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Opinión / Una de cal y una de arena

Contradicciones de una Argentina vacilante

 

El argentino Juan Martín Maldacena obtuvo esta semana un importante reconocimiento por sus aportes en el campo de la Física. Unas pocas horas después el Gobierno anunció un nuevo recorte al presupuesto universitario.


Carlos Verucchi / En Línea Noticias ([email protected])

 

La comunidad científica argentina se vio alborotada esta semana ante la noticia del premio otorgado a Juan Martín Maldacena. El físico de 50 años nacido en Buenos Aires obtuvo la Medalla Lorentz por su innovador trabajo en física teórica. Premio que, en muchas oportunidades, ha constituido un paso previo a la obtención del Nobel.

Muchos consideran que semejante galardón no constituye un premio a la ciencia nacional dado que Maldacena ha desarrollado buena parte de su carrera como científico en el exterior. Sin embargo, es muy poco probable que dicha carrera hubiera podido desarrollarse si en nuestro país no existieran instituciones como la UBA o el Instituto Balseiro, centros de investigación altamente reconocidos donde el físico dio sus primeros pasos y obtuvo la base de su formación.

Paradójicamente, el día siguiente de otorgado el premio, el Gobierno Nacional incurrió en uno de sus repetidos y pacientes recortes al presupuesto universitario. Recorte que, sumado a los infligidos recientemente al CONICET y otros organismos de ciencia y tecnología, deja en evidencia un claro desdén, por parte de los gobernantes actuales, respecto al desarrollo científico y tecnológico.

Resulta al menos sorprendente, cuando no absurdo, que en el año 2018 todavía se ponga en tela de juicio la clara relación que existe entre el desarrollo científico y tecnológico de un país y su potencial capacidad de crecimiento económico. Las pruebas en relación a esta sociedad virtuosa entre Estado y Ciencia y Técnica son más que evidentes. Los últimos países que han logrado industrializarse y subirse al tren del primer mundo lo han hecho a fuerza de inversión en educación e incentivo a las actividades científicas.

Nuestro país, que hasta los años 60 no tuvo competencia en Latinoamérica en relación a las capacidades científicas y tecnológicas, se ve hoy superado por países como Brasil y Chile (nuestros competidores más cercanos). No sólo por el desarrollo industrial actual sino por las posibilidades potenciales que se abren a partir de una mayor producción de artículos científicos publicados o patentes desarrolladas.

Muchos historiadores coinciden en que aquella era dorada de la ciencia argentina, que se desbarrancó durante el gobierno de Onganía por razones menos académicas que políticas, fue consecuencia de la Reforma Universitaria de 1918. La Reforma permitió que sectores marginales de la sociedad accedieran a las  universidades y sentó las bases de la tan mentada “movilidad social”, motor del crecimiento del país durante el Siglo XX. Muchos de los científicos más destacados que dio el país durante ese período no hubieran tenido, sin la Reforma, la menor chance de acceder al terreno de la investigación.

En el año del centenario de aquella Reforma Universitaria, resulta imprescindible rescatar uno de sus valores más esenciales: la condición de garantía de futuro, el rol de herramienta de crecimiento, la concreción de un ámbito donde no existan límites para el desarrollo individual y colectivo.

Si pensamos en Maldacena todo haría suponer que para eso tenemos materia prima suficiente.

 

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