Adviento: “un camino hacia Belén”

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El tiempo de Adviento, que quiere decir “venida” son las cuatro semanas
de preparación para la Navidad, desde el domingo más cercano a la fiesta de
San Andrés Apóstol, el 30 de noviembre. Dice el Catecismo de la Iglesia
Católica que: “Al celebrar anualmente la liturgia de Adviento, la Iglesia actualiza
esta espera del Mesías: participando en la larga preparación de la primera
venida del Salvador, los fieles renuevan el ardiente deseo de su segunda
Venida (Ap. 22, 17). Celebrando la natividad y el martirio del Precursor, la
Iglesia se une al deseo de éste: «Es preciso que él crezca y que yo disminuya».
Es un tiempo de preparación para celebrar la Encarnación de Jesús,
preparación del corazón para acercarse más al Señor, para dar espacio a una
profunda espiritualidad que nos permita meditar este misterio del Dios
encarnado en el vientre de la mujer más pura y santa de todos los tiempos,
pasados y futuros. Es bueno destinar tiempo a rezar, leer las Sagradas
Escrituras, preparar verdaderamente el corazón, acceder al Sacramento de la
Confesión, participar de la Misa, adorar la Eucaristía y reflexionar acerca de la
santidad con la que debemos prepararnos para recibir al Señor, no es un
tiempo de penitencia, pero es bueno poner la mirada en Jesús mediante la
oración, la limosna y el sacrificio.
Uno de los símbolos del Adviento es la corona en la cual el primer
domingo se enciende una vela violeta; adicionalmente el segundo domingo se
enciende una segunda vela violeta; el tercero la vela rosa, y el cuarto otra vela
violeta, con lo cual estarán las cuatro velas encendidas. Estos colores
coinciden con la vestimenta de cada una de esas semanas: violeta, penitencia;
rosa, alegría. La vela blanca central se enciende en Nochebuena.
En palabras del Papa Benedicto XVI «En el Adviento el pueblo cristiano
revive un doble movimiento del espíritu: por una parte, eleva su mirada hacia la
meta final de su peregrinación en la historia, que es la vuelta gloriosa del Señor
Jesús; por otra, recordando con emoción su nacimiento en Belén, se arrodilla
ante el pesebre».
El Papa Francisco definía el Adviento como “un camino hacia Belén” y
nos pedía que nos dejáramos “atraer por la luz del Dios hecho hombre. Jesús
quiere liberarlos de las angustias presentes y de las falsas convicciones,
indicando cómo estar prevenidos en el corazón, como leer los eventos a partir
del proyecto de Dios, que actúa la salvación también dentro de las
circunstancias más dramáticas de la historia. Por esto Jesús nos sugiere dirigir
la mirada hacia el Cielo para entender las cosas de la tierra. Que sus
corazones no se apesadumbren. Todos nosotros, en tantos momentos de la
vida, nos preguntamos: cómo hacer para tener un corazón “ligero”, ¿un
corazón despierto, libre? ¿Un corazón que no se deja aplastar por la tristeza?
La tristeza es fea… Es fea. De hecho, puede pasar que las ansias, los miedos
y los afanes por nuestra vida personal o por todo lo que hoy acontece en el
mundo, pesen como rocas sobre nosotros y nos empujen al desánimo. Si las
preocupaciones cargan al corazón y nos inducen a encerrarnos en nosotros
mismos, Jesús nos invita en cambio a levantar la cabeza, a confiar en su amor
que nos quiere salvar y que se hace cercano en cada situación de nuestra

existencia, a hacerle espacio para volver a encontrar la esperanza”. (Ángelus
1°-12-24).
Colaboración de las Misioneras de la Inmaculada, Padre Kolbe

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