Pentecostés y María Auxiliadora

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Pentecostés es la fiesta que cierra el tiempo de Pascua. Es el día en que el Espíritu Santo desciende sobre los apóstoles y María, llenándolos de fuerza y unidad (Hechos 2,1-4). San Juan Pablo II decía: “María estuvo en el Cenáculo, en oración, como madre de la Iglesia naciente.” El Espíritu Santo la lanza a la misión, con María, la Madre que acompaña y auxilia.


Pentecostés era la fiesta judía de la cosecha, 50 días después de la Pascua. Dios la transforma en la cosecha de almas. El Espíritu cumple la promesa de Jesús: «El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todo». (Jn 14,26).


María está presente en el Cenáculo para implorar Su venida sobre toda la comunidad. Benedicto XVI decía que “la Iglesia naciente mira hacia ella para aprender la docilidad al Espíritu». Por eso la invocamos como Auxilio de los Cristianos. El título lo popularizó San Pío V después de la victoria de Lepanto en
1571, y San Juan Bosco lo hizo emblema de su obra. Pero su raíz es Pentecostés: María auxilia a la Iglesia sosteniéndola en la oración y en la espera del Espíritu.


San Agustín decía: «Lo que el alma es al cuerpo del hombre, el Espíritu Santo lo es al Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia». Y María es Madre de esa unidad.


El Papa Francisco, en la Vigilia de Pentecostés 2013 expresaba: «Sin el Espíritu, la Iglesia es una ONG. Con el Espíritu, es misión. Y María está ahí para recordarnos que no evangelizamos solos». María es auxilio en la prueba. Sabemos que la Iglesia nace perseguida y María ya sabe lo que es estar al pie de la cruz.
Por eso es Auxilio Perpetuo.


A Pentecostés tenemos que vivirlo perseverando en la oración con María: La receta del Cenáculo sigue vigente: recibir al Espíritu con Ella.


San Josemaría Escrivá decía: «Trata a la Virgen y encontrarás enseguida a Jesús. Y con Jesús, el Espíritu Santo vendrá a tu alma». También debemos ser auxilio para otros. Si María es Auxilio de los Cristianos, nosotros estamos llamados a continuar esa misión. «Lleven las cargas los unos de los otros y así cumplirán la ley de Cristo». (Gal 6,2).


Pentecostés nos muestra que no estamos huérfanos. Tenemos al Espíritu como fuerza y a María como Madre que auxilia.

Horacio Robirosa, Voluntario de la Inmaculada Padre Kolbe, Olavarría.

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