácticos (como les gusta decir ahora a ciertos periodistas de la tele) eran calcados, todos los equipos jugaban igual.

Por eso el Mundial 78 es distinto. En cada partido aparece la táctica como protagonista. Menotti había tomado nota del mundial anterior. Es más, hasta hubo ese año algún atisbo de los que ahora se llama jugadas de pelota parada, es decir, una preparación estratégica de cómo gestionar ese tipo de situaciones.

¿A dónde quiero llegar? Desde el Mundial 78 hasta el 2026 se jugaron 13 mundiales. Argentina llegó a la final en seis de ellos y ganó tres.

Ningún otro país del mundo iguala esa estadística.

Ustedes me dirán, para que Argentina pudiera salir campeón necesitó jugar de local, o tener a Maradona o tener a Messi. Ninguna de esas tres circunstancias se va a repetir por muchos años. Ahora el desafío es mayor.

Y por consiguiente más dulce será la recompensa.

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