A 44 años del hundimiento del Belgrano: los héroes de Olavarría que sobrevivieron a la tragedia

Este 2 de mayo se cumplen 44 años de uno de los episodios más dolorosos y emblemáticos de la Guerra de Malvinas. El hundimiento del crucero ARA General Belgrano representa la mayor tragedia naval de la historia argentina, un suceso que dejó una herida abierta en la memoria nacional al registrarse la muerte de 323 tripulantes, casi la mitad de las bajas totales de nuestro país durante el conflicto de 1982.
La acción militar ocurrió fuera de la zona de exclusión delimitada arbitrariamente por Gran Bretaña, razón por la cual gran parte de la comunidad internacional y los historiadores sostienen que el ataque del submarino nuclear HMS Conqueror constituyó un crimen de guerra. El área del impacto, en la cuenca de Los Yaganes a 4.200 metros de profundidad, es hoy reconocida por ley como lugar histórico nacional y tumba de guerra.
El rol de los olavarrienses en el gigante de acero
Dentro de la dotación de 1.093 hombres que navegaban en el crucero, Olavarría estuvo representada por jóvenes que hoy son testimonio vivo de aquella gesta. Entre ellos se encontraban Sergio Violante, quien cumplía funciones en la panadería del buque; Walter Bahl y Gustavo Gil, encargados de la vigilancia estratégica como radaristas; e Ismael Robert, (Radicado en Laprida) quien se desempeñaba en la sala de máquinas, uno de los sectores más afectados por los impactos.

Todos ellos lograron sobrevivir no solo a las explosiones de los dos torpedos que destruyeron la proa y la sala de máquinas, sino también a la angustiante espera en las balsas sobre las gélidas aguas del Atlántico Sur, con olas que superaban los 9 metros de altura. Su regreso a la ciudad permitió mantener vivo el relato de lo ocurrido aquel domingo de mayo, cuando el buque tardó apenas una hora en irse a pique.
Crónica de un ataque histórico
El Belgrano había soltado amarras desde Ushuaia el 24 de abril con la misión de vigilar las intenciones de las fuerzas británicas. Sin que la tripulación lo supiera, el submarino Conqueror ya seguía su rastro, esperando el momento preciso para abrir fuego. A las 16:02 del 2 de mayo, el primer torpedo sentenció el destino de la sala de máquinas, mientras que el segundo terminó de destruir la estructura. Pocos minutos después, el comandante dio la orden de abandonar la nave.
A pesar de los años transcurridos, el esqueleto del viejo acorazado nunca pudo ser hallado. Expediciones de la Armada Argentina y National Geographic intentaron localizarlo en 2003, pero las condiciones climáticas extremas del sur impidieron el hallazgo. Hoy, al cumplirse 44 años, el silencio de las profundidades custodia a los héroes, mientras que en Olavarría, nombres como los de Violante, Bahl, Gil y Robert continúan siendo el puente necesario para que la causa Malvinas no pierda su vigencia.