Diplomacia Corporativa y Poder Blando como estrategias de Influencia Internacional
Cómo las empresas reducen la incertidumbre y amplían su poder mediante inteligencia estratégica y diplomacia empresarial.
Iván Fernando Mérida Aguilar PhD.

El presente está cambiando aceleradamente. No son cambios que pueden dar lugar a una acomodación sencilla o a una absorción de todos los elementos transformados por las tecnologías actuales, porque la aceleración que vivimos está afectando enormemente cómo interactúan los humanos entre sí. La inteligencia artificial, de hecho, está influyendo sobre el nivel de producción de las grandes multinacionales y, con ello, llegan mecanismos que hiperconectan potenciales nodos de comercio global, desplazando viejos mecanismos rutinarios de relacionamiento basados en el orden global del s. XX.
De hecho, esta es una de las transformaciones históricas y geopolíticas más grandes de la historia humana, en la cual muere el viejo Derecho Internacional surgido después del horror de las dos grandes guerras del siglo pasado para dar paso a una reconfiguración en torno a alianzas y ejes de poder global en un marco completamente realista, dejando la lentitud que supusieron las instituciones internacionales de posguerra y borrando las barreras idiomáticas en el procesamiento masivo de información n. Por lo que, se hacen más ágiles y sofisticadas para establecer conexiones aprovechando momentos precisos para invertir e influir desde el uso de ingeniería de datos y equipos sofisticados que puedan hacer uso de la IA en conjunción con habilidades blandas para posicionar la imagen de una empresa a nivel internacional, defendiendo no solo su imagen y marca, sino adelantándose a escenarios complejos de potencial riesgo sobre la reputación de marca.
En ese sentido es que la diplomacia corporativa se hace ya no presente, sino imperativa, porque existe una dislocación de los protocolos y mecanismos exclusivos de los Estados para ser adoptados por el mundo corporativo. La figura del diplomático ya no solo es la del representante de un Estado burocrático en otro Estado igual de pesado y lento, sino la de un representante global que negocia a diferentes niveles, abriendo oportunidades y conectando voluntades para empresas nacionales e internacionales, adelantándose de forma más directa y en uso de las tecnologías actuales dentro de mercados que exigen velocidad y capacidades especiales.
Y en tanto que la diplomacia pública busca influir en la opinión externa de un Estado en favor de los intereses nacionales, la diplomacia corporativa actúa en el ámbito privado, en construcción de mecanismos de relación comercial que destaquen actores privados de forma más rápida y directa que la diplomacia ejercida por los Estados, la cual es mucho más general por su actuación sobre asuntos de seguridad, ciudadanía nativa y promoción cultural.
Es más, el diplomático corporativo tiene, de hecho, la función de ayudar y acompañar al CEO de una compañía en la toma de decisiones estratégicas sobre el plano internacional sobre el que la empresa busca actuar para tener más notoriedad e influencia, amplificando el marco de acción de los directivos de empresa, dándoles velocidad y saltando los pesados pasos que exige esperar la voluntad de los diplomáticos estatales y sus anquilosadas formas propias del servicio público.
En la diplomacia corporativa no solo se analizan los pasos estratégicos, sino también las normas, los grupos de interés, los de lobby y las redes de networking que se trabajan para generar confianza mediante la construcción de reputación. Asimismo, la posibilidad de desarrollar habilidades interrelacionadas de comprensión de política internacional, economía comercial, y comunicación basada en técnicas de inteligencia de fuente abierta (OSINT), constituyen elementos que destacan el peso de la diplomacia corporativa para las empresas.
Quienes fueron formados en diplomacia y aplican sus conocimientos para y hacia las empresas no solo destacan por tener habilidades blandas de negociación o de análisis estratégico de escenarios complejos, sino que calculan riesgos potenciales analizando las debilidades y fortalezas de la competencia, lo que les da ventaja competitiva frente a otras áreas formativas menos exclusivas.
Por lo que una empresa globalizada, abierta al mercado internacional, requiere estas habilidades de negociación, liderazgo y comunicación cultural propias de la diplomacia y aplicada a la diplomacia corporativa. Esta aplicación de habilidades usadas por estadistas potencia a una empresa, permitiéndole ver las motivaciones mediante informes de inteligencia que históricamente han sido reservados por los oficiales de inteligencia militar y diplomáticos estatales.
