Fue el último lechero de Sierras Bayas, la pandemia lo bajó del carro y celebró sus 90 años: la vida del Cholo Corridoni

Entrevista exclusiva de En Línea Noticias / Periodista Jorge Scotton – Imagenes Mauricio Latorre

Este sábado, la Calera 1888 se vistió de fiesta y nostalgia para celebrar los 90 años de Víctor Oscar Corridoni, el eterno «Cholo», un hombre cuya vida es, en esencia, la historia misma de Sierras Bayas. Fue un encuentro rodeado de flores y afectos, donde el último lechero del pueblo compartió su tesoro más preciado: el cariño de su gente.

«Contento de estar junto a esta gente acá, rodeado de flores. Celebrando los 90, que a veces te da miedo, ¿oíste?», confesó con esa picardía que los años no han podido apagar. Para el Cholo, llegar a esta edad no es solo una cuestión de tiempo, sino de gratitud: «Tenía algunos bienes, pero los repartí todos, no tengo nada. Pero me queda la riqueza más grande: la gente, el cariño de la gente. Y esa no la comprás, te la ganás».

Su camino comenzó mucho antes de la leche, cuando a los 12 años caminaba las calles vendiendo agua con un barril atado a la silla de un caballo porque en el pueblo no había suministro. «Yo le llevé agua a doña Matilde Catriel, la última descendiente de los indios. En ese tiempo acá había mucha gente que se hacía la casa y yo les llevaba agua para levantarla».

Sin embargo, su verdadera vocación era otra. Aunque trabajó en la fábrica de cemento San Martín por mandato familiar, el encierro lo asfixiaba: «Fue como que me metan adentro de un tanque de 200 litros tapado». Al regresar del servicio militar, finalmente pudo cumplir su sueño y compró el reparto de leche un 12 de abril.

«Arranqué un 12 de abril a las dos y media de la mañana. Buscaba la leche pasando el aeropuerto, daba toda la vuelta por la Colonia Hinojo y entraba por el Cerro Indiano… todo en carro». Durante 55 años, el Cholo fue el despertador silencioso de Sierras Bayas, uniendo generaciones con su paso cansino y el sonido de su campana. «Viste crecer el pueblo. El Barrio Pueblo Nuevo no estaba, era todo campo. Yo crecí con el pueblo».

En ese largo recorrido, el Cholo forjó vínculos que trascendieron el mostrador del carro. «Llegué en el tiempo de la miseria que Don Helios Eseverri me dio puerta libre», recuerda sobre la crisis de principios de los 2000, cuando el entonces Intendente habilitó la venta de leche cruda para ayudar a los vecinos. «Con Don Helios Eseverri yo era reamigo, reamigo», afirma con orgullo.

Tal era la relación que, a pedido personal de Eseverri, el Cholo encabezó un desfile del 9 de julio con 26 caballos y herramientas antiguas. «Me regaló una placa que todavía tiene mi hija», cuenta. Incluso compartían un sueño que quedó pendiente: «Una vez me dijo: ‘Vamos a hacer el museo’, pero se murió».

La pandemia, en 2020, fue la que finalmente lo obligó a bajarse del pescante, apenas tres días antes de cumplir sus bodas de oro con el oficio. El recuerdo de ese último día todavía le humedece los ojos: «Un 9 de abril me bajaron del carro por la pandemia. Mi hija me llamó: ‘Papá, no vengas por el centro que están agarrando a todos los viejos’. Me vine por atrás y ahí me paré y lloré. Lloré porque sabía que nunca más lo iba a tener».

En un gesto de profunda humanidad, al llegar a su casa, desató a su compañera de ruta por última vez: «Saqué los aperos a la yegua, la llevé al monte y antes de largarla le besé la frente. Le dije: ‘Andate hermana, morí en el campo’. Y murió en el campo. Los caballos para mí fueron todos».

Hoy, a sus 90 años, el Cholo camina por Sierras Bayas y cada rincón le devuelve una imagen de su vida dedicada al servicio. «A veces no quiero venir al pueblo porque me emociono mucho. Cada puerta tiene un recuerdo. Yo andaba en el carro y los chiquitos se subían, les daba caramelos y los hacía manejar… hoy esos chicos son abuelos».

Víctor «Cholo» Corridoni no solo repartió leche; repartió alegría, constancia y una forma de vida que ya no existe, pero que sigue viva en cada abrazo que recibió este sábado en su fiesta.

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