Solemnidad del Corpus Christi


“La Eucaristía es la  respuesta  de  Dios  al  hambre más  profunda del  corazón  humano,  al  hambre  de  vida  verdadera: en  ella  Cristo  mismo  está realmente  en  medio  de  nosotros  para  nutrirnos,  consolarnos  y  sostenernos  en  el  camino “. (Papa Francisco).

Nos  recuerda  el  Catecismo  en  el  número 1323: “Nuestro Salvador, en la última Cena, la noche en que fue entregado, instituyó el Sacrificio Eucarístico de su cuerpo y su sangre para perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz y confiar así a su Esposa amada, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección, sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de amor, banquete pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria futura” (SC 47). En el número 1326 confirma la unidad de todos: “… por la celebración eucarística nos unimos ya a la liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna cuando Dios será todo en todos”. (cf 1 Co 15,28).  Esta  realidad  de  gracia  la  resume  el  joven  beato  Carlo  Acutis  con una  frase –  vida: «La Eucaristía es mi autopista hacia el cielo”. El joven Carlo Acutis estaba convencido de que si la gente entendía mejor lo que es realmente la Eucaristía, se acercaría mucho más a Dios. Por ello, empezó a evangelizar en internet documentando milagros eucarísticos por todo el mundo. Carlo fue un ejemplo de santidad y sigue inspirando a jóvenes de todo el mundo. A lo largo de su corta vida, Carlo amó y veneró profundamente la Eucaristía. Decía a menudo: «Si nos ponemos delante del sol, nos ponemos morenos, pero cuando nos ponemos delante de Jesús en la Eucaristía, nos convertimos en santos».  Es realmente una constatación del número1418 del Catecismo: “Puesto que Cristo mismo está presente en el Sacramento del Altar es preciso honrarlo con culto de adoración”. “La visita al Santísimo Sacramento es una prueba de gratitud, un signo de amor y un deber de adoración hacia Cristo, nuestro Señor” (MF).

Pensar  en  el  gran  milagro  de  la  Eucaristía  nos  llena  de  gozo  y  estupor: “ Dios se hace pequeño como un pedazo de pan y justamente por eso es necesario un corazón grande para poder reconocerlo, adorarlo y acogerlo”. “La presencia de Dios es tan humilde, escondida, en ocasiones invisible, que para ser reconocida necesita de un corazón preparado, despierto y acogedor   por eso es necesario “ensanchar el corazón”, a “salir de la pequeña habitación de nuestro yo y entrar en el gran espacio del estupor y la adoración”. (…)  “Al calor de su presencia nuestra vida cambia: sin Él sería realmente gris”.  “Que la Virgen María nos enseñe a adorar a Jesús vivo en la Eucaristía, a compartirlo con nuestros hermanos y hermanas”. Y el Beato Cardenal Pironio   nos estimula al encuentro con Jesús Sacramentado: “Cada Eucaristía es una memoria de la cruz pascual de Jesús y una profecía de esperanza. Nuestro mundo necesita urgentemente testigos de la resurrección del Señor y verdaderos profetas de esperanza. Lo necesita nuestro continente pobre y crucificado, pero siempre “continente de esperanza”.

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