Ernesto Vignau en CoNverSo: “La obra pública es fundamental para el crecimiento de un país”
El presidente de VISAN Ingeniería estuvo en CoNverSo.

En una nueva edición de CoNverSo, Fabricio Lucio recibió en los estudios de En Línea Noticias al ingeniero Ernesto Vignau, titular de Visan Ingeniería, para recorrer la historia de una empresa vinculada durante décadas al desarrollo y a la actividad constructiva de Olavarría.
La charla propone conocer no solo el recorrido de Visan Ingeniería, sino también la historia personal y profesional de Vignau, sus comienzos, los desafíos que atravesó a lo largo de los años y su mirada sobre el presente de la construcción y el desarrollo de la ciudad.
Durante la entrevista, el ingeniero repasará los orígenes de la firma, los primeros trabajos junto a su socio Sansimoni, el impacto de la crisis de 2001 y algunas de las obras realizadas en Olavarría y la región.
También habrá espacio para hablar sobre la obra pública, la actividad industrial, la importancia de la capacitación y el papel de los trabajadores locales en una industria que, para Vignau, requiere necesariamente de un trabajo colectivo.
Fabricio Lucio: ¿Qué te llevó a estudiar ingenería?
Ernesto Vignau: No sé si fue casualidad, pero soy nacido en Azul. Hice la escuela primaria en la Escuela Normal y el secundario en la Escuela Nacional de Comercio, orientado al comercio. En ese momento, mis padres eran trabajadores y yo no sabía si iba a poder seguir una carrera universitaria.
Cuando estaba por terminar el secundario, las posibilidades que tenían mis padres para ayudarme a estudiar eran quedarme en Azul, donde estaba Agronomía, o venir a Olavarría, donde estaban Ingeniería y Ciencias Económicas. Ciencias Económicas ya se estaba por ir a Tandil y ahí apareció mi posibilidad. Yo no quería ser ingeniero agrónomo y me empezó a interesar la Ingeniería en Construcciones, siempre orientado hacia eso. Así comenzó mi vocación por la ingeniería. Un poco no tenía muchas opciones por la situación económica de mis padres, pero la verdad es que acerté, porque me encanta la ingeniería.

Fabricio Lucio: Me quedo un segundo con esto: una familia con pocas posibilidades, pero empujando a su hijo al estudio. ¿Por qué eso?
Ernesto Vignau: Mi viejo es un genio, porque ellos no tuvieron la posibilidad de estudiar y querían que alguno de nosotros pudiera hacerlo. Mi hermana estudió profesorado en Azul y pudieron mandarme a mí a Olavarría con mucho esfuerzo. Le agradezco a mi viejo el esfuerzo que hicieron para hacerme estudiar.
Fabricio Lucio: ¿A qué se dedicaban tus padres?
Ernesto Vignau: Mi viejo era carpintero mueblero, tenía una mueblería con sus hermanos. La familia Vignau en Azul es sinónimo de carpinteros: había cuatro o cinco hermanos que eran carpinteros. Mi viejo dirigía la mueblería y después hizo de todo, porque era un hombre muy trabajador y emprendedor.
Mi vieja, una hija de italianos, también era muy emprendedora, con un empuje enorme. Entre los dos fueron realmente un ejemplo de vida, de emprender y de empujar.
Fabricio Lucio: Emprender y empujar son conceptos que entraron después en tu vida.
Ernesto Vignau: Sí. Creo que nací con el espíritu, más que nada, de mi madre, que era mucho más emprendedora. Mi viejo acompañaba, era un hombre muy trabajador, pero la que tenía la fuerza era mi madre. Ella tuvo una peluquería, después un almacén y también venta de calzado. Eran muy emprendedores y, principalmente, buena gente.
Fabricio Lucio: Esa hermana que mencionaste, ¿fue tu única hermana?
Ernesto Vignau: Sí, fue mi única hermana. Falleció a los 39 años, lamentablemente, muy joven. Uno la extraña, pero es la vida.
Fabricio Lucio: Más allá de la poca distancia entre Azul y Olavarría, ¿cómo fue esa experiencia universitaria acá en la ciudad? ¿Cómo la llevaste?
