Vecinos de Barrio Sarmiento Norte reclaman por inseguridad: «Vivimos encerradas como delincuentes»

Imágenes Mauricio Latorre

Vecinas del barrio Sarmiento norte manifestaron su profunda preocupación y cansancio ante la reiterada ola de robos y la falta de respuestas efectivas por parte de las fuerzas de seguridad y las autoridades locales. Por ello convocaron a En Línea Noticias para visibilizar el reclamo ante las autoridades municipales. Los hechos delictivos, que afectan tanto a viviendas particulares como a comercios de la zona, se vienen registrando de manera continua desde hace aproximadamente un año y medio o dos años, alterando por completo la vida cotidiana de los residentes.

«Estamos en barrio Sarmiento, Norte, y el problema que estamos viviendo es la delincuencia y que no tenemos respuestas. O sea, se llama a la policía, si bien puede que pasen, puede que vengan o la respuesta es ‘están en un sector privado y no podemos entrar’. Pero la verdad que necesitamos que alguien nos escuche y nos dé una solución porque estamos siendo muy acosados por lo que es el tema de la delincuencia, no vivimos tranquilos», relató una de las damnificadas del sector. La situación se replica durante todo el día, lo que obliga a los comerciantes a trabajar bajo estrictas medidas de prevención: «En el día es terrible la delincuencia acá en esta zona, es terrible. Yo tengo acá enfrente el remís, trabajo de día solamente, y sí tengo que estar todo el tiempo cerrada la puerta porque de día es impresionante cómo circulan los chicos que son delincuentes. Yo estoy todo el tiempo con la puerta cerrada porque si los choferes no están, estoy sola».

Los testimonios detallan diversas modalidades de robos en las propiedades, donde los delincuentes ingresan a patios, galpones y viviendas sin importar la hora. Una de las residentes recordó el robo que sufrió en su casa meses atrás: «Nos levantamos una noche, va mi esposo a un galpón que queda unos cuantos metros de la vivienda y me dice ‘¿vos desordenaste, buscaste cosas?’. ‘No’, le digo. ‘No, si acá me entraron’, me dice, porque estaban las cañas, los riles todo en una bolsa, una navaja, hasta le habían sacado el forro, ya para todo preparado. Bueno, pasó más de una semana y me decía mi esposo ‘pero algo me falta, algo me falta’ y no sabía lo que era. Un buen día, a eso de ocho o diez días, dice ‘¿sabés lo que me falta? La motosierra nueva’, lo único que se llevaron». Otra vecina describió un episodio reciente en las inmediaciones de su domicilio: «Antes de anoche fue, entraron todo lo que es la parte del pasillo del costado de mi casa, que atrás de mi casa vive mi cuñada y mi hija. No lograron entrar sí adentro de la casa porque atrás hay perros, hay un portón y hay perros, pero o sea están a un paso de entrar. Esta gente no tiene límites».

La vulnerabilidad también alcanza a los trabajadores nocturnos y a los locales comerciales de las calles principales. «A mí también allá hace unos cuantos meses a la noche robaron. Yo trabajo en el día con el remís, de noche también. Me entraron, sacaron cosas, la garrafa, termo, cosas necesarias que vos utilizás todos los días. La semana pasada ya tenía un candado golpeado, así que intentaron», detalló una de las vecinas, quien además mencionó que los comercios de las inmediaciones sufren las mismas consecuencias: «A la inmobiliaria le robaron. Yo estoy sobre Maipú, pero es terrible lo que en estas dos cuadras es terrible, como a los pequeños negocios estos, como a la verdulería. La verdulería se cansaron de entrarle, le entró como cinco veces y le bajan el vidrio de la puerta. Hacés la denuncia y vos los ves que andan como si nada, siguen como si nada después».

