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Tercera ola de Covid-19: ¿Contar casos sigue teniendo relevancia social?

El análisis semanal de Sergio Di Pino.


Escribe: Sergio Di Pino

Por la cantidad de contagios, la tercera ola ya se parece a un tsunami. En sintonía con lo que sucede en el resto del país, Olavarría registró un crecimiento exponencial de los casos de Covid-19 y batió todos los récords durante la última semana. 

Las cifras actuales superaron los 3000 casos activos y alcanzaron un promedio semanal de cerca de 300 positivos – con un pico absoluto de 526 infectados y 63% de positividad relevados el último miércoles-.  Los registros, se ubicaron muy por encima del promedio máximo de 1200 casos activos y 142 casos diarios de media, identificados en la etapa más compleja de la segunda ola (abril de 2021).

Sin embargo, esa situación no tiene correlato con la cantidad de olavarrienses internados a causa de la enfermedad. Para trazar un comparativo, hoy no hay pacientes internados en UTI y solo dos personas se encuentran en Cuidados Generales del Hospital Municipal “Dr. Héctor Cura” .

A comienzos de abril de 2021, en cambio, el promedio de enfermos que ingresaban a Terapia Intensiva por Covid-19 oscilaba entre las 10 y 18 personas. Lo propio ocurría en Cuidados Generales, con un promedio de más de 20 pacientes que ocupaban camas en el nosocomio y que, junto a los ingresados por otro tipo de enfermedades, dejaban al centro de salud al borde de un colapso sanitario.

Si se comparan los índices de fallecidos, los números son aún más elocuentes. Hasta el momento, la tercera ola registra un único deceso (0,03% de letalidad) contra el 2,01% que arrojaba el mismo indicador en la etapa más dramática de la segunda ola.

Caputo recorre el Hospital.

El conjunto de estos datos preliminares, muestran una realidad epidemiológica diferente a la que conocimos hasta ahora. Una nueva instancia, caracterizada por el mayor nivel de contagiosidad de las nuevas variantes pero con una sintomatología mucho más leve, producto del avance de la campaña de vacunación.

En ese sentido, el propio secretario de Salud municipal, Germán Caputo, no dudó en afirmar que en Olavarría ya circula la variante Ómicron (pese a que aún no está documentada) y caracterizó el cuadro clínico de los afectados como una afección suave: “fiebre muy leve, molestia en la garganta y sudoración nocturna” graficó. En tanto, afirmó que los síntomas “duran entre 24 y 30 horas y luego el paciente se recupera muy bien” explicó.

Sin embargo, no hay que dejar de advertir que en el caso de los no vacunados (o personas con esquemas incompletos), el brote de la enfermedad puede traer complicaciones generales a futuro. De no incrementarse el número de ciudadanos con ambas dosis, la situación podría derivar en un paulatino incremento en los niveles de internación que altere las situaciones anteriormente descriptas.

Por ello, resulta fundamental que esas personas completen esquemas y se avance con los refuerzos de las terceras dosis. La clave es evitar que la situación hospitalaria se complejice y el sistema vuelva a tensionarse.

En ese sentido, también sería importante que el Municipio tome la decisión política de establecer una mayor rigurosidad en la implementación del pase sanitario en lugares públicos. A modo de ejemplo, ciudades como Trenque Lauquen, Tres Arroyos, Rojas o Carlos Casares ya lo solicitan para ingresar a los edificios comunales.  Estas restricciones para actividades de la vida cotidiana, podrían incentivar la vacunación en quienes aún se niegan a inocularse o a aplicarse la segunda dosis de protección.

Sería importante que el Municipio tome la decisión política de establecer una mayor rigurosidad en la implementación del pase sanitario

Pero volvamos al planteo inicial. La coyuntura actual muestra una enorme saturación en los centros de testeos de todo el país y en los lugares para la atención primaria de la salud. Estos factores,  parecen haber sido decisivos en la determinación del gobierno nacional de autorizar el uso de los testeos rápidos o autotest que estarán a la venta en las farmacias a partir de los próximos quince días.

En la provincia de Buenos Aires, el ministro de Salud, Nicolás Kreplak, puso algunas reservas. Entre ellas, marcó  que el método de testeo individual “genera varios problemas” en cuanto a la interpretación de los datos que hagan los ciudadanos y las dificultades de que exista un reporte individual al sistema, pero finalmente admitió que la medida “tiene lógica para este momento de la pandemia”. Y a nivel municipal, Germán Caputo se mostró a favor de su incorporación: “El autotest es la clave, lo estamos esperando. Es algo que en el resto del mundo se hace” sostuvo.

