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Planetas triangulares

Hoy, domingo 19, a las 19,30 hs. se presentará en el museo Dámaso Arce el libro “Juglares en el apeirógono (Poesía como puentes colgantes”, de Bruno Fitte y con ilustraciones de Daniel Fitte.


Libros / Carlos Verucchi / En Línea Noticias (Twitter: @carlos_verucchi)

Resulta sorprendente y hasta paradójico que Euclides, quien creó un sistema (un modelo) para explicar el mundo tangible, para ubicarnos en el espacio, para permitirnos poner con tranquilidad los pies sobre la tierra, haya dejado al mismo tiempo una pequeña puerta abierta hacia lo inverosímil y lo indefinido.

Porque si hay algo que caracteriza al modelo euclidiano es justamente la negación de cualquier ambigüedad, su temor a lo indefinido, su obsesión por lo estrictamente comprobable con una regla y un compás. Sin embargo, en la definición de apeirógono se esconde la sospecha de que en el fondo, Euclides descreía del universo tan pulcro y racional que describe su geometría. Me remito a Wikipedia: “En la geometría euclidiana, un apeirógono es un polígono degenerado con un infinito número de lados. Como cualquier polígono, es una secuencia de segmentos y ángulos. Pero así como un polígono ordinario tiene fin ya que es un circuito cerrado, un apeirógono puede no tener fin pues no es posible recorrer el infinito número de lados necesarios para llegar al final en ambas direcciones”.

En otras palabras, un apeirógono se construye a partir de un concepto irracional, la repetición incesante de un determinado patrón, el absurdo concepto de infinito, el tedio fractal de lo que no tiene principio ni fin.

Bruno Fitte, biólogo y poeta sierrabayense con debilidad por la flauta traversa y el mate amargo, se vale del concepto de apeirógono para desarrollar su arte poético. En “Juglares en el apeirógono (Poesía como puentes colgantes)”, publicado recientemente por Editorial Malisia, Fitte desarrolla una propuesta sumamente original en la que resume su amor por las letras, por la biología, la geometría y también cierta rebeldía que lo lleva a barrer con cuanta regla se le cruce.

No hay, en el texto de Bruno Fitte, ninguna atadura con las convenciones. La puntuación de sus versos o fragmentos cortos no respeta concepciones preestablecidas. Hay, además, una evidente inclinación a utilizar palabras que no son de uso frecuente, palabras que a veces se enfilan cacofónicamente o rayan la repetición incesante y fatigosa, hay un esfuerzo por romper con una adjetivación formal y prolija y, como si fuera poco, asume el riesgo de entrar de lleno en el famoso lenguaje inclusivo que los escritores profesionales hasta ahora desestiman y que la Real Academia detesta.

Tal como afirma en el prólogo Daniel Fitte, padre de Bruno y además autor de los dibujos que acompañan cada texto, adentrarse en “Juglares en el apeirógono” es una invitación para salir a jugar, para volver a ver el mundo con la capacidad que tienen los niños para no dejarse llevar por concepciones formales, para no dejarse amedrentar por los límites que impone la razón, para romper con esa geometría euclidiana tan rigurosa y consistente que nos abruma a los adultos.

Dije al pasar que los textos están acompañados de dibujos. Pido disculpas por el burdo error: los textos de Bruno Fitte y los grabados de Daniel Fitte se complementan de manera armoniosa. Los dibujos (que para ser más precisos debemos decir que están desarrollados con la técnica de aguados en tinta) ofrecen una posible interpretación de los textos y los textos nos acercan a los dibujos. No es posible determinar si los últimos se inspiraron en los primeros o al revés, y en eso justamente radica el valor de la obra conjunta, moldeada a dos manos, construía a partir de dos concepciones artísticas diferidas pero perfectamente sincronizadas, complementadas por esa afinidad que sólo se logra con alguien que conocemos de toda la vida.

Mi primer acercamiento al autor, debo confesar, fue a través del viejo y famoso artilugio de leer la solapa del libro. En un primer momento no supe si seguir buscando antecedentes de Bruno Fitte en catálogos de poemarios y antologías poéticas o en sitios como Google Académico. A su inclinación literaria, Fitte la complementa con una pasión por la Ciencias Naturales, disciplina en la que se ha doctorado y en la que continúa sus investigaciones. Investigaciones que, según me sopla Scopus (no puedo con mi genio), son realmente relevantes.

Una obra más que se suma a la efervescencia literaria local de estos últimos tiempos, una obra más que desde acá, modestamente, nos complace recomendar. Una invitación a jugar que no podemos rechazar de ningún modo.

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