Ernesto Vignau: Arrancamos viajando porque en ese momento teníamos curso de ingreso y era entrar o no entrar. Entonces le dije a mi viejo: “Vamos a hacer una cosa, no vamos a alquilar nada, voy a viajar todos los días”. Hice un sacrificio importante viajando todos los días hasta que entré. Una vez que ingresé, salimos a buscar un lugar para vivir acá en Olavarría. El primer tiempo del curso de ingreso lo hice viajando. Mi viejo me esperaba con un plato de comida a la noche para que le contara cómo me había ido y a las 6 de la mañana tomaba el colectivo para venir. Recuerdo que con mis amigos del curso de ingreso comprábamos fiambre y pan y nos íbamos a la plaza a comer porque no teníamos muchas posibilidades. Era una familia trabajadora, sin carencias, pero muy justa económicamente. No sobraba mucho.
Fabricio Lucio: Es la realidad de gran parte de la sociedad argentina que accede a la universidad pública con esfuerzo.
Ernesto Vignau: Sí, la realidad es esa.
Fabricio Lucio: ¿Y qué Olavarría viste en ese momento? Porque Azul y Olavarría siempre fueron ciudades…
Ernesto Vignau: En ese momento Azul era superior a Olavarría, era otra ciudad. Veníamos a Olavarría y nos encontrábamos con una ciudad muy pujante, siempre fue muy pujante, pero distinta.
Nos gustaba Olavarría. Siempre volvíamos los fines de semana a Azul, pero nos llamaba la atención el empuje que tenía Olavarría.
Fabricio Lucio: ¿Y cómo era la universidad en esos años?
Ernesto Vignau: Ya era facultad en ese momento. Arrancó con un edificio chico y la parte principal era muy pequeña. Íbamos al Aula Magna del Colegio Industrial para el curso de ingreso y la mayoría de las materias las teníamos ahí abajo, en el sótano del colegio. Después comenzaron a construir el edificio de la facultad. Fue una experiencia muy linda. Conocí gente muy valiosa y muchos amigos. El olavarriense es muy amigable, muy buena gente, y nos aceptó enseguida. En ese momento estaba la rivalidad entre Azul y Olavarría. Nos decíamos “uruguayos” entre nosotros, pero la realidad es que fue una experiencia muy buena.
Fabricio Lucio: ¿En qué momento empezaste a sentir que esa carrera, que era por necesidad o por las posibilidades reales, empezaba a hacerse tuya? ¿Cuándo empezaste a sentir a la ingeniería como propia?
Ernesto Vignau: Al principio me costó bastante la carrera porque hice un secundario orientado a la parte comercial. Cuando empezamos con las primeras materias, como Análisis Matemático, nunca habíamos visto nada en el secundario, a diferencia de los chicos del Colegio Industrial o Bachiller. A los de Comercial nos costaba más.
Fabricio Lucio: Porque uno imagina que cuando una carrera es elegida por las posibilidades que había, después hay que encontrar la vocación. ¿Hay algo que pasa en algún momento?
Ernesto Vignau: Yo sabía que me gustaba todo lo relacionado con la construcción. De chico acompañaba a mi viejo a las obras. Él era carpintero y a mí me gustaba. Lo ayudaba y me llamaba la atención la construcción. Cuando empecé a ver las materias más directamente relacionadas con la construcción, fue cuando me empezó a interesar y me gustó.
Fabricio Lucio: ¿Y por qué fundar Visán?
Ernesto Vignau: Me recibí y entré a trabajar en una empresa de Olavarría, la empresa Filippi. Empezamos a hacer un programa de viviendas para el Banco Provincia. Pasó aproximadamente un año y medio o dos años y entró el ingeniero Jorge Sansimoni, que era compañero de estudios mío. Después, a la empresa empezó a irle no tan bien, veíamos que nos íbamos a quedar sin trabajo y decidimos abrirnos por cuenta propia. Abrimos una oficina pequeña en la calle Brown, enfrente del Parque Mitre. Éramos Vignau y Sansimoni Sociedad de Hecho, dos ingenieros con ganas de trabajar que recorríamos las obras en una moto que teníamos entre los dos. Esto fue en 1988. Empezamos a hacer obras particulares y surgió la posibilidad, a través de un cliente, Tito Dasviña, de ingresar a competir y cotizar en la fábrica Loma Negra, con la parte de ingeniería de la fábrica. Como sociedad de hecho no era fácil cotizar ahí, tuvimos que armar una sociedad y ahí nació Visán, por Vignau y Sansimoni.
