Composición del endeudamiento de la provincia: El 56,9% de los hogares que tomó créditos los usó para comprar comida

En Línea Noticias accedió al informe completo “Hablemos de deudas: desigualdades, informalidad y género”, elaborado por la Defensoría del Pueblo bonaerense. El estudio muestra que el 56,9% de los hogares que tomó créditos durante el último año utilizó ese dinero para comprar alimentos. El 73,5% todavía mantiene deudas y para cuatro de cada diez hogares endeudados el pago de las obligaciones representa más de la mitad de sus ingresos.


Por Fabricio Lucio – En Línea Noticias

Endeudarse para comprar comida, pagar el alquiler, afrontar los servicios o cubrir gastos de salud. El crédito aparece, para una parte importante de los hogares relevados, como una herramienta para afrontar gastos cotidianos y necesidades básicas.

Así surge del informe “Hablemos de deudas: desigualdades, informalidad y género”, elaborado por la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires a partir de una encuesta que buscó conocer las características del endeudamiento de los hogares, sus modalidades, sus destinos y el impacto que tiene sobre las condiciones de vida.

En Línea Noticias accedió al informe completo, que reúne las respuestas de 1.408 personas de 97 partidos de la provincia de Buenos Aires y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La encuesta estuvo disponible durante 30 días a partir del 15 de mayo de 2026 y fue difundida a través de las delegaciones de la Defensoría y mediante una modalidad de autogestión.

Uno de los primeros datos del estudio indica que el 56,6% de los hogares relevados tomó algún crédito o préstamo durante el último año.

Pero el destino de ese dinero permite dimensionar qué lugar ocupa el endeudamiento en la economía familiar.

Créditos para comprar comida y pagar lo básico

Entre los hogares que tomaron créditos o préstamos, el 56,9% utilizó ese dinero para cubrir gastos de alimentación.

La vivienda aparece en segundo lugar, mencionada por el 30%. Le siguen los servicios, con el 29,5%, y los gastos de salud, con el 28,5%.

El relevamiento también registró otros destinos: transporte (23%), impuestos y tasas (21,4%), emprendimientos o actividades laborales (18%), educación (14%) y viajes o recreación (12%).

Hay además un dato que muestra cómo puede encadenarse el endeudamiento: el 10,1% utilizó financiamiento para pagar otra deuda. En tanto, el 8,1% lo destinó a comprar bienes del hogar y el 7,3% a bienes personales.

En los hogares monomarentales, el uso del crédito para alimentación es todavía mayor: el informe registra un incremento del 15% respecto del conjunto de los hogares relevados.

Más de la mitad recurrió a alternativas no bancarias o informales

El estudio también analiza las formas de financiamiento utilizadas por los hogares.

El 51,9% recurrió a créditos no bancarios o informales, ya sea de manera exclusiva o combinándolos con otras alternativas. El 11,3% utilizó únicamente este tipo de financiamiento, mientras que el 40,6% combinó distintas modalidades. El 48,1% accedió exclusivamente a créditos o préstamos bancarios.

Entre las modalidades no bancarias aparecen las tarjetas de crédito de billeteras virtuales y aplicaciones y los créditos otorgados por entidades financieras no bancarias. El financiamiento informal incluye préstamos de familiares o conocidos, financistas informales, adelantos de sueldo y compras fiadas.

La Defensoría advierte que estas modalidades pueden implicar mayores costos, cobros abusivos, menor transparencia y menores niveles de protección de los derechos de los consumidores.

Además, el 40,6% de los hogares utilizó más de una fuente de financiamiento en simultáneo, combinando alternativas bancarias, no bancarias e informales.

Siete de cada diez hogares todavía mantienen deudas

La obtención de un crédito tampoco significa que el problema quede resuelto.

Entre los hogares que tomaron préstamos durante el último año, el 73,5% todavía mantiene deudas. En los hogares monomarentales, el porcentaje asciende al 82,1%.

La carga financiera también es significativa. Para el 40% de los hogares endeudados, pagar las deudas representa más de la mitad de sus ingresos mensuales.