Esta situación de saturación en los centros de testeos- con el correlato del cansancio laboral para el personal de salud-  también fue, de alguna manera, reflejada a nivel local por la médica del Hospital Silvina De la Torre, en un posteo que generó una fuerte polémica en las redes sociales: “Si tenés síntomas aíslate. Dejá de hisoparte al pedo” señaló, sin muchas vueltas.

La foto de largas filas para realizar hisopados en Olavarría, mostró un sistema híper- tensionado. Cabe preguntarse, en ese marco, si no es tiempo de diversificar las estrategias y enfocar los esfuerzos comunicacionales en sensibilizar a la población para que únicamente vayan a testearse los grupos prioritarios. Por ahora, es algo que a nivel local no ha sido planteado con suficiente potencia, más allá de alguna gacetilla en el portal comunal.

Ante esta coyuntura, varios distritos de la provincia han reforzado los mensajes en base a los nuevos criterios recomendados para los testeos. El objetivo: descomprimir las largas filas en los lugares donde se efectúan las pruebas. 

Uno de los puntos que han buscado robustecer estas comunas, es la aplicación directa del criterio clínico de positividad para contactos estrechos con síntomas (no es necesario el hisopado). Tampoco se recomienda testear a los ciudadanos que son contactos estrechos y no presentan síntomas. En ese caso, lo sugerido es un aislamiento por cinco días (con esquema de vacunación completo) y de diez días (esquema de vacunación incompleta).

En cambio, se sugiere realizar el hisopado a las personas con síntomas compatibles al Covid-19 pero sin ser contacto estrecho de un caso positivo o en el caso de aquellos vecinos mayores de 60 años o con factores de riesgo (sean o no contacto estrecho). Tampoco se requiere un test para obtener el alta epidemiológica, pasados los días de aislamiento correspondientes.

Otra medida que podría ayudar a descomprimir la demanda, es la posibilidad de abrir otros centros de testeos itinerantes en las localidades o barrios (sujeto a los recursos humanos disponibles y a los topes de análisis diario del laboratorio) como ya lo hicieron distritos como Tandil y Azul.

Otra medida sería abrir centros de testeos itinerantes.

Ante este diagnóstico situacional,  también se abre un nuevo debate en torno a la interpretación de los datos relevados y, especialmente, sobre el modo de su comunicación y consumo por parte de la sociedad. Si la precisión sobre la cantidad de contagios no condice con la gravedad de la pandemia y son cada vez más difíciles de contabilizar las cifras reales (asintomáticos, personas que no van a realizarse los hisopados o directamente ni dan aviso de sus síntomas) ¿tiene sentido machacar sobre la cifra diaria de contagios?

A nivel nacional, la periodista científica Nora Bar reveló el día 4 de enero – cuando los casos pasaron la barrera de los 80 casos diarios- un dato que grafica lo que estamos exponiendo en esta columna: “Si se tiene en cuenta el subregistro por asintomáticos y los que no consultan ni se hacen el test, más de 80.000 casos notificados pueden rondar entre 400.000 y 800.000 contagios reales en un día” advirtió. A todas luces, existen serias dificultades para reconstruir la verdadera trazabilidad de los casos.

¿Tiene sentido machacar sobre la cifra diaria de contagios?

Sobre este punto, es necesario aclarar que la reflexión apunta a la cuestión de la comunicación de los datos a la comunidad – en tanto configurador de sentidos sociales preferentes-  y no en función de su importancia para la toma de decisiones sanitarias.

Una vez iniciado el aumento de casos, el Municipio retornó la divulgación de los informes diarios. Y lo hizo bajo los mismos criterios que utilizó en los primeros tramos de la pandemia (algo que también se reitera a nivel nacional y provincial).  Si bien es entendible la medida adoptada, en función de la transparencia, quizás sea necesario detenerse en cómo estos dispositivos configuran esquemas de interpretación.

En otras palabras: ¿Los números diarios de los contagios son aún el factor excluyente del análisis? De la forma que son expuestos, ¿los datos de las internaciones no quedan en un segundo plano respecto al de los contagios? ¿Qué finalidad tiene la reproducción automática de los números de contagiados en los medios de comunicación sin una mínima interpretación analítica? ¿Qué sentido tiene para los ciudadanos mantener el mismo patrón de lectura de los datos como medida de tranquilidad o de alarma social?

Al protagonizar un cruce en las redes con el diputado nacional Cristian Ritondo, el ministro bonaerense de Salud, Nicolás Kreplak, se sinceró: “Hoy los casos son leves, no van a cambiar la conducta. Por eso, nos guiamos por las internaciones” sostuvo.

Cabe preguntarnos, si no es tiempo de empezar a trabajar en un nuevo “contrato de lectura” acorde a los nuevos desafíos que nos plantea la pandemia.

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