Respirar aire de la colmena: la inédita propuesta de relax que es furor en un pueblo pampeano
Escribe: Sergio Di Pino – News Digitales

Lejos del ruido urbano, Arata propone una experiencia sensorial única y segura entre caldenes y abejas.
En Arata, un pequeño pueblo del noreste de La Pampa, hay una cabaña donde el protagonista no es el paisaje, ni la gastronomía rural, ni siquiera la miel. Son las abejas, en todo su esplendor.
Están detrás de un vidrio, trabajando, entrando y saliendo de sus colmenas, mientras del otro lado los visitantes pueden observarlas, escuchar el zumbido y, finalmente, respirar el aire que circula dentro de ese mundo.
La experiencia se llama api-inhalación y es la primera de este tipo en Argentina. La impulsó Marianela Tosso, una joven que pertenece a una familia vinculada desde hace décadas con la apicultura de la localidad pampeana y que ideó Amielar.
El emprendimiento combina turismo rural, una propuesta sensorial y bienestar a partir del microclima generado naturalmente dentro de una colmena.
“Es algo un poco complejo de explicar sin una imagen o sin un video”, reconoce Marianela durante una entrevista con NewsDigitales.
Pero después encuentra una forma sencilla de resumirlo: “Consiste en una experiencia de bienestar, turismo rural, en el que la persona entra en contacto con la colmena de una manera bastante especial, que es respirando el microclima que las abejas generan dentro de una colmena”, detalla.
Una cabaña, dos colmenas y el sonido de las abejas
La experiencia empieza antes de la inhalación. La cabaña fue diseñada para que dos colmenas formen parte del espacio, aunque permanecen separadas de los visitantes por un vidrio.
El primer contacto es visual. Las abejas están ahí, trabajando en vivo, y el visitante puede observar cómo se organizan. Después aparece el sonido: el zumbido permanente de miles de insectos y las vibraciones que producen dentro de la colmena.
La responsable de Amielar lo define como una especie de “triple inmersión”: mirar, escuchar y respirar.
“Se puede observar, se puede escuchar y después se lleva una experiencia de api-inhalación, que es donde realmente desde todos los sentidos entrás dentro de la colmena”, explica.
Cada colmena puede reunir unas 60.000 abejas en temporada alta.
El dispositivo utilizado para respirar ese aire puede recordar a un nebulizador. Una manguera con una máscara está conectada a un equipo diseñado específicamente para extraer el aire de la colmena y conducirlo hasta la persona.
No hay contacto directo con las abejas ni riesgo de picaduras. El visitante permanece dentro de la cabaña y las colmenas están aisladas detrás del vidrio.
“Es como un mix entre un hospitalario, la colmena y la naturaleza”, describe Marianela Tosso.
La experiencia está pensada actualmente para dos personas y tiene una duración aproximada de una hora: media hora destinada a conocer el mundo de las abejas y otra media hora para la inhalación.
Un mundo que se respira
Dentro de una colmena no está solamente la miel. También están el propóleo, el polen, la jalea real, la cera, los aceites esenciales y otras sustancias que forman parte de ese ambiente.
Parte de esos componentes se encuentran presentes en el aire de la colmena y son los que forman el microclima.
La práctica de respirar ese aire comenzó a desarrollarse hace casi dos décadas en algunos países de Europa del Este, especialmente en Eslovenia. Allí algunos apicultores comenzaron a explorar la experiencia vinculada al bienestar y, con el tiempo, la propuesta se extendió a otros lugares.
En Argentina, Marianela decidió traer esa idea a Arata.
La elección tiene que ver también con su propia historia. Su padre, Hugo Pablo Tosso, fue un reconocido apicultor de la zona y criador de abejas reinas. Después de su fallecimiento, su hermano Pablo continuó con la actividad familiar, enfocada principalmente en la producción de miel.
Marianela, en cambio, empezó a mirar ese mismo mundo desde otro lugar.
“Cada vez que iba a la empresa decía: ‘Acá se puede hacer algo más, no solo miel a granel’”, cuenta.
La posibilidad apareció cuando conoció las experiencias que se desarrollaban en otros países.
“Al venir de familia de apicultores y contar con un terreno con las abejas, con muchas cuestiones que quizás a otra persona le sería más difícil implementar, dije: ‘¿Por qué no? Vamos a implementarlo’”, relata.
Así comenzó a tomar forma Amielar.
Arata, el silencio y los caldenes
El lugar reúne las mejores condiciones para potenciar la experiencia. Arata tiene alrededor de 1.000 habitantes y está lejos del ruido de las grandes ciudades.
No hay tren ni aeropuerto y ese silencio también forma parte de la propuesta.
“No existe el tren, no existen los aviones, la contaminación sonora a la que quizás en las ciudades se está acostumbrado, aquí eso no existe”, señala Marianela.
El predio está rodeado de caldenes, uno de los árboles característicos de La Pampa. En ese paisaje se construyó la cabaña que contiene las dos colmenas y permite observarlas sin intervenir sobre su funcionamiento.
