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#IndioEnOlavarría: Editorial / Olavarría estereotipa

Avellaneda

Un breve análisis de los comportamientos sociales. La Olavarría Binaria. Y el no al malabarista «ricotero» 


Según la definición que se recoge en la Real Academia Española, un estereotipo consiste en una imagen estructurada y aceptada por la mayoría de las personas como representativa de un determinado colectivo. Esta imagen se forma a partir de una concepción estática sobre las características generalizadas de los miembros de esa comunidad.

 

El estereotipo es una simplificación de un defecto del grupo en cuestión

 

En Olavarría desde hace meses se está estereotipando a ese colectivo de personas que llenarán el predio Rural “La Colmena” para disfrutar el show – porque no el último – del Indio Solari y los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Si seguimos poniendo la mirada en el concepto de estereotipo debemos agregar: “El uso más frecuente del término está asociado a una simplificación que se desarrolla sobre comunidades o conjuntos de personas que comparten algunas características (en este caso los miles de seguidores de un ícono del Rock Nacional como es el Indio).»  Dicha representación mental es poco detallada y suele enfocarse en supuestos defectos del grupo en cuestión. Acá el punto más importante de los análisis en cuestión. Olavarría estereotipa. Olavarría excluye. Olavarría prejuzga. Olavarría además de todo esto disfruta de lo que está sucediendo en la previa del recital sino nada explica que este último fin de semana la Av. Avellaneda entre Pringles y Rivadavia se haya convertido en la tradicional “vuelta al perro” que muchas veces nos acostumbramos a ver en el centro de la ciudad.

 

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Foto: Jorge Arabito / Facebook

 

Los estereotipos, que están construyendo los olavarrienses, surgen partir de prejuicios respecto a la persona que proviene de una cierta zona del mundo o que forma parte de un determinado colectivo. Dichos prejuicios no son expuestos a la experimentación y, por lo tanto, la mayoría de las veces ni siquiera son fieles al bagaje identitario del grupo al que se encuentran ligados.

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Foto: Dante Lartirigoyen / Facebook

 

No es la primera vez que Olavarría estereotipa, que Olavarría excluye, que Olavarría prejuzga. Hace ya algunos años atrás, nada tiene que ver con el Indio, se construyeron miles de viviendas sociales en la ciudad y al día de hoy se sostiene aquel mito de que las mismas eran ocupadas por “gente del conurbano” traída por el ya fallecido Intendente Helios Eseverri, en una especie de toma y daca con el Gobierno Nacional a cambio de la realización de las unidades habitacionales. Ejemplos como estos abundan. El olavarriense repele, pero a la vez busca sacar ventaja.

 

El olavarriense repele, pero a la vez busca sacar ventaja

 

El actual Intendente Municipal, Ezequiel Galli, fue el encargado de anunciar – el año pasado – que el Indio Solari se presentaría en Olavarría. Horas después se conoció el lugar: El predio Rural La Colmena. Ubicado, quizás, en una de las zonas más conservadoras de la ciudad. De hecho, el sinnúmero de críticas que se encuentra recibiendo el show tiene más que ver con la ubicación, que con el recital en sí. Galli asumió un desafío junto a la producción del Indio. La elección del lugar, quizás si se hubiese realizado en el Autódromo “Hermanos Emiliozzi” no estaríamos hablando de estereotipos, prejuicios y doble moral, de la cual también diremos algo más adelante.

 

Al elegir La Colmena Galli asumió un desafío junto a la producción del Indio. El tiempo dirá si se equivocó

 

Quizás desde la última semana, con más intensidad viernes, sábado y domingo, comenzaron a verse en Olavarría jóvenes que a simple vista y teniendo en cuenta la zona en la que se mueven serán claramente participes de la “Misa Ricotera” del 11 de marzo. Algunos cargan consigo grandes mochilas, otros han instalado trailers en la zona de La Colmena, y se los puede ver recorrer la zona. “Viviendo la previa”, dijo uno de ellos este domingo a “En Línea Noticias”.

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Foto: Jorge Arabito / Facebook

En Avellaneda y Saavedra hay un semáforo. En ese semáforo nunca, pero nunca hubo malabaristas locales. Hoy si hay malabaristas. El semáforo se puso en rojo, eran cerca de las 15 horas, dos vehículos detuvieron la marcha y el joven comenzó a mostrar sus “destrezas” de uno de los vehículos salieron 30 pesos y del otro una suma cercana a los 50 pesos. El joven malabarista con sus tres pelotitas en mano y al tomar el dinero -previo agradecimiento – respondió a la pregunta “¿Vinieron a la Misa?” … “sí, claro amigo que estamos acá por eso.”

