Opinión | No hay que ser egoísta. Hay que pagar los impuestos

Escribe: Carlos J. Paladino


Escribe: Carlos J. Paladino

Los meses nos caen encima con una prontitud que asusta. No terminamos de pagar la tracalada de impuestos y demás contribuciones de un mes, cuando, casi sin dejarnos respirar, tenemos que empezar a juntar guita para afrontar los del nuevo mes. Esta vez ignoramos de que cifra hablamos. Pagamos con más penas y menos gloria. Aunque es verdad que no deja de ser una bendición, la posibilidad que nos otorgan de poner de manifiesto, nuestro “glorioso” patriotismo.Es así. Hay acuerdo entre el gobierno y la oposición en despertar en nosotros una vocación altruista, imprescindible para sostener a esa especie de “Nomenckatura” (estamento burocrático privilegiado usado en los países del bloque comunista para recompensar a sus agentes por los servicios prestados), que nos representa y nos cuida. Mediante este altruismo forzado, instalan en sus gobernados, la preocupación desinteresada hacia los demás, sin pedir nada para uno. Es decir; la ansiedad por satisfacer las necesidades de la sociedad es problema del argentino medio, y no, una obligación que atañe al estamento dirigencial clásico del medioevo improductivo.

Por lo tanto, ¡¡debemos pagar sin titubear todo aquello que nos caiga en suerte!!.  Caso contrario estos dirigentes de la democracia que supimos conseguir, no podrán cobrar sus sueldos y demás emolumentos a fin de mes, como corresponde a cualquier trabajador asalariado. Se lo han ganado, es más; creemos que son poca cantidad y hasta serían mejores funcionarios si ganaran un poco más. Es poco.  De no darles mejores condiciones económicas, estaríamos poniendo, aún más en peligro, a la crítica situación por la que atraviesa una Argentina que requiere del consumismo. Los argentinos debemos comprar para activar la economía del país.                                 

La clase privilegiada es uno de los resortes que moviliza la maquinaria del consumismo criollo. y, además, contribuye al desarrollo general de la industria. Si no, comprobemosLos beneficiados de la política: compran autos (in. automotriz), siempre tienen la heladera llena (in alimentaria), cambian el ropaje (in textil), contratan viajes (in del turismo), compran casas, quintas y hasta campos (especulación y proyectos inmobiliarios),  toman empleados (que – lógicamente – no abonan con dinero que sacan  de sus bolsillos) fomentando la ocupación y generación de futuros regidores públicos, etc. Son o no son motivo valederos para que  realicemos un esfuerzo por el bienestar de esta encumbrada clase social. ¿Es posible imaginar un país donde falte un grupo dirigente como el que hoy nos conduce? ¿Prevalecen en algún lugar en especial? No, están diseminados y sobresalen en todo el territorio. ¿Son un cuerpo colegiado que funciona al unísono? No, los hay de excelencia. Se destacan por su altruismo, si, pero con dinero ajeno. El saber popular diría “Taura con plata ajena”Cabe preguntarnos…¿podemos esperar en el futuro de cuadros políticos que piensen más en nosotros, los argentinos sufrientes? Si, por supuesto que podemos, pero los tiempos de la democracia van a destiempo de las necesidades imperiosas de una nación llena de extrema pobreza. Se requiere patriotismo, discusión, acuerdos, sacrificios, respeto, honradez, etc., en fin, son muchas virtudes concentradas en unos cuantos.
El tiempo y la política han conspirado, sin tregua, contra las aspiraciones comunes de la gente y, para colmo de males, nos cae como “peludo de regalo” una pandemia devastadora, elementos que conjugados instalan la miseria y la angustia de manera despiadada, y donde los exponentes de la escasa riqueza que producen permanecen en una situación de la cual no saben cómo salir, si es que logran salir.             

Las peripecias argentinas encuentran solución en el despilfarro estatal. Hay que achicar las erogaciones superfluas del Estado para equiparar sus cuentas  Pero, eso es difícil sin una voluntad expresa y sin la determinación de leyes  consensuadas.. Un gasto público no ahorra, incorporándose 140 empleados que la Defensoría Pública, a cargo de la señora Mirian Lewin, necesita cubrir en un novedoso estamento burocrático llamado Nodio, mientras que,  la Oficina Anticorrupción cierra por no disponer de personal para trabajar en las 32 causas de corrupción de exfuncionarios. En mayo la OA retiró las querellas sobre las causas de Los Sauces y Hotesur- Una reciente medida la desvincula de causas importantes como: la ruta el dinero K, los cuadernos de Centeno, la cartelización de la obra pública, y otras derivadas de Ciccone-Boudu,  Odebrecht. De esta manera no se reduce el gasto público y, menos, sin dar rienda suelta a una serie de acciones sospechosas. Existen indicios que dicen que la administración Kirchner sumó 1,5 millones de empleados, que hoy que causan un efecto nocivo al erario. ¿Ahora: se los puede echar y dejarlos de patitas en la calle? Sería demasiado cruel.

Nuestra Argentina, ha perdido el color de la esperanza que supo cautivar a los extranjeros de antaño,  para teñirse de colores sombríos, oscuros, indecentes, que la asocian con proyecciones tenebrosas y desesperanzadas. Los principales actores de la política nacional no enseñan sus intenciones de haber aprendido de sus propios errores e ir en busca de una reparación,; no dan muestras de terminar con el aprovechamiento coercitivo que emana de sus funciones. Quien sabe; tal vez, el encierro que nos prodiga esta maldita pandemia, nos ayude a recapacitar un poco, acomodar las ideas desordenadas que rondan en nuestras cabezas y reflexionar y actuar en consecuencia.

Mientras tanto ¡¡PAGUEMOS LOS IMPUESTOS QUE NOS MANDEN!! No importa que sean baratos o caros.Nuestros aportes son imprescindibles para que puedan vivir con dignidad una casta privilegiada de la política nacional.     
                                                                                 

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