Ante a la falta de soluciones, los vecinos del sector se organizaron para adquirir dispositivos de prevención por cuenta propia, aunque señalan limitaciones institucionales para su colocación. «Nosotros como vecinos hará un año y medio que pusimos una alarma vecinal, tratamos de tener todas las cosas para cuidarnos, pero si la parte de lo que corresponde, que es la policía que nos tiene que cuidar, no nos cuida, no nos ayuda, siempre estamos a la deriva». Respecto al funcionamiento del sistema, explicaron: «Todos los que decidimos pagar la alarma vecinal tenemos un control. Uno lo hace sonar, no tiene la policía nada que ver, pero por lo menos ponemos en alerta a todos. La compramos entre todos los vecinos y todos los que pagamos tenemos un control. O sea, aparte de eso de hacer sonar esto tenemos que llamar a la policía que venga, si tiene ganas de venir, porque esa es la realidad, si tiene ganas de venir, vienen, y si no, no vienen». Asimismo, criticaron la imposibilidad de colocar los equipos en la vía pública: «La señora ofreció de ponerla en un chalet porque no se puede poner una alarma vecinal en un palo porque no te autoriza el municipio».

Las quejas también se centran en las fallas de coordinación a la hora de alertar a las patrullas sobre movimientos sospechosos. Una vecina expuso un hecho ocurrido recientemente al intentar dar aviso mediante los canales de prevención municipal: «Ayer hay una foto donde hay una persona que hace tres días que se para en el mismo lugar que es en Sarmiento y Cerrito, en el descampado. Le sacó la foto y pasó al grupo. Yo llamé a lo que es el número de Vecinos en Red, y me contestaron que sí, que iban a venir. Pero el móvil pasaba, yo vivo en Sarmiento 20 48, el móvil pasaba y me miraba a mí que yo estaba punteando un jardín. Entonces agarro y le digo ‘a la otra esquina tenés que ir, ¿Qué me miras a mí?’. Entonces pasan por la dirección que yo doy, pero no van donde uno les explica y le mandé la foto cómo estaba. Mandaron un audio diciendo que se había parado por la Cerrito como quien va para Trabajadores, les mando el mismo audio y siguen pasando por mi casa. Tienen que ir a identificar a las personas, porque esto ya cansa, realmente cansa. Si recurrimos a ustedes es porque estamos cansados y la verdad que no sabemos cómo hacer para defendernos».

El descontento se extiende a los procedimientos posteriores a los robos y a la falta de iniciativa para recolectar pruebas, como los registros de filmación particulares. «Yo se las pasé, todos los videos se los pasé a Vecinos en Red ayer y están disponibles, pero nadie viene. Nadie viene a preguntarte ‘¿vos me podés ofrecer tu cámara?’. Nadie toma intervención en lo que a nosotros nos está pasando. La policía va a aparecer cuando uno mate a un desgraciado de estos que por desgracia va a ir preso. Nosotros no tenemos derecho, tienen derecho ellos. Nosotros vivimos encerrados como delincuentes y ellos pasean como si tal cosa». Esta situación llevó a que muchos damnificados desistan de realizar las denuncias formales: «Nosotros ni nos molestamos en hacer la denuncia. Hace cosa de un mes y medio o dos meses, la señora de la esquina, que se llama Mabel, salió, tenía la ventana un cachito abierto así, fue a la esquina a comprar pan, cuando volvió le habían robado. De día, a las dos del mediodía fue. Le sacaron el celular, que era lo único que tenía para comunicarse con sus hijos porque vive solita, el atado de cigarrillos y el encendedor. Llamamos a la policía porque el hijo decidió hacer la denuncia. La respuesta fue ‘y vamos a ver qué vemos, qué encontramos, ¿tiene la boleta del celular?’. No le preguntaron ‘¿ella, usted está bien, le pasó algo, se siente mal?’. Nada de nada». Por último, concluyeron exigiendo una mayor presencia en las calles: «Lo que están necesitando es mayor prevención, es decir, que la policía ande, que la policía haga su trabajo, que recorran por lo menos dos o tres veces a la noche. Por favor anden en el día, que los que tenemos negocio no podemos estar tranquilos, tenemos que vivir cerrados. Estamos a la deriva en realidad, porque por más que vos vayas y hagas, no tenés respuesta. Nosotros necesitamos respuesta de las autoridades, que hagan su trabajo como corresponde».

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