El Santísimo nombre de María

Define el Catecismo de la Iglesia Católica: “Dios llama a cada uno por su nombre. El nombre de todo hombre es sagrado. El nombre es la imagen de la persona. Exige respeto en señal de la dignidad del que lo lleva. El nombre recibido es un nombre de eternidad. En el reino de Dios, el carácter misterioso y único de cada persona marcada con el nombre de Dios brillará a plena luz”.
En las Sagradas Escrituras son numerosas las menciones a su nombre: “Y el nombre de la Virgen era María”, leemos en el Evangelio según San Lucas (Lc 1, 26-27). María —Miriam en hebreo— significa «Señora», Reina del cielo y tierra; también es Stella Maris, la “Estrella del Mar” que guía en la inmensidad. Dice el Cantar de los Cantares: “¿Quién es esta que se muestra como el alba, hermosa como la luna, esclarecida como el sol, imponente como ejércitos en orden?” (Cant 6, 10). En la Anunciación, el Ángel se dirige a María por su título: “Llena de gracia” (Lc 1, 28) y en el Magníficat Ella canta: “Desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones” (Lc 1, 48).
Muchísimos santos se han hecho eco de su nombre y lo exaltan llenos de gozo. Para San Bernardino de Siena: “El nombre de María es alegría para el corazón, miel en los labios y música en el oído”. San Alfonso María de Ligorio afirmaba: “Después del nombre de Jesús, el nombre de María es el más poderoso para salvar a los pecadores”. Por su parte, en su libro El secreto admirable del Santísimo Rosario, San Luis María Grignion de Montfort cuenta que la Virgen, llevando sobre el pecho la salutación angélica escrita en letras de oro, se le apareció a Santa Matilde y le dijo: “El nombre de María, que significa Señora de la luz, indica que Dios me colmó de sabiduría y luz, como astros brillantes, para iluminar los cielos y la tierra”.
El augusto nombre de María, dado a la Madre de Dios, no fue cosa terrenal, ni inventado por la mente humana o elegido por decisión humana, como sucede con todos los demás nombres que se imponen; fue elegido por el cielo y se le impuso por divina disposición, como lo atestiguan, entre otros, San Jerónimo, San Epifanio y San Antonino. “Del tesoro de la divinidad —dice Ricardo de San Lorenzo— salió el nombre de María. De él salió tu excelso nombre, porque las tres divinas Personas te dieron ese nombre, superior a cualquier nombre”. En palabras del Papa Francisco: “Pronunciar el nombre de María es como encender una luz. En la oscuridad, su nombre nos da esperanza”.
Horacio Robirosa, voluntario de la Inmaculada Padre Kolbe, Olavarría.