¡Y pasaron las fiestas!

 

Opinión / Carlos Verucchi / En Línea Noticias (Twitter: @carlos_verucchi)

Y pasaron las fiestas nomás, con esa mezcla de alegría forzada a pesar del agotamiento extremo al que sometemos nuestra psiquis y nuestro cuerpo. Y hasta nuestro hígado, claro.

Hay algo de misterioso en la espera del año nuevo. Esas horas del atardecer del 31 nos imponen una tensión excesiva y al mismo tiempo saludable. Excesiva porque desgastan y cansan, agotan, pero por otro lado dan esperanzas.

Ingenuamente o no, seguimos creyendo en el milagro. Para muchos, la única manera de resistir, de no claudicar. Con el año nuevo se renuevan los sueños, las esperanzas, se va todo lo tóxico del año anterior.

Nos aferramos al año nuevo como un condenado a muerte a la biblia. Brindamos, esperamos que sean las 12 de la noche de pie y sólo con el pie derecho apoyado en el suelo, buscamos a nuestros seres queridos para abrazarlos, para llorar juntos por dolores compartidos, para recordar juntos a los que ya no están porque se fueron.

Soy enemigo de esa moda que surgió hace unos años y que consiste en utilizar pirotecnia para recibir el año nuevo. Aunque al mismo tiempo entiendo a quienes se revelan y desobedecen y se las ingenian para conseguir esos petardos que hacen explotar cuando el reloj marca las 12. También es una forma de revelarse y de resistir, de expresar malestar, de querer imponerse, de hacerse ver, de tratar de hacerle saber al resto que también están, que existen, que también sueñan con que el año nuevo cambie su suerte. Que los astros, o las fuerzas del cielo se acuerden de ellos, que también necesitan buena suerte, que también necesitan ayuda, que también necesitan que el cielo los lleve a alguna parte. Y por eso se gastan lo poco que tienen en pirotecnia, es la última apuesta que les queda, la única chance de que la suerte se dé vuelta.

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