 

 

En la memoria de cualquier olavarriense se recuerda la foto de más de siete efectivos policiales rodeando a otro malabarista que se dedicaba a juntar unos “pesitos” en el semáforo de Colon y Rivadavia. Donde siempre hubo malabaristas y donde nunca se escandalizó. Pero el “Malabarista Ricotero” es distinto al “Malabarista de Olavarría”: La diferencia no la hacen ellos la hace Olavarría. ¿Por qué? Olavarría estereotipa. Olavarría excluye. Olavarría prejuzga.

 

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El momento de indetificar al malabarista ricotero

 

Vamos más allá en el análisis. Ud estimado lector ¿Cuántas veces pasa por el semáforo de Colon y Pringles? Seguramente muchas como nosotros y seguramente alguna vez le permitió a los olavarrienses ahí presente que limpiarán su parabrisas. Otras veces habrá cerrado la ventanilla de su auto para ni siquiera darle una moneda de 0.25 centavos.  Pero si el limpiavidrios es “ricotero” seguramente se escandaliza y hasta llama a la Policía para que lo vayan a identificar, como sucedió con el malabarista que por orden de autoridades policiales y municipales fue identificado tres veces en pocos días. Le tenemos miedo al que nos invade, y el que nos invade viene a vivir una fiesta. Que no termine en otra cosa será responsabilidad de esas mismas autoridades municipales y policiales que identificaron tres veces a joven -llegado de vaya a saber dónde – y que busca el mango haciendo malabares.

 

Repelen a los «ricoteros» pero no dejan de pensar en como ganar unos pesos con los mismos que repelen

 

La ley de la Oferta y la Demanda como corresponde sacó a la luz otra cosa en estos días “la doble moral” del olavarriense medio. Si bien Olavarría estereotipa. Olavarría excluye. Olavarría prejuzga. Son los mismos olavarrienses, muchos de ellos en la Avenida Avellaneda o en el Barrio San Vicente, los que han puesto a disposición hasta un terreno de 2 x 2 para que los “ricoteros” puedan poner una carpa y dormir durante los tres días que dura la previa, el show y la desconcentración. Acá esta la mayor contradicción “nos van a destrozar la ciudad”, dicen algunos, pero no dudan en cobrar de manera arbitraria cualquier espacio de su propiedad -están en su derecho – para alojar a los mismos que ellos consideran que van a destrozar la ciudad.

 

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Foto: Jorge Arabito / Facebook

 

La situación de los comercios que se encuentran linderos al predio, no es un dato menor. En la última semana se ha escuchado que muchos mantendrán la puerta cerrada de los mismos ante el avance de la horda ricotera que arribará a la ciudad para disfrutar del show -reiteramos quizás sea el último, o no – pero por las dudas cierran. Cierran por miedo, por un miedo que se ha convertido ya en generalidad en la ciudad. Incluso el miedo de la ciudad trasciende las fronteras de los barrios lidenderos, hay miedo hasta en el Barrio Sarmiento Norte. Esto es porque Olavarría estereotipa y prejuzga.

 

No es menor. Olavarría tiene una huella, pareciera y es solo una hipótesis, de aquel recital primero habilitado de los Redonditos de Ricota en el año 1997 y luego suspendido (48 horas antes) por el Intendente Helios Eseverri, pero no en soledad como muchos creen sino con la presión de la misma Olavarría que estereotipa, que excluye y que prejuzga. Eseverri no tomó una decisión arbitraria, Eseverri tomó esa decisión por la presión de ciertos sectores locales que, como se vuelve a repertir, estereotipan y prejuzgan.

 

Esta semana será más ruidosa que las anteriores. El escenario ya se erige en El Predio Rural La Colmena. 300 técnicos se encuentran trabajando para montar y preparar el predio. A la par comenzarán a llegar más “ricoteros”. Seguramente van a pulular por la ciudad. Pero también querido lector muchos olavarrienses comenzarán a ver engrosados sus bolsillos con el dinero que algunos “ricoteros” dejen para alojarse, comer, y hasta ir al baño. Si, ir al baño, dado que algunos piensan en que se debe cobrar el ingreso al baño.

 

Claro que no esta mal, pero no prejuzguemos. Y como alguien dijo en algún momento «que el 11 de marzo sólo sea Rock»

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