Dentro de ese grupo, el 26,5% destina entre el 50% y el 75% de sus ingresos al pago de las deudas, mientras que el 33,1% destina más del 75%.

A su vez, ocho de cada diez hogares endeudados manifestaron tener dificultades para afrontar sus compromisos de pago.

Entre quienes presentan problemas para cancelar sus deudas, el 31,7% registra atrasos en los pagos y el 4,8% ya se encuentra en una instancia judicial.

La dificultad para pagar tampoco aparece como una situación pasajera. El 84,1% de los hogares que atraviesan este problema señaló que las dificultades se mantienen desde hace más de seis meses.

El endeudamiento aumenta en los hogares con mayores necesidades de cuidado

Uno de los ejes del informe es la relación entre endeudamiento y tareas de cuidado.

En casi seis de cada diez hogares relevados (56,8%) hay niños, adolescentes o personas mayores de 65 años, es decir, integrantes que requieren tareas de cuidado específicas.

La diferencia en la toma de créditos es marcada. En los hogares sin presencia de estas poblaciones, el acceso al financiamiento alcanza al 53,5%. En aquellos donde hay niños, adolescentes y/o personas mayores, asciende al 82,6%.

El relevamiento también encontró una mayor incidencia de la toma de créditos en los hogares sostenidos principalmente por mujeres. Los porcentajes más elevados aparecen en los hogares nucleares con hijos, con un 72%, y en los hogares monomarentales, con un 64,4%.

En los hogares monomarentales, además, el 59,2% recurrió a financiamiento no bancario o informal, por encima del promedio general.

El informe señala que en estos hogares las responsabilidades económicas y de cuidado recaen principalmente sobre una sola mujer. Esa situación puede condicionar sus trayectorias laborales, con empleos más flexibles, trabajos por horas o jornadas reducidas, y una mayor exposición a situaciones de vulnerabilidad económica.

El 75% señala consecuencias sobre la salud mental

El impacto del endeudamiento no se limita a la economía familiar.

El 75% de los hogares relevados señaló consecuencias vinculadas al estrés, la angustia, la ansiedad o el deterioro de la salud mental.

Entre las consecuencias mencionadas también aparecen la reducción del consumo, el empeoramiento de las condiciones de vida, la necesidad de extender las jornadas laborales, las tensiones en los vínculos familiares y afectivos, la imposibilidad de generar ahorro y la reproducción de ciclos de endeudamiento.

Los testimonios recogidos en la encuesta permiten observar cómo esas consecuencias se expresan en situaciones concretas.

Salteo comidas para que alcance para mi hija”, expresó una de las personas consultadas.

Otra resumió su situación con una frase: “Se salda una deuda para pagar otra”.

También aparecen relatos sobre tratamientos médicos y odontológicos que debieron interrumpirse, el aumento de las horas de trabajo y la angustia frente a los vencimientos.

No dormir por temor a no poder pagar, no poder comprar comida, remedios o tener que elegir”, expresó otra persona encuestada.

Una deuda que condiciona la vida cotidiana

Los resultados del relevamiento muestran que el endeudamiento atraviesa distintas dimensiones de la economía familiar. En una parte importante de los hogares, los créditos se destinan a cubrir necesidades básicas y, una vez contraída la deuda, una proporción significativa de los ingresos queda comprometida durante meses.

La situación presenta además características particulares en los hogares con mayores responsabilidades de cuidado y en aquellos sostenidos principalmente por mujeres.

Entre las recomendaciones incluidas en el informe, la Defensoría plantea fortalecer las políticas de empleo e ingresos, ampliar las políticas públicas de cuidados, desarrollar estrategias de prevención y abordaje del sobreendeudamiento y avanzar en mecanismos de refinanciación para hogares en situación de vulnerabilidad.

También propone mejorar el acceso a financiamiento seguro, transparente y en condiciones justas, junto con una mayor protección de los derechos de consumidores y usuarios de servicios financieros.

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