Solemnidad del Corpus Christi

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“Todos los años, la solemnidad de Corpus Christi nos invita a renovar el asombro
y la alegría de este maravilloso regalo del Señor, que es la Eucaristía” así se expresaba el
papa Francisco. Y San Maximiliano Kolbe evidenciaba la importancia de Su Presencia:
«Dios vive entre nosotros, en el Santo Sacramento del altar.» El origen de esta fiesta
surgió durante el siglo XIII. En la Abadía de Cornillón, su priora, santa Juliana, tenía gran
devoción por el Santísimo Sacramento. Un día obtuvo permiso para hacer una
celebración especial en su honor que pronto se extendió a toda Alemania. Así, la primera
celebración del Corpus tuvo lugar en 1246 en la ciudad de Lieja, en la actual Bélgica. El
papa Urbano IV instituyó la fiesta del Corpus en 1264 se través de la bula Transitururs de
hoc mundo, donde se establecía que se celebrara el jueves después de la octava de
Pentecostés,
San Francisco de Asís expresaba su amor y adoración ante el Santísimo
Sacramento y decía: «En este mundo, no veo al Altísimo Hijo de Dios, pero sí a Su
Santísimo Cuerpo y Sangre”. Y, Santa Clara de Asís explicaba el sentido de la adoración
invitándonos: “Míralo, medita y trata de imitarlo.”
La Eucaristía es la “fuente y culmen de la vida cristiana” (Concilio Vaticano II,
Lumen gentium, 11). En la Eucaristía, Jesús mismo vuelve a presentar Su Sacrificio en el
Calvario (Lc 22,19-20; 1 Cor 11,26-29) para beneficio nuestro y se nos da en la Santa
Comunión (Ex 16,4; Jn 6,1-14, 48-51), y se queda con nosotros hasta el fin de los tiempos
(Lc 24,13-35; Mt 28,18-20). El Catecismo en su párrafo 1380 dice: «La Iglesia y el mundo
tienen una gran necesidad del culto eucarístico. Jesús nos espera en este sacramento del
amor. No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración, en la contemplación
llena de fe y abierta a reparar las faltas graves y delitos del mundo. No cese nunca
nuestra adoración.» (CIC, 1380).
En ocasión de esta celebración -(2021)- el papa Francisco nos invitaba a: “renovar
la fe eucarística y a dejarnos transformar por Cristo al recibirlo La Eucaristía es Jesús
mismo que se dona por entero a nosotros“ Dios se hace pequeño como un pedazo de pan
y justamente por eso es necesario un corazón grande para poder reconocerlo, adorarlo y
acogerlo: “La presencia de Dios es tan humilde, escondida, en ocasiones invisible, que
para ser reconocida necesita de un corazón preparado, despierto y acogedor”.
Necesitamos “ensanchar el corazón”, “salir de la pequeña habitación de nuestro yo y
entrar en el gran espacio del estupor y la adoración”.
¡Que no falte la adoración ni tampoco la Comunión espiritual que nos une a Jesús
Eucaristía cuando no podemos acercarnos a recibirlo! Para lo cual contamos con la
oración de San Alfonso María de Ligorio: “Jesús mío, creo que estás realmente presente
en el Santísimo Sacramento. Te amo sobre todas las cosas, y deseo recibirte en mi alma.
Ya que en este momento no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos
espiritualmente a mi corazón. Y como si te hubiera recibido, te abrazo y me uno todo a Ti.
No permitas que jamás me separe de Ti. Amen”.

(*) Angélica Diez, Misionera de la Inmaculada Padre Kolbe, Olavarría.

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