“Axel Kicillof ajusta más que Javier Milei”

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Entrevista de Víctor Cabreros – Diario La Mañana de Bolívar

Andrés Malamud, politólogo olavarriense actualmente radicado en Portugal, mantuvo una entrevista con el director del diario La Mañana de Bolívar, Víctor Agustín Cabreros, en la que repasó distintos aspectos de la realidad política argentina y planteó definiciones sobre el presente y el futuro del país.

MILEI: EL ENOJO Y LA ECONOMÍA

—Disponemos de unos pocos minutos, de manera que me centraré en algunas preguntas concretas, de esas que nos hacemos los ciudadanos comunes. La primera tiene que ver con el presidente Milei. ¿Quién es Milei o, en todo caso, qué es Milei? ¿Estamos frente a un genio o a un hombre con problemas mentales? Y, en línea con eso, ¿qué juego político juega? ¿La confrontación permanente es parte de una reacción espontánea o responde a una estrategia?

—Lo que define a Milei es el enojo y la economía. La economía, porque Argentina lleva 15 años sin crecer y la gente les atribuyó la responsabilidad a todos los partidos. Antes, los partidos gobernaban diez años y, cuando fracasaban, uno elegía al que había estado antes. Ahora, en diez años, fracasaron todos: Cristina, Macri y el muleto de Cristina. De modo que la gente dijo: «Afuera con todos».

Lo segundo es el enojo. El mal desempeño de la economía hizo que mucha gente estuviera resentida contra los gobernantes y Milei encarnó ese enojo ofreciendo una alternativa. Era un economista enojado que se presentó como alguien que nos representa para resolver lo que nos preocupa.

¿Lo logró? Esa es la pregunta que los argentinos se van a hacer en octubre del año que viene. ¿Arregló la cuestión económica? Suponiendo que sí, para la próxima etapa habrá que preguntarse si nos sirve un economista o necesitamos otra cosa, alguien que reconstruya y no que destruya. Y, finalmente, ¿el enojo ahora también lo incluye a él? Porque sigue habiendo gente enojada.

—¿Y cuál es el juego político que juega Milei?

—En Ciencias Políticas se utiliza la Teoría de los Juegos, que aplica al comportamiento de las personas una equivalencia o una metáfora con los juegos de mesa. Los dos más conocidos son el Dilema del Prisionero, en el cual las personas tienen que cooperar para conseguir estar mejor, y el Juego del Cobarde.

En el primero, si vos cooperás con el otro, ambos estarán mejor que si no lo hacen. Lo ideal es que los dos cooperen, pero siempre existe la posibilidad de traicionar al otro. Es un tema de confianza: si los dos cooperan, sacan nueve puntos; si vos lo traicionás, sacás diez. Ese era el dilema argentino. Nadie cooperó y todos sacaron cero.

Milei llegó y dijo que este no es el juego, sino el Juego del Cobarde. Esto significa que debo convencer al otro de que, para conseguir lo que quiero, no voy a ceder. Sigo derecho y gana el que sigue derecho. Pierde el que se desvía, pero si nadie se desvía, pierden los dos.

La estrategia en este juego es intimidar. El insulto es un instrumento para convencer al que está enfrente de que «lo odio tanto que no pienso doblar». Esa estrategia tiene rendimientos decrecientes, porque la gente le va tomando el tiempo, ya no le cree demasiado y, además, no consigue resultados.

—¿Milei se ha corrido alguna vez de la vía?

—Sí, más de lo que pretende hacer creer. Porque se trata de convencer al otro de que sos loco, pero vos no te querés morir. Él no quiere chocar. Quizás sea más loco que los otros, o eso quiere hacer creer. Si estudiás lo que hizo, te das cuenta de que ha venido cediendo todo el tiempo y varias veces, tanto en política internacional como en política doméstica. Mientras consiga el objetivo, está todo bien; pero cuando no lo consigue, se lo comienzan a facturar.

—Las agresiones a dirigentes de izquierda de distintas partes del mundo, pero muy especialmente contra Lula y Pedro Sánchez, ¿también guardan relación con esa misma estrategia?

—Eso lo leo más como apostador que como jugador. Cuando tenés un jugador enfrente, lo que querés es ganar. Cuando apostás, querés un rédito. Milei está apostando a que ganen sus candidatos, porque de ese modo él gana prestigio y aliados. No está compitiendo contra Lula, solamente quiere que gane Bolsonaro. Pero Lula no es un rival. Si gana Lula, Milei no pierde nada. El objetivo es poder decir que él hizo elegir a Bolsonaro, como lo hizo con otros.

—En ese juego de apuestas, sin embargo, ahora perdió…

—Exactamente. Hasta ahora le iba bien, incluso mejor que a Trump, porque Milei fue presidente antes que Trump. Entonces podía decir que, mientras él fue presidente, la derecha ganó en todos lados. Ahora se le acabó esa suerte.

