Por unas monedas
Escribe: Angélica Diez, Misionera de la Inmaculada Padre Kolbe, Olavarría.

Por unas monedas
El Miércoles Santo, concluye la Cuaresma y, al mismo tiempo, termina la primera parte de la Semana Santa. En este día se recuerda el episodio más oscuro de la vida de Judas Iscariote, uno de los Doce, la noche en la que el Iscariote se reúne con el Sanedrín, tribunal religioso judío, y pacta con sus integrantes la entrega de Jesús, a cambio de 30 monedas. El plan para matar a Jesús se ha iniciado con: “el primer día de luto de la Iglesia”. Judas no jugó a “cara o cruz”, se “cortó solo” ;fue por el total de las monedas, jugó de triunfador ,de ganador anticipado traicionando la confianza y el amor que Jesús le había dado.
“El ejemplo de Judas, que recordamos el Miércoles Santo- escribe el teólogo dominico Raimondo Sorgia -, es el de estar arrebatado por sentimientos de envidia y avaricia. ¿Acaso soy yo, Señor, el que te entrega? Y ahí, en ese ambiente de intimidad y entrega, sufre Jesús la traición. A lo largo del tiempo, la historia de Judas se repite. Es el misterioso y desconcertante proceder de la condición humana. Judas ha sido capaz de entregar a aquel que sólo le ha demostrado amor y compasión, simplemente porque se ha dejado dominar por un aspecto: la codicia. Se ha convertido en esclavo de sus pasiones, dejando a un lado la verdad, para caer en la mentira de lo aparente y superficial… hasta el punto de llevar a su “amigo” a la traición y la muerte. ¡Qué pena, que los sentimientos, que son para llevarnos con facilidad a algo auténticamente bueno, no se eduquen y acaben en traiciones! ¡Qué importante, adquirir una auténtica educación del corazón, participar de los sentimientos de Jesús para que los nuestros sean de amor! (…) La liturgia de estos días, por un lado, nos invita a elevar al Señor, vencedor de la muerte, un himno de gratitud, y, por otro, nos pide al mismo tiempo que eliminemos de nuestra vida todo lo que nos impide conformarnos a él. Reconozcámonos pecadores y confesemos nuestra ingratitud, nuestra infidelidad y nuestra indiferencia ante su amor. Necesitamos su perdón, que nos purifique y sostenga en el esfuerzo de conversión interior y de constante renovación del espíritu”.
Dice el papa Francisco: “Cuántas veces nos centramos en nuestros deseos o en lo que nos falta, alejándonos del centro del corazón, olvidándonos de abrazar el sentido de nuestro ser en el mundo”, polvo”, Nosotros venimos de la tierra y necesitamos del Cielo, de Él. Con Dios resurgiremos de nuestras cenizas. La historia está iluminada y dirigida por el evento incomparable de la redención: Dios, rico en misericordia, ha derramado sobre todo ser humano su infinita bondad por medio del sacrificio de Cristo”., la Cuaresma, es el tiempo favorable para convertirnos, para cambiar la mirada antes que nada sobre nosotros mismos, para vernos por dentro”.
(*) Angélica Diez, Misionera de la Inmaculada Padre Kolbe, Olavarría.
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