Fray Jorge Peixoto se despidió de Olavarría en una misa multitudinaria

Tras su paso por la ciudad, Fray Jorge Peixoto celebró su misa de despedida este miércoles a las 20 horas en la Iglesia San Francisco de Pueblo Nuevo. Ante una numerosa comunidad que colmó el templo para agradecer su labor pastoral, el religioso compartió su última ceremonia antes de trasladarse a la localidad de Moreno, provincia de Buenos Aires. Allí, el próximo 20 de enero, cumplirá 50 años desde su ordenación en la orden franciscana al servicio de Dios.

Durante su homilía, Peixoto destacó que despedirse significa «salir a caminar» y pidió permiso a la comunidad para emprender este nuevo viaje. Al reflexionar sobre su paso por la ciudad, señaló los proyectos compartidos: «Hoy puedo comprobar que hay sueños muy humanos. En Guadalupe tuvimos el sueño de la comunidad paraguaya integrada; tuvimos el sueño de los muchachos que están en el consumo y de las familias desgraciadas por las adicciones; tuvimos el sueño de las cooperativas de los trabajadores».

El fraile subrayó que la vida es un viaje constante y que la misión debe realizarse con gratitud: «No le tengas miedo a las despedidas, a ponerte a caminar… la vida es un viaje y en el viaje de la vida yo cambié un montón de cosas», expresó. Asimismo, instó a los presentes a no quedar atrapados en el pasado para poder seguir construyendo en comunidad.

Por otro lado, en su reciente paso por el ciclo de entrevistas CoNverSo, el religioso profundizó en su identidad como «cura callejero», concepto que marcó su impronta en Olavarría. Definió la calle como un espacio sagrado que permite «humanizar y liberar» al salir de las estructuras institucionales para encontrarse con la realidad social.

En dicha entrevista, Peixoto resaltó su compromiso con sectores vulnerables, mencionando el trabajo con las cooperativas del MTE en el relleno sanitario y la labor del «Grupo de Esperanza» con familias afectadas por las drogas. Al respecto, dejó una definición saliente: «Se sigue viendo al adicto como un enfermo individual y no como un enfermo social», cuestionando la falta de un abordaje comunitario integral. Finalmente, rescató la figura de Fray Romeo, aunque propuso la necesidad de un «Romeo sinodal», donde el protagonismo no recaiga en una sola persona sino en un movimiento colectivo volcado hacia la justicia y la fraternidad.

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