La máquina de reproducir pobreza – Marta Casanella
A que cabeza trasnochada se le puede ocurrir cerrar una escuela? La última escuela primaria que se creó en Olavarría fue la 80 de Barrio CECO 1 durante la agonía de la dictadura militar. Casi treinta años de crecimiento demográfico y ni una escuela nueva. Se cierran las rurales porque la población del campo se muda a la ciudad por falta de trabajo. Ahora van por las urbanas. Cierran la Escuela Nº 13 de sierra Chica.
¿Cómo se explica que una escuela dentro de un pueblo con una población creciente no tenga alumnos? ¿Como es posible que otras escuelas estén abarrotadas con más de treinta chicos por aula y con la capacidad edilicia agotada para habilitar mas secciones de grado mientras otras están vacías? Cuál es la lógica que hace que los papas se trasladen kilómetros para llevar sus hijos a una escuela determinada, cuando tienen a pocas cuadras de su casa una con capacidad para educarlos?
Podría suponerse que es una decisión caprichosa y elitista. Pero la respuesta que más se acerca a la verdad es que la oferta educativa no está garantizada en todas las escuelas del distrito. Hay escuelas que aseguran un mínimo de conocimientos y otras no. En algunas se aprende. En otras, no.
Explicar cómo esto sucede es complejo, pero existen dos factores fundamentales. El primero, es la población de bajos recursos y alto riesgo social concurre a determinadas escuelas. Es allí donde el desafío de enseñar es más grande porque nos topamos con dificultades como violencia familiar, desnutrición, delincuencia juvenil, deserción. Las familias más acomodadas en cuanto a expectativas de progreso social tienden a llevar a sus hijos a establecimientos donde estos problemas sean menores y por ende el nivel de aprendizaje más elevado.
El segundo factor es en parte explicación del primero y es la política que se sigue desde el Estado ante esta situación. Cuando menos alumnos tiene una escuela menos personal se le asigna: se quitan secretarias preceptoras, vicedirectoras, docentes. El personal que resta, poco y agobiado hace lo que puede. Además, las escuelas periféricas o de “riesgo” suele ser el lugar donde un docente hace experiencia porque son cargos que nadie desea tomar. Una vez que la adquiere o logra/compra puntaje suficiente se traslada a una escuela “buena” donde se pueda dedicar a enseñar en serio.
Una escuela que ejemplifica esto de manera clara es la Nº 24. Metida en el centro de un barrio lleno de chicos necesitados de todo un poco, también está a punto de desaparecer. No tiene alumnos y es prácticamente céntrica. Hoy es el destino de los niños que no encajan en ningún lado, con trastornos de aprendizaje, de conducta, integraciones con escuela especial que nadie quiere aceptar. Hace apenas unos meses se le quito el cargo de directora, designando a tal fin un docente con grado a cargo. Solo falta que también la cierren sin que ningún funcionario se moleste en preguntarse porque sucede lo que sucede.
Esta situación de sub aprovechamiento de los recursos disponibles, esta segmentación donde los niños que pueden, se educan y el resto no es la garantía de que la inclusión social es un slogan de campaña política y las decisiones ejecutivas tienden de manera sistemática y organizada a reproducir las condiciones de pobreza y exclusión.
Muy buena.
Ningún título podría sr mejor para una nota como esta. La desgracia de nuestra sociedad está en relación directa con el déficit educacional, que crea exclusión, que crea desamparo social, que crea falta de oportunidades en muchachitos que luego llenan los desgraciados institutos correccionales para menores y luego las cárceles(véase nota de hoy en EL Polular de Claudia Rafael). Comparto enteramente el contenido de tu nota Marta. Y tenemos el coraje de desear un feliz día del niño a los chicos a los que privamos de educación, comida, oportunidades? Formamos parte de una sociedad muy hipócrita que se la pasa creando "días de…."