No obstante, en la labor del diplomático corporativo, el CEO actúa como el estadista; quien posee la visión de largo plazo. Así, sus acciones deben ser medidas y calculadas para generar alianzas y disuadir acciones contrarias a la reputación de la empresa, porque la relación con los stakeholders debe ser siempre cuidada y gestionada como una relación con los reguladores y jerarquías que permiten el desarrollo de una empresa en un contexto externo ajeno al marco cultural de origen.
En el presente, las multinacionales, debido a su apertura global, cuentan con áreas de relaciones internacionales que se encargan de gestionar los vínculos con los Estados, organismos intergubernamentales y otras empresas transnacionales en proyectos mucho más complejos. Por lo tanto, la diplomacia corporativa establece relaciones dinámicas que gestionan situaciones de crisis desde una lectura cultural, geoestratégica, política y completamente vinculada con los acontecimientos internacionales que influyen en las acciones de las empresas en diferentes partes del mundo.
Y mientras más importancia gravitatoria tenga una empresa internacional, más necesario le es tener un equipo de diplomáticos corporativos que hayan sido previamente formados en la diplomacia, porque se debe gestionar la incertidumbre geopolítica, las regulaciones producidas por cambios políticos y sociales en diferentes niveles de poder global o desde los hegemones internacionales sobre las potencias menores y sociedades periféricas. Por lo que surge una necesidad de lectura, tanto social como política, que aporte ventaja estratégica dirigida hacia la influencia dentro de las naciones sobre las que operan.
En este punto, el desarrollar capacidades de inteligencia, construcción de reputación empresarial, lobby y networking se hace esencial porque se combina con el análisis que antecede a la representación y la negociación diplomática. Debido a que en el presente el boicot a las marcas es mucho más fácil y rápido de realizar y ejecutar, las grandes marcas requieren contracampañas realizadas por expertos en reputación. Ahí se realza la figura del diplomático que piensa en la imagen que es vulnerada y en las formas en que se puede evitar un mayor daño, ya sea por parte de grupos radicalizados u opinión pública bajo influencia externa.
Por otro lado, y después de comprender cómo funciona la diplomacia corporativa, es destacable afirmar que la labor del diplomático corporativo es cualitativa; esto implica que sus resultados se dan directamente al CEO. Por otro lado, es la inteligencia obtenida la que guía el análisis y recomendaciones para la dirección ejecutiva. Así, la diplomacia corporativa que brinda una consultora privada debe considerar: el ámbito geopolítico en su conjunto, analizando variables, escenarios y modelos de conflicto que se relacionan con la estructura económica de aranceles, controles estatales, incentivos más las restricciones que cada nación impone a empresas extranjeras; el ámbito sociopolítico que implica el análisis de las consecuencias que puede provocar la empresa sobre un entorno extranjero, por lo que es aconsejable ver el nivel de responsabilidad social a desarrollar para limitar cualquier potencial punto de conflicto sobre los intereses de otras empresas locales; el ámbito normativo, por el que las normas que antes eran en términos globales y comerciales de sociedades abiertas hoy pueden ser nacionalistas y en sentido focalizado al bien e interés nacional. Esto significa que pueden darse escenarios de regulación dura, ya sea por políticas medioambientales o como estrategia para el cuidado de la industria interna.
Así, debido a la existencia de estos ámbitos, la lectura de la diplomacia corporativa sobre ellos permite responder mejor ante las crisis, identificándolas tempranamente antes de que los eventos se desarrollen, estableciendo redes de influencia, creando narrativas corporativas, midiendo la percepción externa y proveyendo a los CEOs de herramientas para interactuar en entornos culturales distintos y con sistemas complejos.
Con la diplomacia corporativa, las empresas de proyección internacional también pueden establecer puentes culturales de buena voluntad hacia una potencia o hegemón, conectando con su sistema económico, con sus organizaciones institucionales y su cultura. Todo esto entra dentro del poder blando que una sociedad puede desplegar al exterior, sin una necesaria intervención de la diplomacia pública; así, la diplomacia corporativa canaliza este poder blando proveniente del sector privado empresarial hacia el sistema global, lográndose que las empresas y corporaciones se conviertan en fuerzas de cambio externo.
