DE FORMA Y FONDO

Por Marta Casanella

Hace unos días una mujer me indico que, si pretendía ser coherente con mis dichos, debía dejar de decirles alumnos a los alumnos. Porque etimológicamente, significa “ sin luz”. Y eso me pondría en lugar de iluminada que no me corresponde.
Si bien el argumento era bueno, me quedo una molestia dando vueltas. En la misma semana, otra iluminada infundada indico que no debíamos volver a nombrar nunca jamás al verbo como tal dentro de un aula.
Ya proscripto el verbo, que ahora se llama acción, proceso o estado, me tentó llamarlo “ General depuesto” como a Perón.
Un amigo lucido, de esos que mágicamente a mi me sobran, agrego un buen ejemplo ironizando acerca de lo bien que nos sentíamos llamando “ pueblos originarios” a los otrora indios. Pero que si no les devolvíamos sus tierras, podíamos bien meternos este animo nomenclador o taxonómico en donde no nos de el Sol .
De un tiempo a esta parte , los deseos de recuperar lo perdido, nos ha llevado a renombrar todo lo que se nos cruce.
Mujeres buscando el genero femenino para recuperar siglos de abusos.
La lengua ya no es tal, así, muerta. Ahora se llama practicas del Lenguaje, lo que pretende revivirla y ponerla en uso.
A la Presidenta, no le dicen ni siquiera Cristina sino yegua. Y a la Lengua la practican los privilegiados que han nacido en el lugar correcto en el tiempo adecuado.
Que los cambios de nombre , sean un punto de partida para los cambios profundos que necesitamos. Hoy tendemos peligrosamente a interpretarlos como puntos de llegada. La forma no modifica necesariamente el fondo, puede ser solo una miserable deformación.
Y debería ser tarea de los intelectuales, tan amigos de las definiciones brillantes, mover sus elegantes asentaderas de sus cómodos sillones burgueses.

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