Un azuleño discípulo de Favaloro lidera en un hospital público la cirugía más compleja para tratar la hipertensión pulmonar crónica


Marcelo Nahín, cirujano cardiovascular nacido en Azul y formado junto a René Favaloro, dirige en el Hospital El Cruce de Florencio Varela el único programa público de tromboendarterectomía pulmonar de la Argentina, una intervención de extrema complejidad que puede ser curativa para pacientes con hipertensión pulmonar tromboembólica crónica.

La cirugía se realiza en apenas unos pocos centros del mundo y requiere un procedimiento que lleva al paciente a una temperatura corporal de 18 grados, detiene temporalmente la circulación y permite a los cirujanos intervenir directamente sobre las arterias pulmonares para retirar los trombos organizados que las obstruyen.

El programa que conduce Nahín reúne a un equipo de unos 30 profesionales y ya permitió operar a 62 pacientes en El Cruce durante la última década, además de otros seis intervenidos por el cirujano en el Hospital Británico.

La enfermedad que se busca tratar es la hipertensión pulmonar tromboembólica crónica (HPTC), una consecuencia de embolias pulmonares en la que los trombos no desaparecen y terminan obstruyendo las arterias. Uno de sus principales síntomas es la falta de aire progresiva, aunque muchas veces los pacientes atraviesan durante años una verdadera odisea diagnóstica y son tratados por asma, EPOC o incluso trastornos de ansiedad.

Nahín advierte que la dificultad para reconocer la enfermedad tiene consecuencias concretas. En la Argentina se estiman alrededor de 5.000 personas con tromboembolismo pulmonar crónico que podrían permanecer sin diagnóstico, mientras que apenas se realizan unas 15 tromboendarterectomías pulmonares por año.

No es sencillo llegar a su diagnóstico y todos los pacientes sufren lo que se llama la odisea diagnóstica porque pululan por médicos que no dan en la tecla”, explicó el especialista.

La operación comienza con la utilización de circulación extracorpórea y el enfriamiento progresivo del organismo. Al alcanzar los 18 grados se detiene el corazón y se interrumpe temporalmente la circulación para que el equipo pueda trabajar sobre las arterias pulmonares.

La complejidad de la cirugía reside en que hay que enfriar el cuerpo del paciente, bajarlo a 18 grados de temperatura y llevarlo a una hipotermia profunda. Una vez lograda, se detiene el corazón, se le extrae toda la sangre del cuerpo, que de acuerdo a la contextura son entre cuatro y cinco litros. Luego se le coloca un casco de hielo y se operan las arterias”, describió Nahín.

Por su complejidad, la intervención requiere una enorme especialización y concentración de experiencia. En cada procedimiento participan unos 30 profesionales, diez de ellos dentro del quirófano: tres cirujanos, un anestesiólogo, dos técnicos, un perfusionista, dos instrumentadores, un técnico de rayos y otro de hemoterapia.

El especialista sostiene que la cirugía puede cambiar completamente el pronóstico de los pacientes correctamente seleccionados. “Estamos hablando de la operación más difícil de las cirugías cardiovasculares”, afirmó, y remarcó que, frente a esta enfermedad, considera que la cirugía debe ser la primera alternativa porque puede resultar curativa.

La historia de Nahín también está atravesada por su vínculo con René Favaloro. Ingresó por concurso a la Fundación Favaloro en 1997, donde fue jefe de residentes y compartió los últimos tres años de vida del reconocido cirujano argentino.

Compartí los tres últimos años de vida con mi admirado René Favaloro. Hablaba todos los días con él, ya que yo era jefe de residentes y debía saber las historias clínicas de los pacientes que se operaban cada día”, recordó.

Durante aquella etapa fue segundo ayudante de Favaloro en distintas cirugías y en algunas oportunidades ocupó el lugar de primer ayudante. De esa formación conserva una premisa que, según explicó, sigue guiando su práctica profesional: “No hay otra prioridad más importante que el paciente, es decir que el único protagonista del acto médico es el paciente y no hay que anteponer ningún interés propio por encima suyo”.

Nahín lleva tres décadas como médico y 25 años como cirujano. Su formación incluyó nueve años de posgrado y otros dos de subespecialización para poder realizar este tipo de intervenciones.

El origen de muchos de los casos que llegan a esta instancia puede ser inesperado. El especialista señala que una parte importante de las trombosis venosas y embolias pulmonares aparece durante internaciones por otras causas y advierte sobre la importancia de una adecuada prevención.

Incluso relató casos en los que una situación aparentemente menor terminó derivando en una enfermedad de enorme gravedad. “Tengo dos pacientes operados de tromboendarterectomía pulmonar por un esguince de tobillo”, contó.

Uno de esos casos comenzó cuando una paciente pisó una baldosa floja en la calle. El episodio derivó en una trombosis y posteriormente en una embolia pulmonar que terminó requiriendo una tromboendarterectomía.

La magnitud del problema contrasta con la baja cantidad de intervenciones que se realizan. Según los datos aportados por Nahín, en Argentina se producen unos 750 nuevos casos de embolia pulmonar crónica por año y alrededor de 400 pacientes podrían ser candidatos a la cirugía. Sin embargo, se realizan aproximadamente 15 procedimientos anuales.

La no detección de estos pacientes, con el efecto acumulativo de estos últimos años, nos hace proyectar que en Argentina hay unos 5.000 enfermos que andan por la vida con disnea y TEP crónico, y se los etiqueta con el diagnóstico erróneo de asma o EPOC”, sostuvo.

Uno de los pacientes que atravesó ese camino es Walter Rodríguez, un cantante y emprendedor de 60 años de Berisso. En 2022 sufrió una fractura de brazo después de intervenir para separar a su perro del ataque de otro animal. Durante la internación desarrolló una trombosis en una pierna y una embolia pulmonar. Luego de una nueva embolia en 2023 quedó con una enfermedad crónica que le impedía llevar adelante su vida habitual.

Subsistí, no tuve vida porque podía hacer muy poco por la falta constante de aire. Como cantante no podía tener presentaciones porque después de los 20 minutos sentía taquicardia y la cabeza me explotaba”, relató.

En abril de este año fue operado en El Cruce por el equipo encabezado por Nahín. Días después comenzó a caminar nuevamente y llegó a cantar dos tangos en el hall del hospital.

Todavía estoy en la etapa de recuperación, pero me siento bien, no tengo esos síntomas de ahogo que tenía antes”, contó.

Para Nahín, cada operación también implica una preparación personal que comienza mucho antes de ingresar al quirófano. Las intervenciones pueden extenderse entre diez y doce horas y requieren una concentración extrema.

El programa del Hospital El Cruce representa así una posibilidad concreta para pacientes que, pese a padecer una enfermedad potencialmente curable mediante cirugía, pueden pasar años sin acceder al diagnóstico adecuado. Y detrás de esa tarea está un médico azuleño cuya formación quedó marcada por los últimos años de René Favaloro y por una idea que convirtió en principio de trabajo: el paciente como único protagonista del acto médico.

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