Fabricio Lucio: O sea que fue la necesidad de jerarquizar la empresa para trabajar en Loma Negra.
Ernesto Vignau: Claro, para ir a trabajar a Loma Negra. Hicimos de todo ahí. Fue el paso inicial de Visán. El empuje que nos dio trabajar en la fábrica fue muy grande. En las primeras etapas, yo tenía un Dodge 1500 y mi socio Jorge tenía un Citroën. Llevábamos a la gente en los autos hasta la puerta de Villa Alfredo Fortabat, Los Manueles, y se bajaban ahí porque no podíamos entrar con esos autos. Así fueron los inicios de Visán Ingeniería.

Fabricio Lucio: ¿Y cuánto tiempo se mantuvo esa sociedad?
Ernesto Vignau: Se mantuvo hasta 2001. Ese año tuvimos muchos problemas económicos. Teníamos muchísima obra en la fábrica L’Amalí, pero Loma Negra empezó a tener problemas con los pagos y pasó de pagar a 30 días a pagar a 180 días. Eso nos provocó un desfasaje económico enorme. Estábamos haciendo bancos en Pinamar y Mar de Ajó, una sucursal de Camuzzi en Punta Alta, y los problemas económicos nos desbordaron. Ahí me quedé yo solo con la empresa. No quería que se fundiera porque era mi sueño y mi sostén. Sigo solo con Visán Ingeniería desde 2001 hasta la fecha, con mucha ayuda de mi familia. Mi señora se había quedado sin trabajo en el Banco Olavarría un poco antes, así que vino a trabajar conmigo y pudimos remontar. El 2001 fue dificilísimo. Estábamos terminando los bancos Río en Pinamar y Mar de Ajó en pleno corralito, con la gente golpeando los cajeros automáticos afuera y nosotros explicándoles que estábamos en obra y no había plata.
Fabricio Lucio: Mencionabas trabajar en L’Amalí en ese momento. ¿Estaban haciendo trabajos en la ampliación de la nueva fábrica?
Ernesto Vignau: Sí, la fábrica nueva. Hicimos la planta de la tolva de girasol y todas las subestaciones. Trabajábamos para empresas contratistas directas como ABB o Hoesch. Éramos subsidiarios de las grandes contratistas.
Fabricio Lucio: Me quiero quedar en el anecdotario de los orígenes: la moto para recorrer obras, el empuje y la garra. ¿Recordás cuál fue la primera obra de ese par de ingenieros?
Ernesto Vignau: Creo que una de las primeras obras fue la estructura de lo que hoy es La Casa del Crédito y la estructura de los depósitos de enfrente, sobre la calle Colón. También cotizamos para la Municipalidad de Olavarría, donde no había impedimento para competir como sociedad de hecho. Arrancamos muy de abajo.
Fabricio Lucio: ¿Y el salto lo provoca Loma Negra? ¿Los hace crecer en calidad y cantidad?
Ernesto Vignau: Sí, trabajar para Loma Negra fue nuestro salto para empezar a crecer y pensar en cotizar para distintos clientes. Nos dio el empujón para hacer obras más grandes y de hormigón importante.
Fabricio Lucio: Hay obras muy importantes hechas por Visán. ¿Qué estilo o forma de trabajo hizo que la empresa se consolidara y tuviera el renombre que tiene hoy? ¿Qué valores definen esa forma de trabajar?
Ernesto Vignau: Lo que buscamos siempre es que el grupo de trabajo sea compacto y buena gente. La obra la hace el capital humano. Los ingenieros y maestros mayores de obra que han estado conmigo siempre han sido excelente gente. Siempre me acostumbré a trabajar en equipo, coordinando en reuniones cómo íbamos a trabajar. La esencia de Visán es haber sabido trabajar en equipo y haberme rodeado de gente inteligente y buena.
