Santísima Trinidad y Visitación de la Virgen María

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El primer domingo luego de Pentecostés celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad,
(conocido como el domingo de la Trinidad). Esta fiesta se estableció por el Papa Juan XXII en el año
1334, para que esta festividad sea observada por la Iglesia Occidental. La Santísima Trinidad es el
dogma central del cristianismo que define a un solo Dios en tres personas distintas: Padre, Hijo y
Espíritu Santo. Son coeternas, consustanciales y comparten la misma naturaleza divina, formando un
misterio de amor y comunión. Se convirtió en dogma en 2 etapas, la primera en el concilio de Nicea,
(325) donde se definió la divinidad del Hijo y se escribió la parte del Credo que se ocupa de Él. Este
concilio fue convocado para hacer frente a la herejía arriana, que afirmaba que el Hijo era un ser
sobrenatural pero no Dios. En el concilio de Constantinopla (381) se definió la divinidad del Espíritu
Santo para combatir la herejía macedonianismo, (se denomina de ese modo, ya que dicha herejía
provenía de personas de Macedonia) que negaban la divinidad de la tercera persona de la Santísima
Trinidad.
SS. Benedicto XVI, el 7/06/2009 nos decía: “Hoy contemplamos la Santísima Trinidad tal
como nos la dio a conocer Jesús. Él nos reveló que Dios es amor «no en la unidad de una sola
persona, sino en la trinidad de una sola sustancia» (Prefacio): es Creador y Padre misericordioso; es
Hijo unigénito, eterna Sabiduría encarnada, muerto y resucitado por nosotros; y, por último, es Espíritu
Santo, que lo mueve todo, el cosmos y la historia, hacia la plena recapitulación final. Tres Personas
que son un solo Dios, porque el Padre es amor, el Hijo es amor y el Espíritu es amor. Dios es todo
amor y solo amor, amor purísimo, infinito y eterno. No vive en una espléndida soledad, sino que más
bien es fuente inagotable de vida que se entrega y comunica incesantemente”.
Los cristianos son bautizados en «el nombre» del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y no en
«los nombres» de éstos (cf. Virgilio, Professio fidei (552): DS 415), pues no hay más que un solo Dios,
el Padre todopoderoso y su Hijo único y el Espíritu Santo: la Santísima Trinidad. (CatIC N° 233)
San Josemaría Escrivá en su libro Forja, nos insta a: “Aprende a alabar al Padre y al Hijo y al
Espíritu Santo. Aprende a tener una especial devoción a la Santísima Trinidad: creo en Dios Padre,
creo en Dios Hijo, creo en Dios Espíritu Santo; espero en Dios Padre, espero en Dios Hijo, espero en
Dios Espíritu Santo; amo a Dios Padre, amo a Dios Hijo, amo a Dios Espíritu Santo. Creo, espero y
amo a la Trinidad Beatísima. Hace falta esta devoción como un ejercicio sobrenatural del alma, que se
traduce en actos del corazón, aunque no siempre se vierta en palabras”. (Punto 296 del capítulo
‘¡Puedes!’. Link: https://escriva.org/es/forja/296/)
Hoy celebramos también la Visitación de la Virgen María cuando tras el anuncio del ángel,
María acude sin demora a casa de su prima Isabel. Tras la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, la
fiesta de la Visitación de la Virgen María se fijó el 31 de mayo, al final del mes dedicado a María, esta
fiesta tiene sus inicios en Bizancio, en la fiesta de la «Deposición en la basílica de Santa María de las
Blanquernas de la santa Túnica de la Theotokos”, el 2 de julio, cuando se leía el Evangelio de la visita
de María a Isabel. Los franciscanos adoptaron esta fiesta mariana y la convirtieron en la Visitación de
María, en 1263. Fue instituida por el Papa Urbano VI en 1389, con el objetivo de poner fin al Gran
Cisma mediante la intercesión de la Virgen.
(*) Abel Galzerano, consagrado y catequista de Banfield.

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