Pentecostés poema de luz


La Solemnidad de Pentecostés es uno de los domingos más importantes del año, después de la Pascua. Los cristianos conmemoran la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, reunidos alrededor de la Madre del Señor (Hechos capítulo 2). La fiesta se celebra el 50 y último día de la temporada de Pascua. En el Antiguo Testamento era la fiesta de la cosecha y, posteriormente, los israelitas, la unieron a la Alianza en el Monte Sinaí, cincuenta días después de la salida de Egipto.

            San Juan XXIII presentaba  a  la  humanidad el  día  de  Pentecostés  como: “un poema de luz”: “Pentecostés es todo un poema de luz, de gracia y de caridad. El fuego del Espíritu Santo es como un río incandescente que se desborda sobre todos los miembros de la Iglesia, consolida los corazones y los une con un vínculo sagrado de amor y caridad”…(…)  “Dejémonos penetrar, como los apóstoles el día de Pentecostés, por este fuego transformante. El purificará las inevitables escoria de la naturaleza, herida por el pecado”.(…)  “El Espíritu Santo, que formó el cuerpo de Cristo en el seno de María, forma también, une, sana y fortifica a los miembros de Cristo”.

            El Catecismo de la Iglesia Católica (párrafos 731-732) dice: “ En el día de Pentecostés, cuando las siete semanas de Pascua habían llegado a su fin, la Pascua de Cristo se cumple en el derramamiento del Espíritu Santo, manifestado, dado y comunicado como una persona divina: de su plenitud, Cristo, el Señor, derrama el Espíritu en abundancia.  Ese día, la Santísima Trinidad se revela completamente. Desde ese día, el Reino anunciado por Cristo está abierto a los que creen en él: en la humildad de la carne y en la fe, ya comparten la comunión de la Santísima Trinidad”.

            En la Solemne Vigilia de Pentecostés de 2004, S.S. Juan Pablo II exhortaba  a la Renovación   Carismática (RCC): “En nuestro tiempo, sediento de esperanza, den a conocer y hagan amar al Espíritu Santo. Así ayudarán a que tome forma ‘la cultura de Pentecostés’, la única que puede fecundar la civilización del amor y de la convivencia entre los pueblos. No se cansen de invocar con ferviente insistencia: ¡Ven Espíritu Santo! ¡Ven! ¡Ven!”.  

            El  papa  Francisco nos  invita  a  invocar  al Espíritu Santo: “ Él es  quien  nos hace reaccionar, nos invita a no perder nunca la confianza, la fe,  y a volver a empezar siempre. Después de cada caída, ¡levántate! y te toma de la mano te da valor. Haciendo que tomemos la iniciativa, sin esperar que sea otro el que comience, llevando esperanza y alegría a quienes encontremos, no quejas; no envidiando nunca a los demás, sino alegrándonos por sus éxitos. Jamás movernos por la envidia, la envidia, dijo el Papa, es la puerta por la que entra el espíritu maligno, “lo dice la Biblia: por la envidia del diablo ha entrado el mal en el mundo. ¡Nunca envidiar, nunca! El Espíritu Santo te trae el bien”.

(*)  Angélica  Diez, Misionera  de la  Inmaculada  Padre  Kolbe, Olavarría.

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