Micromenipeas | Qué mundo está el viejo

Como cada sábado el escritor Guillermo Del Zotto recrea un antiguo género satírico en versión microficción.  Hoy: Retruécanos cercanos de todo tipo.

Los recursos, en este caso literarios, ¿se extinguen, desaparecen, se dejan de usar, se van borrando por el mal uso o simplemente se les cambia el nombre?

Como si tirásemos de una gastada palanca de madera, aparece con su crujido estertóreo el retruécano. Es barroco, parece un apellido serio y si se lo descompone químicamente pareciera tener agua, tierra y signos arcanos. No confundir con jitanjáfora, a la que sólo le interesa producir sonido. Puede sí considerarse pariente del calambur.

 Sonido y humor versus trama y argumento. Fuegos artificiales o profundidad. El cuento El capote, de Nicolás Gogol, es tomado como uno de los ejemplos de maestría de composición narrativa. Al mismo tiempo está plagado de retruécanos y juegos de palabras que sólo parecen estar ahí para divertir o hacer sonido. Sin embrago, lo que hacía el genial Gogol era utilizar su histrionismo (el mismo que tenía como anfitrión en una reunión de cualquier tipo) en función de sus geniales historias. Que,  sabemos, podrían ser igual de geniales sin esos giros. Algo similar pasa con la Alicia de Lewis Carroll. En  ambos casos, las traducciones son las grandes destructoras de muchas de esas ganancias estilísticas.

Como chiste malo podríamos decir que el apellido del escritor ruso parece inventado por un relator de fútbol tartamudo.

Dostoievski ya envolvió a todos con su frase “todos salimos de El capote de Gogol”. Del cuento, de su escritura y de su abrigo (ya que capote quiere decir eso, abrigo).

Los recursos para entretener la lectura son valiosos y loables. Hay veces en las que la supuesta chispa para los cohetes es mas certera que la puntería para contar una historia. Es cuando nos quedamos mirando las cañitas voladoras y no el carnaval. Salvo en los casos como el del poeta Juan Filloy (quien casi llegó a cumplir 106 años): propuso su estilo de juguetear con las letras y sus posiciones. Y a todos les dijo acá están mis ocho mil palíndromos. Al que le guste bien.

Todos, es decir hasta Borges, se tentaron con hacer jueguitos. Cual Messi con una pelota de tenis. El resultado es lo que importa. Pariente de otras brevedades, como las entrañables greguerías de Ramón Gómez de la Serna, el retruécano corre el peligro del chiste fácil. Y peor aún: del aforismo. Siempre es preferible lo primero:

Qué mundo estará el viejo

que esto juegos de artificios,

son ahora fuego de niños

la histórica crueldad a veces

se torna crueldad histórica,

no es lo mismo

la paz está en Bolivia que La Paz está en Bolivia.

La menipea es un género seriocómico, derivado de los diálogos socráticos y con inicios en la obra de Antisfeno aunque  debe su nombre a uno de sus exponentes: Menipo de Gadara.

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