Nuestra Señora del Rosario

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Nuestra Señora del Rosario es Patrona de la Diócesis de Azul, creada por el Papa Pío XI a través de la bula del 20 de abril de 1934 que expresa: «Establecemos la sede episcopal en la ciudad de Azul y la cátedra en la iglesia bajo el título de la Bienaventurada Virgen del Santísimo Rosario». Su imagen ubicada en el altar mayor de la Catedral de Azul preside el templo neogótico inaugurado el 7 de octubre de 1906. La diócesis comprende catorce distritos: Ayacucho, Azul, Benito Juárez, Bolívar, Gral. Alvear, Gral. Lamadrid, Laprida, Las Flores, Olavarría, Rauch, Roque Pérez, Saladillo, Tandil y Tapalqué. El 2 de agosto de 1957, con la Carta Apostólica «Los hijos de la Iglesia», el Papa Pío XII proclamó a la Santísima Virgen María del Santísimo Rosario como patrona principal de la diócesis, y patrono secundario a San Serapio de Argel, mártir mercedario.

El Santo Rosario tiene su origen en 1212, cuando Santo Domingo de Guzmán tuvo una aparición de la Virgen María, quien le entregó el Rosario como respuesta a su plegaria en la que le pedía ayuda para combatir la herejía albigense. La victoria llevó a considerar el Rosario el «escudo» para vencer la herejía. Siglos después, el 7 de octubre de 1571, la batalla de Lepanto constituyó un gran triunfo para la cristiandad, en la que la victoria se logró gracias a la intercesión mariana. En 1572, Pío V instituyó la fiesta de Santa María de la Victoria, que su sucesor, Gregorio XIII, denominó «Nuestra Señora del Rosario».

Al Papa León XIII se lo llama “El Papa del Rosario” porque escribió once Encíclicas sobre el Rosario; en la denominada “En virtud del Supremo Oficio Apostólico”, del 1.° de septiembre de 1883, expresa: “Hemos comprendido cuán poderosa es para nosotros la protección de la Reina del Rosario y cuán eficaz para alejar los males.” San Pío de Pietrelcina afirmaba: “El Rosario es el arma para estos tiempos.”

San Juan Pablo II en su “Carta Apostólica Rosario de la Virgen María”, del 16 de octubre de 2002, afirmó: “El Rosario de la Virgen María es una oración apreciada por numerosos Santos y fomentada por el Magisterio. El Rosario, aunque se distingue por su carácter mariano, es una oración centrada en la cristología. En la sobriedad de sus partes, concentra en sí la profundidad de todo el mensaje evangélico.” Por su parte, San Pablo VI lo definía como “un compendio del Evangelio.”

Horacio Robirosa, Voluntario de la Inmaculada Padre Kolbe, Olavarría.

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