Colonia Nievas rescató su historia en una nueva jornada del Ciclo Literario «Pueblos de Olavarría»
Imagenes: Mauricio Latorre
En la tarde del sábado, el Salón del Club Juventud Unida de Colonia Nievas fue el escenario del tercer encuentro del Ciclo Literario «Pueblos de Olavarría», una jornada cargada de emotividad donde la memoria colectiva fue la protagonista absoluta. El evento contó con la participación central de Mingo Jacobo, nativo del lugar, quien presentó junto a Osvaldo Bugliese el libro «Colonia Nievas Alemanes del Volga – Relatos de su Historia». Jacobo recordó con precisión sus raíces al decir: «Yo soy nativo de acá, nací el 14 de julio de 1952; mamá siempre contaba que alrededor de la iglesia parecía que había nevado por la helada tan fuerte que había caído el día que me trajeron del hospital». Sobre la vida en la colonia, destacó el valor de la escucha a los mayores, mencionando a su amigo Santiago Smith, quien «había venido de Rusia en 1914 con 15 años y se acordaba mucho de las veredas del Volga». Jacobo describió la esencia del pueblo como una estructura de apoyo mutuo: «Había mucha solidaridad, mucho ayudarse unos con otros; Colonia Nievas era una familia grande, se contaban sus cosas buenas y sus cosas malas». No obstante, también recordó las carencias de la época: «A mi hermano Atilio y a mí nos tocó trabajar por la comida; era un plato menos en casa y nos conformábamos con eso porque sabíamos que todas las familias eran pobres». Además, rememoró las costumbres religiosas y sociales, señalando que «antes de la misa era la reunión de los hombres en el atrio; se entusiasmaban tanto charlando que una mujer tenía que salir a decirles que ya empezaba el oficio», y explicó que, ante el aislamiento del lugar, «las mujeres recurrían muchas veces a la medicina casera o a las curanderas porque esto estaba retirado de todo».
Por su parte, Maribel García aportó una perspectiva histórica profunda a través de su obra «Historias y Personajes de Colonia Nievas» y el valioso testimonio de Ernestina «Tina» Rucker. García compartió pasajes del cuaderno de Rucker, donde se explica la razón fundamental de la inmigración: «De Rusia tenemos que irnos, tenemos que ser soldados 10 años, no queremos ser militares; por eso tenemos que viajar». Tina describía en sus escritos una vida de sacrificio constante: «Nunca nos faltó nada, pero trabajando a brazos partidos; se hacía la quinta, el pan, se ordeñaba y se hacía manteca». La identidad cultural se mantuvo férrea a través del idioma y la música, tal como recordaba Rucker: «La familia nuestra era toda alemán, no sabíamos en castellano; con los abuelos era todo hablar en alemán». La alegría, sin embargo, no faltaba en la colonia: «Mi papá tocaba el serrucho con un palito, era alegría; terminaban sus trabajos y había música, cada uno tocaba sus instrumentos». Complementando esta visión, Osvaldo Bugliese subrayó la importancia de haber plasmado estos relatos en papel antes de que fuera tarde: «Tuvimos que aprovechar a la gente que puede contar algo, porque después no están más y todo eso se pierde; uno la historia la conoce a través de los autores, pero de primera mano es otra cosa». El encuentro, que incluyó la exposición de Claudio Marcos sobre «El Tedinés» y el cierre musical de Juan Banegas, marcó un hito en la preservación de la identidad local, anticipando el cierre del ciclo para el próximo domingo 17 de mayo en la Casa del Bicentenario.


