Fabricio Lucio: Pienso en la diferencia entre construir un banco, un anexo de hospital o una obra industrial.
Ernesto Vignau: Nosotros construíamos sobre proyectos que hacía el mismo cliente. Un banco ya venía con su pliego. Orientábamos distintos equipos de trabajo: uno para fábrica y otro para bancos. En un momento quisimos salir bastante afuera. Dos amigos de Olavarría que se fueron a vivir a La Rioja para trabajar en fábricas, me llamaron para que les hiciera la casa allá. Fuimos a hacer las casas a La Rioja, nos fue muy bien y la idea era quedarnos porque La Rioja, con Menem, estaba creciendo muchísimo con el Parque Industrial. Cotizamos obras grandes que no ganamos por muy poco. Si las hubiéramos ganado, habríamos puesto una subsidiaria en La Rioja.
Fabricio Lucio: Las casas de esos amigos, ¿las terminaste?
Ernesto Vignau: Sí, las terminamos y quedaron impecables. Aunque parezca mentira, llevamos toda la gente de Olavarría a trabajar a La Rioja, a 1.200 kilómetros: yeseros, carpinteros, plomeros y techistas. En Olavarría hay excelente mano de obra y allá no conseguíamos oficiales especializados. Llevamos hasta los muebles armados por carpinteros de Olavarría. Los riojanos se sorprendían porque allá no se hacía fino de yeso por el calor ni techos de teja, y nosotros llevamos todo el equipo de acá.
Fabricio Lucio: Pienso en lo que ha ido variando con el correr de los años en la industria de la construcción. ¿Cómo se adapta una empresa a los cambios de modas, estilos y materiales?
Ernesto Vignau: Uno se tiene que ir adaptando y estudiando. A mí me encanta la modernidad y la obra en seco. Soy un enamorado de eso, creo que vino para quedarse y se va a imponer totalmente. La obra húmeda tiene muchas complicaciones. Con mi hijo, que también es un enamorado de todo lo rápido y en seco, lo estamos usando muchísimo en la empresa.
Fabricio Lucio: Estás dejando otra puerta para indagar. De esa sociedad con Sansimoni, ¿Visán terminó siendo hoy una empresa netamente familiar? ¿Cómo trabajan en ese sentido?
Ernesto Vignau: Se sumó mi hijo durante la pandemia. Él había trabajado en una empresa grande en Buenos Aires al recibirse, luego estuvo un año y medio en Australia haciendo una experiencia de vida con su pareja y la pandemia lo trajo de casualidad. Se sumó a Visán y continúa hasta el día de hoy. Mi señora está en la parte administrativa y me ayuda mucho. Mi hija mayor, que es licenciada en Turismo, también estuvo trabajando con nosotros. En total tengo cuatro hijos: el más chico es arquitecto, Sofía es licenciada en Tecnología de Alimentos y la más grande es licenciada en Turismo. Hoy es una empresa netamente familiar, mantenida con ingenieros colaboradores, pero con concepto familiar.
Fabricio Lucio: Me interesó algo que charlamos en la previa: cuando decidiste no crear un “monstruo” de empresa grande y mantenerte como una empresa mediana. ¿Por qué esa decisión?
Ernesto Vignau: Como viví la época de 2001 y en ese momento teníamos muchísima gente y obras, esa experiencia me marcó a fuego. No quise tener tanta estructura porque cuando tenés mucha estructura necesitás muchísimo trabajo de forma constante, y la Argentina es muy variable. Es más fácil tener una estructura chica y crecer mediante subcontratistas que tener muchísima gente propia y desesperarte cuando no hay trabajo. Me gusta más la “empresa elástica”: una empresa chica, pero con capacidad de crecer y achicarse según los vaivenes de la economía argentina. El 2001 me marcó a fuego.
Fabricio Lucio: En 2001, ¿estuvieron en riesgo de cerrar?
