Nuestra Señora Del Valle


Por: Las Misioneras de la Inmaculada, Padre Kolbe

Las festividades de Nuestra Señora del Valle se realizan el segundo sábado después de Pascua y el 8 de diciembre porque está considerada como la Inmaculada Concepción, es asimismo patrona de la diócesis de Añatuya en Santiago del Estero.

            La aparición de Nuestra Señora del Valle tuvo lugar entre 1618 y 1620, en una gruta de Choya, provincia de Catamarca, donde habitaban españoles y los pobladores originarios, que vivían de la labranza y el pastoreo. Un atardecer, un peón al servicio de don Manuel de Salazar, oyó voces y pisadas, vio a un grupo de muchachas que caminaban, con cierto temor de ser descubiertas, llevaban lamparitas y flores de la montaña. Al amanecer del día siguiente siguió sus huellas, subió la quebrada, en una pendiente había un nicho de piedra muy bien disimulado, al fondo se encontraba una imagen de la Santísima Virgen María, pequeña, de rostro moreno, muy hermosa.

            Los pobladores temían que Salazar se la llevara, se reunieron para defender su tesoro. Aquella imagen, morena como sus rostros, pequeña y humilde como sus vidas, los hacía dichosos. Les brindaba esperanza y alegría, no permitirían que se la llevaran.

            Salazar comprobó que no había nada de pagano en aquella devoción, intentó convencerlos para llevar la imagen al pueblo, los pobladores no quisieron y montaron guardia delante de la imagen. Finalmente, al ver que la imagen sonreía y reflejaba una luz en la mirada, consintieron el traslado. Desde un altar improvisado en la casa de Salazar, empezó a obrar prodigios.  La Virgen, que añoraba a sus descubridores, regresó a la gruta primitiva. La llevaron de regreso nuevamente a la casa de Salazar, varias veces tuvieron que ir a la gruta de Choya, a “capturar a la fugitiva”.

            Fueron varios los templos construidos en su honor. En la ciudad de Catamarca en la Catedral Basílica, su santuario atrae a miles de peregrinos, hijos fieles que buscan amor y consuelo.

            En la fiesta de Nuestra Señora del Valle, la ‘Morenita del Valle’ llegan los peregrinos del interior y de otras provincias, rostros que demuestran esfuerzo y sacrificio, rostros cargados de lágrimas cuando contemplan a la Madre después de un largo camino, donde nada pudo ante el deseo de llegar a sus pies, para depositar los ruegos, las angustias, los pesares y darle gracias por tantas alegrías y bendiciones recibidas. Llegan a su presencia, unos con el sabor amargo de sus lágrimas, otros con el pesado ropaje de sus dolores; pero todos animados con la esperanza de obtener su intercesión materna ante su Hijo Divino.

            Honremos a ésta Madre, que hoy bajo la advocación de Nuestra Señora del Valle, nos sostiene en nuestras cruces, subiendo y acompañándonos en cada calvario. Como Madre de Dios y de los hombres, en sus múltiples advocaciones, recorre el universo prodigando bondades, pero con singular gracia y exquisita fineza las prodigó y las prodiga en el Valle de Catamarca.

Las festividades marianas de este año se desarrollan en un contexto especial, al conmemorarse el 135° aniversario de la Coronación Pontificia de la Virgen del Valle y el Año Jubilar Diocesano por el bicentenario del nacimiento de fray Mamerto Esquiú, bajo el lema “Con María y el Beato Esquiú, mensajeros de la paz”, con la propuesta de una reflexión centrada en la fe, la unidad y el compromiso cristiano y una oración especial por la paz del mundo, en sintonía con el pedido del Papa León XIV, en comunión con la Iglesia en Argentina.

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