Una obra, un nombre y una lección de liderazgo
Escribe: Einar Iguerategui – Ex concejal
La discusión que se ha generado en torno al nombre que debería llevar el puente de las avenidas Colón y Pringles me parece una buena oportunidad para reflexionar sobre algo que, en mi caso, excede absolutamente la cuestión de qué nombre finalmente se elija.

No pretendo entrar en ese debate ni pronunciarme sobre cuál debería ser la denominación. Pero esta discusión me llevó muchos años atrás, al año 1999 en la que apenas tenía 14 años y, casi sin saberlo, comenzaba a tener mis primeros acercamientos a la política.
En aquellos años tuve que realizar un trabajo escolar sobre el puente y, particularmente, sobre la decisión política que había llevado a su construcción. Fue, de alguna manera, mi primer acercamiento a la figura de Helios Eseverri, sin conocerlo personalmente y sin tener todavía demasiadas herramientas para comprender la dimensión de las decisiones políticas que estaba estudiando.
Todos conocemos lo que sucedió y generó aquella decisión. Con el tiempo entendí que aquella obra no había sido una decisión sencilla ni una decisión que hubiera generado unanimidad. Como ocurrió con tantas otras decisiones importantes que tomó Helios Eseverri durante sus gestiones, la construcción del puente estuvo acompañada por críticas mediáticas, por cuestionamientos de importantes sectores de la oposición y también por sectores de la propia sociedad que no compartían la decisión o no alcanzaban a dimensionar su importancia.
Y ahí aparece, quizás, la enseñanza que más me quedó de aquella primera aproximación a la política.
Porque gobernar no siempre significa hacer aquello que en un determinado momento resulta más fácil, más popular o menos discutido. A veces significa tomar una decisión, sostenerla y asumir el costo político de hacerlo porque se tiene la convicción de que es lo que la ciudad necesita.
Eso es lo que, con los años, aprendí a reconocer en Helios Eseverri: liderazgo político, convicción y, fundamentalmente, visión de futuro.
No se trata de idealizar cada una de sus decisiones ni de afirmar que todo lo que hizo fue necesariamente acertado. Se trata de reconocer una cualidad que no siempre abunda en la política: la capacidad de mirar más allá de la coyuntura y tomar decisiones pensando en la ciudad que se quiere construir, incluso cuando una parte importante de la sociedad todavía no logra ver ese futuro.
Más allá del nombre que finalmente decida el Concejo Deliberante, ojalá quienes hoy tienen la responsabilidad de llevar adelante este debate puedan aprovechar la oportunidad para rescatar algo que considero todavía más importante que la denominación que tendrá el puente.
Que una ciudad también se construye a partir de dirigentes capaces de tener una mirada de largo plazo. Dirigentes que puedan interpretar las necesidades del presente, pero que al mismo tiempo tengan la valentía de imaginar el futuro y tomar las decisiones necesarias para alcanzarlo.
Ese trabajo escolar, sin proponérselo, me demostró que el liderazgo político no consiste solamente en administrar lo que tenemos, sino también en animarse a construir aquello que todavía no existe.
Quizás ese sea el verdadero legado que esta discusión sobre el nombre del puente nos permita recuperar.
Porque antes de discutir cómo se llama una obra, vale la pena recordar que alguna vez hubo un Intendente llamado Helios Eseverri que tuvo la decisión, la convicción y la visión para hacerla posible.