Ubicuas


Escribe Lic. Marcela Blaufuks

«Ahora es posible pasarse cuarenta y ocho horas al día delante de la pantalla, de modo que ya no hay que estar en contacto con esa remota ficción que es el mundo exterior. Además, un acontecimiento puede hacerse ir hacia adelante y atrás, y al ralentí y a doble velocidad. ¡Se puede ver a Antonioni a ritmo de Mazinga! Ahora la irrealidad está al alcance de todos.»

Umberto Eco

Vivimos un tiempo resistido. Un tiempo de ilusión. Cuando pienso en cómo hoy se accede a la información y al conocimiento, emerge la conciencia postletrada. Durante casi quinientos años, la cultura occidental estuvo dominada por la imprenta. El libro, sinónimo de autoridad, talla bordes que guardan poder. Poder para el que escribe y poder para el que accede. Depositario por años de la verdad, testigo del Siglo de las Luces, íntimo, abre la puerta a la vez que entra en luchas ante la explosión de la red.


El entorno digital no sólo cambió la forma de acceder al mundo, cambió nuestra cognición. Procesar la información, recordar y mantener la atención mutan de la intimidad del libro a una lectura rápida y saltona, de la concentración a la multitarea que reduce la profundidad del pensamiento. El efecto de Internet en nuestras mentes se traduce en olvido, superficialidad y fatiga. Y en ese camino que va desde el libro impreso a la textualidad digitalizada, pasamos de una metáfora de la linealidad y la reflexión, a una alinealidad y a una coproducción de la “realidad”. Y allí lo complejo de nuestro tiempo. Salimos de esa intimidad que completaba al autor y avanzamos a la interactividad, el consumo acelerado y la coautoría. Memes, likes, comentarios, reposteos. Somos protagonistas en la paz y en la guerra, en lo sustancial y en lo irrelevante donde se funde el tiempo y el espacio


¿Estaremos retrocediendo? O podemos pensar como Thomas Pettitt, quien en -«Oral Tradition and Digital Technologies» hecha luz sobre la red y al intento de convertir a Gutenberg en un mero paréntesis, la oralidad volvería a convertirse en el oxígeno cultural persuasivo que siempre fue antes de su colapso a mediados del siglo XV, y la mayoría de las interacciones humanas volverían a su estado líquido de conversaciones, chimentos y rumores , un hipotético y plausible origen del lenguaje y reivindicación de lo efímero, tres elementos definitorios de la cultura interneteana actual. Estamos frente a una nueva forma de civilización y para comprender hace falta recuperar la atención.


La vida cotidiana se tiñe de luces, omnipresentes en los dispositivos, la inestabilidad avanza y pone fin a lo previsible. ¿Qué será entonces lo real? En tiempos de inteligencia artificial esta es la discusión. Formar y formarnos se vuelve más que un desafío. Y es lógico que nos sintamos un poco a la deriva. Pensar en lo vulnerable que somos es reconocer el impacto del cambio profundo y veloz que nos atraviesa cuan tempestad. Las pantallas nos presentan la transparencia perdida y a cambio la ficción al servicio de la verdad. El mundo extremo convive con la pérdida de la ingenuidad. Y aparece la duda como la materia prima necesaria para volver a pensar. La productividad se mide en flujos. Y lo que nos devolvía la conversación nos encierra en adaptaciones a nuestra medida. Así llegamos a la era de los agentes que generan el contenido “correcto” en el momento “correcto”. Lo cierto es que la inteligencia artificial ha permeado en casi todas las áreas. La podemos ver como amenaza u oportunidad a la vez que necesita el debate ético en un momento donde parece no haber espacio.

En el ámbito educativo, se liga a las sociedades del conocimiento con su principal característica del auto aprendizaje y donde lo convencional se percibe como obsoleto. En este contexto replantearse los aspectos primordiales de la educación: qué enseñar, cómo enseñarlo y cómo evaluar el aprendizaje, implica pensar enfocándose en el impacto social. Y en él reconocer que ya no somos los mismos, fuimos transformados. Pensar entonces cómo afrontar este escenario requiere muchas voces que integren lo complejo del presente, voces que recuerden lo esencial para nuestra sociedad, voces que luchen por lo común y voces que nos abran al futuro y sus desafíos. No serán los proyectos del pasado pero será algo nuevo que nos marque un rumbo en el ruidoso caos del presente.

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