El proyecto termina mezclando dos mundos que normalmente aparecen separados: el turismo rural y el universo íntimo de las abejas.
Y hay algo más que resulta fundamental: la posibilidad de acercarse a una colmena sin alterar el comportamiento de sus habitantes.
60.000 abejas detrás del vidrio
En temporada alta, cada colmena puede reunir unas 60.000 abejas. Durante el invierno, la población puede reducirse hasta unas 10.000.
Por eso, la experiencia también cambia según el momento del año.
“Esta es la época —por la primavera— más hermosa para vivir la experiencia porque las abejas están yendo al campo a traer polen, néctar. La actividad está en auge. El aire que se genera ahí adentro es mucho más rico y mucho más abundante”, explica.
La genética de esas colmenas también tiene una historia familiar detrás. Hugo Pablo Tosso fue criador de reinas y trabajó durante años con selección genética.
Según cuenta Marianela, las abejas utilizadas son mansas y trabajadoras. Eso permite que quienes están dentro de la cabaña puedan permanecer cerca de las colmenas sin que las abejas modifiquen su comportamiento.
“Yo he visto, por ejemplo, en otros países que el apicultor está alrededor de la cabaña siempre vestido con el traje. Nosotros limpiamos el vidrio que está de la parte de atrás. Estamos todo el tiempo alrededor de las abejas durante la construcción de la cabaña y ellas siguen haciendo su trabajo sin ser agresivas”, cuenta.
Del otro lado del vidrio, entonces, las abejas continúan con su rutina. Unas salen al campo. Otras trabajan dentro. La colonia mantiene su propio ritmo mientras el visitante observa.
Una clase sobre abejas antes de ponerse la máscara
El recorrido no se limita a la inhalación. Marianela Tosso también busca que quienes llegan hasta Arata conozcan cómo funciona una colonia y entiendan qué ocurre dentro de ese pequeño universo.
La visita incluye una instancia de explicación sobre la organización de las abejas, la división de tareas y la importancia que tienen para la producción de alimentos.
“Queremos involucrar a las personas en el apasionante mundo que tienen las abejas: la división del trabajo, cómo se organizan, la eficiencia con la que trabajan”, comenta.
La experiencia también puede adaptarse a grupos, con actividades destinadas a generar conciencia sobre el papel de las abejas como polinizadoras.
Así, antes de colocarse la máscara, el visitante conoce aquello que después va a intentar percibir a través de la respiración.
Entre el bienestar y la curiosidad
En España, Alemania y otros países de Europa del Este, este tipo de experiencias también se encuentran vinculadas con personas que buscan alivio para determinadas afecciones respiratorias, como alergias, asma, rinitis o sinusitis.
En Amielar, sin embargo, el foco está puesto principalmente en el turismo de bienestar.
Marianela cuenta que algunas personas de la zona que llegan con dificultades respiratorias aseguran sentir alivio y que otras regresan después de haber vivido la experiencia.
“La gente cuando termina la experiencia te habla de paz mental, relajación, amplitud pulmonar”, relata.
Pero también reconoce que la percepción es individual.
“Es realmente muy personal la sensación porque es algo muy subjetivo, pero cada día me sorprendo de los beneficios que veo en las personas que vienen”, sostiene.
La api-inhalación no busca reemplazar una atención médica. En Arata, la propuesta está enfocada como una experiencia sensorial y de bienestar que permite entrar en contacto con el mundo de las abejas de una manera poco habitual.
Una idea que nació en La Pampa y busca salir a todo el país
El emprendimiento comenzó en 2026 y funciona de manera estacional, aproximadamente entre septiembre y abril. Durante el invierno, cuando baja la actividad de las colmenas, la experiencia se detiene.
La propuesta busca mantenerse siempre atada a los tiempos y ciclos de las abejas.
“Si hace frío, la experiencia no se vende”, resume la responsable de Amielar.
La decisión forma parte de una lógica que atraviesa todo el proyecto: la actividad turística se adapta al comportamiento de la colonia y no al revés.
Ahora la apuesta es que el proyecto pueda replicarse en otros puntos del país. Para ello, Amielar desarrolló un modelo “llave en mano” que contempla la construcción de la cabaña, las colmenas, los equipos y el protocolo de funcionamiento.
La idea es ofrecer una licencia de operación —parecida a una franquicia— para apicultores o emprendimientos turísticos interesados en sumar esta experiencia.
“Nosotros vendemos un estilo de licencia de operación”, explica Marianela Tosso.
En ese marco, adelantó que ya existen contactos con distintos puntos turísticos de Argentina interesados en conocer el modelo. La posibilidad apunta especialmente a productores apícolas que quieran sumar una actividad turística a sus establecimientos.
“Si sos un apicultor que está interesado en anexarle algo de turismo a tu emprendimiento, esta podría ser una solución”, destaca.
Para conocer la experiencia
Quienes quieran conocer la propuesta de api-inhalación pueden consultar en el sitio web del emprendimiento.
El emprendimiento también comparte imágenes y contenidos sobre la experiencia y el trabajo con las colmenas a través de sus redes sociales, en Instagram y YouTube.