Ernesto Vignau: Totalmente. Tengo que agradecer a mis proveedores de toda la vida que me bancaron y me dijeron que siguiera adelante. Empezaron a caerse los cheques por el desfasaje de pagos de Loma Negra. Me reuní con los bancos y con proveedores locales importantes como Bouciguez, Casas de los Cristales y otros que me dijeron: “Ernesto, seguí adelante, te vamos a bancar hasta que recuperes los cheques”. Así salimos. Fue la crisis más importante que me tocó atravesar.
Fabricio Lucio: ¿Y cuánto tardó en recomponerse la situación?
Ernesto Vignau: En 2002 o fines de 2002 y 2003 ya empezamos a encauzar nuevamente y a estar mucho mejor económicamente. Fue un cimbronazo duro, pero relativamente corto. Teníamos mucho trabajo para salir adelante: hicimos bancos en Trenque Lauquen, Daireaux y otros lugares. Sabíamos que con volumen de obra íbamos a levantar, aunque la rentabilidad fuera baja.
Fabricio Lucio: Sin politizar la pregunta, ¿qué es para vos la obra pública como empresario?
Ernesto Vignau: Para mí la obra pública es fundamental para el crecimiento de un país. Está mal vista porque en algún nivel se cree que la obra pública es todo coima o arreglos, pero en Olavarría o la zona no es así. Nos conocemos todos los empresarios, cotizamos y hay una competencia muy sana; no hay arreglos posibles a nivel municipal. Una cosa eran las grandes empresas a nivel nacional con lo que pasó, pero en Olavarría el crecimiento de la ciudad lo da la obra pública. Si a la obra pública nacional y provincial le va bien, a Olavarría le va bien.
Fabricio Lucio: ¿Sos un convencido de que el Estado tiene que hacer obra pública?
Ernesto Vignau: Sin dudas. Este es un momento bisagra y me gustaría que el Presidente cambiara su forma de ver la obra pública. Es fundamental para rutas, hospitales y escuelas; son obras que el privado no hace porque no son rentables. La obra pública es fundamental en una municipalidad, provincia o país. Soy defensor a ultranza de la obra pública.
Fabricio Lucio: ¿Qué te pasa cuando ves que se salpica con denuncias de corrupción?
Ernesto Vignau: Una cosa no tiene nada que ver con la otra. Si la obra pública está bien encaminada y controlada, no hay lugar para la corrupción.
Que paguen los que hicieron las cosas mal, pero que se haga borrón y cuenta nueva, se controle más y vuelva la obra pública.
Mueve muchísimos rubros: viviendas, escuelas y hospitales.
Fabricio Lucio: En los distintos municipios donde trabajaste —Las Flores, Rauch, Azul, Tandil, Olavarría—, ¿te encontraste con esa misma transparencia?
Ernesto Vignau: Sí, nunca puedo decir nada malo. En todos los municipios vi transparencia.
A nivel municipal las obras son más chicas, nos conocemos todos y es mucho más sencillo de controlar.
La paralización actual de la obra pública afecta a toda la cadena: a las canteras de Olavarría, las cementeras, el impuesto a la piedra y los recursos municipales.

Fabricio Lucio: Cuando ves una obra hecha por tu empresa, ¿qué sentís?
Ernesto Vignau: Siento orgullo. Por ejemplo, cuando me dicen que el edificio de Gastroenterología del Hospital Municipal de Olavarría está impecable, me llena de orgullo.
Fue una obra muy importante que atravesó la pandemia, pero quedó excelente y ayuda mucho a la comunidad.
Fabricio Lucio: Además del Hospital, hay mucho de Visán en la estructura de Olavarría.
Ernesto Vignau: Hicimos la mitad del Campus Universitario de Olavarría, Ingeniería de Unicen, el campus de Tandil, Agronomía y Derecho en Azul, la Facultad de Abogacía acá, obras para Camuzzi, Cablevisión, Banco Crédito, Banco Francés, estaciones de servicio y otras.
Uno va caminando por la ciudad y siente orgullo.
Fabricio Lucio: ¿Cómo está la mano de obra olavarriense y cómo se sostiene cuando hay poco trabajo?
Ernesto Vignau: La mano de obra de Olavarría es excelente, muy jerarquizada. Mantenemos a nuestro equipo de años porque sin ellos no somos nada. La construcción es un trabajo en equipo entre el profesional y el operario.