EL FUTURO DEL PERONISMO Y LA ECONOMÍA

—Milei y sus seguidores apuestan a la «teoría del miedo», aquella que indica que, por temor a volver a escenarios pasados, lo vuelvan a votar. Pregunto entonces: ¿fueron tan malos los anteriores?

—Esta estrategia de Milei es muy peronista. Perón decía: «Los que piensan que somos malos, esperen a que lleguen los otros». Y Milei muchas veces hace lo mismo: se compara con el resto. Él pensará que es un genio y que sabe todo de economía, pero en el fondo, sin el kirchnerismo, considera que no gana.

Ahora bien, respondiendo a tu pregunta: ¿fueron tan malos los anteriores? Si hablás con el círculo rojo, con empresarios que odiaban al kirchnerismo, que quisieron a Milei pero están desgastados de él porque los insulta, empiezan a disociar su reflexión sobre el pasado. Y encuentran en Massa otra cosa. Lo empiezan a lavar en el río hasta que «sea blanco y de ojos celestes», como se decía en el pasado. Están en eso: en seguir diciendo que el pasado fue malo, pero que hay otra gente que tiene más que ver con el futuro que con el pasado.

—Vos definiste a Massa como un buen hombre de negocios…

—Y ese es el debate que, dicen, tiene que dar. La gente que lo conoce dice que puede ser el nuevo Manzano, quien fue un exitoso político en los 90 y hoy es un exitoso empresario. Decidió hacer plata antes que votos y Massa todavía no tiene esa decisión tomada.

«Aunque Kicillof no lo reconozca, está ajustando más que Milei».

—El peronismo, ¿habrá aprendido algunas cosas de todo lo que pasó? Por ejemplo, que no se puede gobernar eternamente con déficit o que al argentino medio lo que más le aflige es la inflación. Y, además, ¿está en el ADN de ellos aceptarlo?

—Esa es la gran pregunta. El economista peronista más respetado por el capital es Emanuel Álvarez Agis. Fue viceministro de Kicillof. Él dice que, aunque Kicillof no lo reconozca, está ajustando más que Milei.

No lo va a reconocer, pero la provincia de Buenos Aires presta pésimos servicios porque ajustaron fiscalmente. Y lo hacen más que Milei porque no tienen la maquinita de imprimir billetes. Si emiten patacones, se termina el gobierno. La Rioja puede hacerlo porque nadie espera mucho de La Rioja. Pero Ruckauf, gobernador de la provincia de Buenos Aires que emitió patacones, se tuvo que ir incendiado. Si, a fuerza de chocarse contra la pared, aprenden.

—Estoy obligado a preguntarte por tu percepción de cara a 2027…

—Las clásicas preguntas son, para un economista, a cuánto estará el dólar y, para un politólogo, quién ganará las elecciones. El que te dé esa respuesta es un mentiroso.

En realidad, dependemos del mundo. Lo que está haciendo Trump genera inflación. Está bombardeando a un país que tiene petróleo y un estrecho. Trump posiblemente perderá las elecciones de este martes 3 de noviembre. La inflación perjudica a Argentina, que es uno de los seis países del mundo con alta inflación. Solamente seis entre 200. La suba de tasas en Estados Unidos también nos perjudica. Si Trump hubiese sido un buen presidente, Milei sin dudas sería un mejor presidente.

LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES Y EL MUNICIPALISMO

«La provincia no gobierna para los bonaerenses, sino contra ellos».

—Cambiando de eje y tomando como punto de partida tu origen olavarriense, quiero hacerte una pregunta vinculada con el municipalismo en la provincia. Así como algunos empresarios se acostumbraron a vivir al amparo del Estado, obteniendo beneficios jugosos, ¿los municipios también se acostumbraron a vivir de los fondos, especialmente los provenientes del Estado nacional, y se alejaron de las estrategias propias?

—Particularmente en la provincia de Buenos Aires hay dos problemas. Uno es la falta de autonomía municipal. La Constitución Nacional la establece, pero la Constitución provincial la ignora.

El segundo problema es que no hay «bonaerensidad». Martín Llaryora, gobernador de Córdoba, es cordobés; Pullaro es santafesino; Kicillof es porteño, María Eugenia Vidal también, Daniel Scioli también, etcétera.

Esto significa que te ponen, desde afuera, a un gobernador provincial que no es de la provincia y cuyo cerebro está en el Obelisco. La provincia no gobierna para los bonaerenses, sino contra ellos. Porque lo hace para un presidente que viene o para uno que está.

No nos damos cuenta de ello y tampoco lo debatimos. Esta es una provincia diferente a las demás: mal diseñada y mal gobernada.

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