Nuestra Señora de los Dolores


Por Horacio Robirosa, Voluntario de la Inmaculada Padre Kolbe, Olavarría.

El 14 de septiembre se celebra la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, al pie de la cruz de Jesús estaba María, su Madre por eso al día siguiente celebramos a Nuestra Señora de los Dolores. Es la más universal de todas las advocaciones de la Virgen, no está vinculada a una aparición, sino que recuerda los dolores que sufrió la Madre de Jesús. En este día acompañamos a María en su experiencia de un muy profundo dolor, se conmemoran los siete dolores de la Virgen relatados en el Evangelio y contemplados en los misterios del Santo Rosario: la profecía de Simeón; la persecución de Herodes y la huida a Egipto; Jesús perdido en el Templo por tres días; el encuentro con Jesús en el camino del Calvario; la Crucifixión y Muerte de Jesús; Jesús bajado de la Cruz y entregado a su Madre y la sepultura de Jesús.

          Dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “María es la orante perfecta, figura de la Iglesia. Cuando le rezamos, nos adherimos con Ella al designio del Padre, que envía a su Hijo para salvar a todos los hombres. Como el discípulo amado, acogemos a la madre de Jesús, hecha madre de todos los vivientes. Podemos orar con Ella y a Ella. La oración de la Iglesia está sostenida por la oración de María. Le está unida en la esperanza.” (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2.679)

          La Regla de san Benito expresa: “También en el dolor, María es el modelo de perseverancia en la doctrina evangélica al participar en los sufrimientos de Cristo con paciencia” (cf. Regla de san Benito, Prólogo 50). Y San Alberto Magno afirma: “Así como tenemos que estar agradecidos a Jesús por su Pasión, sufrida por amor nuestro, así también tenemos que estar llenos de gratitud hacia María Santísima por el martirio que, al morir su Hijo, quiso soportar voluntariamente para salvarnos.”

          Acerca de María al pie de la cruz dijo el Papa Francisco: «María nos enseña que el dolor, vivido con fe, se convierte en puerta de resurrección. Al pie de la cruz, María junto con Juan, es testigo de las palabras de perdón que salen de la boca de Jesús. Dirijamos a Ella la antigua y siempre nueva oración del Salve Regina, para que nunca se canse de volver a nosotros sus ojos misericordiosos y nos haga dignos de contemplar el rostro de la misericordia, su Hijo Jesús.” Asimismo, en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium afirmó: “En ese crucial instante… las palabras de Jesús al borde de la muerte no expresan primeramente una preocupación piadosa hacia su madre, sino son una fórmula de revelación que manifiesta el misterio de una especial misión salvífica. Ella es la del corazón abierto por la espada, que comprende todas las penas. Como madre de todos es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia.”

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