Hoy cuesta un poco la formación de los jóvenes porque quieren todo inmediato y rápido, como la obra en seco. Me gustaría que hubiera más cursos de formación por parte de los sindicatos y becas municipales para que la gente joven pueda capacitarse.
Fabricio Lucio: ¿Cómo ha sido y es tu relación con la UOCRA?
Ernesto Vignau: Es un sindicato polémico para la opinión pública, pero yo jamás he tenido un solo problema, ni con la conducción anterior ni con la actual.
Siempre nos manejamos correctamente con los recibos de sueldo e insumos en regla, y la relación es excelente.
Fabricio Lucio: ¿Y con los distintos intendentes que te tocó trabajar en Olavarría?
Ernesto Vignau: Comenzamos trabajando en la gestión de Helios Eseverri. Mi experiencia con Helios fue genial. Para mí era un estadista y un señor con todas las letras. Aparecía por las obras con Margarita Arregui y sabía perfectamente cada detalle de lo que se estaba haciendo. Tenía la ciudad en la cabeza. Después, con José Eseverri, mantuvimos esa misma línea y comodidad; también con Ezequiel Galli y con Maximiliano Wesner. Siempre tratamos la obra pública con la misma responsabilidad y calidad que una obra privada.
Fabricio Lucio: En la construcción tenés que pensar a largo plazo. ¿Creés que las sociedades actuales han dejado de pensar a largo plazo?
Ernesto Vignau: Sí, se vive en la inmediatez y el apuro, lo cual es una lástima. Olavarría es una ciudad extremadamente pujante y con un empuje que no se ve en muchos lados, pero hay que volver a proyectar a largo plazo.
Fabricio Lucio: ¿Entre los empresarios del rubro tienen tiempo de juntarse y conversar?
Ernesto Vignau: En su momento nos juntábamos mucho a comer asados entre contratistas de Loma Negra. Últimamente no tanto porque estamos muy abocados a mantener las empresas en marcha en épocas difíciles. Sin embargo, nos conocemos todos, somos amigos y respetuosos, más allá de competir en las licitaciones.
Fabricio Lucio: ¿En qué momento de tu vida te encuentra hoy liderar Visán?
Ernesto Vignau: Me encuentra en un buen momento, con más tranquilidad para analizar las cosas. La incorporación de mi hijo le suma un empuje joven muy importante a la empresa. Trabajamos totalmente en equipo, salimos a recorrer las obras y debatimos juntos cada decisión.
Fabricio Lucio: En estos tiempos de cambio de alta inflación a una supuesta baja inflación, ¿en qué escenario te sentís más cómodo trabajando?
Ernesto Vignau: A mí me encanta trabajar sin inflación. Trabajar con inflación es dificilísimo porque cotizás a un precio y a los meses la obra vale el doble. Las redeterminaciones nunca alcanzan a cubrir el desfasaje. Hoy la rentabilidad es baja, pero estamos más tranquilos sin los sobresaltos de la alta inflación.

Fabricio Lucio: Con la presencia de tu hijo, ¿están pensando en innovar o generar nuevos proyectos?
Ernesto Vignau: Sí, estamos encarando emprendimientos inmobiliarios propios, como la construcción de edificios para comercialización. También realizamos otras actividades de diversificación, como un complejo de canchas de fútbol 6 y la construcción de un complejo de pádel.
Fabricio Lucio: Para cerrar, ¿qué es para vos “conversar”?
Ernesto Vignau: Conversar significa intercambio de opiniones, escuchar al otro y lograr un crecimiento personal. Para mí, conversar es saber escucharse.
Fabricio Lucio: Parafraseando a Eduardo Galeano, que decía que “ojalá” es una de las palabras más lindas porque nos proyecta, ¿ojalá qué, Ernesto?
Ernesto Vignau: Ojalá crezcamos como sociedad. Ojalá que la gente pueda vivir un poco mejor, llegar a fin de mes con más facilidad, que podamos educar a nuestros hijos con tranquilidad y que todo el mundo tenga acceso a la salud, a la educación y a un plato de comida.