Micromenipeas | Los dátiles se recogen en otoño

Como cada semana el escritor Guillermo Del Zotto recrea un antiguo género satírico en versión microficción. Hoy: tiempo a la escritura.


La dulzura de un dátil se hace esperar hasta dieciséis años desde que se planta la palmera que los hará brotar. Y solo deben ser recogidos cuando es otoño.

La crisis

Cuando el capitalismo inventó lo de “time is money” quizás no estaba tan equivocado. Porque en época de crisis lo que nos arrebatan es el tiempo. Para no pensar. Para desesperarnos en una carrera de inversión en la bolsa de la Nada. Y sobre todo para hacernos creer que si no nos apuramos nos vamos a morir antes. Quieren que corramos para atrás.

El no tiempo

Muchos textos se resuelven en sueños. Terreno que, como se sabe, carece de tiempo. Algunas veces soñamos en forma breve la resolución de una historia de amor inconclusa que nos torturó durante años en la vigilia. Esas imágenes ensambladas aleatoriamente, de manera mágica, nos hacen despertar con la sonrisa propia del que llega primero en una carrera. Con la ficción pasa lo mismo.

La maceración

Hay libros que fueron escritos en un mes y esperaron ciento cincuenta años para encontrar a sus lectores ideales. Hay otros libros que fueron escritos durante veinte años y en una semana encuentran millones de lectores. En todos los casos fue la maceración la que los hizo efectivos.

Siempre hay un proceso que tiene sus propias reglas. Salvo en autores como Henry Miller que escribía en tiempo real las ideas que salían maceradas como si las hubiese pensado un siglo. El riesgo que corría Miller lo dejó en claro Charles Bukowski: “cuando es bueno es muy bueno, cuando es malo es muy malo”.

Dice hermosamente José Sbarra: “Para curar el ardor en el plexo solar, que sobreviene cuando se ha perdido el amor, lo aconsejable es tomar una cápsula de ojo izquierdo de iguana macho puesta a secar tres meses en una habitación oscura, en la que desfallece todas las noches un deforme enamorado -cuyo amor no es correspondido-, y beberla con té de mandrágora. La cura acontece, no por efecto de la cápsula de ojo izquierdo de iguana macho ni por la mandrágora, sino por los tres meses que se ha estado esperando ante la puerta de la habitación oscura, en la que desfallece todas las noches un deforme enamorado, cuyo amor no es correspondido”.

La maceración también se puede usar para no terminar uno convirtiéndose en una máquina de escribir.

La menipea es un género seriocómico, derivado de los diálogos socráticos y con inicios en la obra de Antisfeno aunque  debe su nombre a uno de sus exponentes: Menipo de Gadara.

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