Con el potencial para influir y frenar campañas de odio hacia un sistema cultural, la diplomacia corporativa hoy puede estabilizar la imagen de las potencias occidentales, de Estados Unidos en primer lugar frente a las audiencias adoctrinadas con antiamericanismo. No solo el hecho de que la diplomacia corporativa funcione en un mundo capitalista la hace necesaria, sino su versatilidad y flexibilidad en el momento de actuar diplomáticamente a favor de los negocios sin los pasos burocráticos que la diplomacia formal exige en las relaciones bilaterales y multilaterales.
Por otro lado, la complejidad de tecnologías globalizadas dentro de sociedades abiertas y cerradas, más la hiperconexión mundial, implica la necesidad de lectura geopolítica hacia la gestión de la incertidumbre dentro de los mercados. Aunque una corporación no tenga fronteras visibles de acción, si busca el apoyo de su Estado original debe defender sus intereses implícitamente, y esto engarza con un modelo de civilización flexible y abierto: el modelo occidental. No obstante, esta acción debe leer el entorno, la cultura y la historia del Estado receptor.
De esta manera, la diplomacia corporativa se afianza como una práctica dirigida hacia el relacionamiento con stakeholders para buscar establecer un marco de legitimidad operativa mediante alianzas e influencia del entorno a través de la negociación constante de intereses mutuos. También es destacable recordar que el mundo contemporáneo ha atravesado profundas críticas a los modelos más avanzados de generación de riqueza; la crítica al capitalismo ha desembocado en una mayor conciencia de los efectos que puede tener el accionar de multinacionales sobre entornos hostiles al capital e inversión extranjera. Por esto es que la diplomacia corporativa procura mantener la legitimidad con la creación de puentes de diálogo y negociación con los entornos hostiles y en favor de equilibrios benéficos tanto para los inversores como para las sociedades receptoras de estas inversiones.
Para la empresa, lo importante es que la diplomacia corporativa logre establecer legitimidad, permitiendo más oportunidades de negocio y mejor desempeño financiero, lo que resulta en mejor estrategia competitiva. Esta estrategia competitiva implica la reducción de riesgos políticos, lograr aceptación social, desarrollo de influencia directa e indirecta, facilitando operaciones de largo plazo y logrando más oportunidades de negocio.
Entonces, la diplomacia aplicada a los negocios y a la empresa termina construyendo relaciones personales mediante conversaciones, cenas privadas, reuniones y encuentros que permitan establecer confianza mutua; estableciendo una narrativa mediante entrevistas mediáticas, comunicación con comunidades de interés para obtener legitimidad preventiva; invirtiendo en el entorno social de forma estratégica con el patrocinio de actividades y eventos que permitan buena voluntad y capital reputacional; posicionando al capital humano de la empresa como expertos que se integran al entorno local al compartir conocimiento mediante capacitaciones, y asesorías; transparentando sus acciones con la comunidad, autoridades y otros sujetos de interés, creando familiaridad y limitando la oposición política; además de actuar en el marco institucional al participar en foros internacionales, asociaciones y conferencias, para finalmente posicionarse simbólicamente en la mente de miembros del sector al darles reconocimientos y distinciones.
De esta manera se prepara el terreno durante sus operaciones y antes de la crisis, obteniendo una licencia social de operación, lo que les permite superar crisis de confianza ante problemas graves como impacto ambiental o conflictos laborales. Por lo que es importante establecer contactos frecuentes, crear confianza, lograr buena voluntad, obtener legitimidad, reducir riesgos políticos y obtener más oportunidades de negocio para acceder mejor al mercado logrando aquellas ventajas competitivas que concluyen en mayor rentabilidad.
Finalmente, el diplomático corporativo, dentro de todo este marco de elementos propios de la diplomacia corporativa, se afirma como un relacionador político, cultural, defensor de reputación, negociador, creador de confianza, analista de riesgos, creador de alianzas y gestor estratégico de sujetos de interés. Es en todo ello que radica su importancia: la importancia de quien comprende que la diplomacia empresarial es preventiva y reactiva, de quien considera que la confianza se construye previamente a las negociaciones formales, de quien busca la influencia antes que la presión, de quien afirma primero la legitimidad social antes que la legal, de quien crea relaciones interpersonales como tejido de la confianza que antecede a las instituciones locales y nacionales, demostrando que en el s. XXI, la competitividad estratégica empresarial ya no depende solo del mercado, sino de la capacidad de construcción de legitimidad y confianza antes que poder.
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